lunes, 18 de marzo de 2013
Cómo los datos cambian la forma de hacer negocios
jueves, 1 de diciembre de 2011
Exceso de información: ¿La búsqueda de datos sobre el consumidor ha ido demasiado lejos?
martes, 23 de agosto de 2011
El reto de los grandes volúmenes de datos

Por Erica Naone
Científicos de alto nivel de empresas como Google y Yahoo se reúnen junto a destacados académicos en la 17 conferencia sobre el Descubrimiento de Conocimientos y la Extracción de Datos (KDD, por sus siglas en inglés) de la Asociación para la Maquinaria de Computación (ACM, también por sus siglas en inglés) en San Diego, EE.UU., esta semana. Presentarán las últimas técnicas para capturar información entre la avalancha de datos producidos hoy día y para dar sentido a una información que nos llega en una variedad de formas más amplia que nunca.
Hace veinte años, los únicos que se preocupaban por los llamados 'grandes volúmenes de datos' (big data, en inglés), los únicos que poseían enormes conjuntos de datos y la motivación para tratar de procesarlos, eran los miembros de la comunidad científica, señala Usama Fayyad, presidente ejecutivo del Grupo de Interés Especial en el Descubrimiento de Conocimientos y Extracción de Datos de la ACM y exdirector de datos de Yahoo. Incluso entonces, los resultados de la extracción de datos eran impresionantes. "Éramos capaces de resolver importantes problemas científicos a los que se había enfrentado el campo durante más de 30 años", señala Fayyad.
El crecimiento explosivo de Internet, sin embargo, cambió todo. Tanto si les gustaba como si no, las empresas se encontraron trabajando en línea y acumulando enormes volúmenes de datos sobre los clientes y su comportamiento. A medida que el poder de la extracción de esa inormación se hizo evidente, también lo hicieron las motivaciones económicas para invertir en el campo, según asegura Fayyad.
Netflix, por ejemplo, ofreció un premio de un millón de dólares (695 mil euros) a cualquier equipo que pudiera extraer su información sobre los usuarios y crear un sistema de recomendación más preciso que el que tenía. Ejemplos de alto perfil como este sólo representan la superficie de las aplicaciones para la extracción de datos.
"Las compañías y la industria están cada vez más interesadas en utilizar los datos que capturan a través de los procesos empresariales", afirma Chid Apte, director de investigación de análisis de IBM y presidente de la conferencia. En particular, señala la atención médica, los medios sociales y todo lo que se lleve a cabo en la red.
En estos días, los gigantes de Internet hacen negocio con la información que recogen sobre los usuarios y los conocimientos que obtienen de la extracción. Los vendedores pueden acceder a complejos patrones de comportamiento de los compradores para ayudarles a proveer suministros a sus tiendas con más rentabilidad. Los investigadores de la industria pueden predecir los patrones de tráfico de vehículos en función de la congestión, el clima y la época del año, y ofrecer las mejores rutas.
Los datos actuales, sin embargo, no tienen la apariencia familiar de una base de datos. "La información no nos llega de forma limpia y tabular", afirma Apte. "Nos llega en forma de red". A menudo la obtenemos en forma de gráfico -explica- como los utilizados por los medios sociales. Estos gráficos suelen registrar no sólo las complejas conexiones entre los nodos, sino también otros tipos de información en diversos formatos, tales como los videos, imágenes y comentarios que la gente publica en las redes sociales.
Puede que los medios sociales hayan iniciado la tendencia hacia el análisis de estos gráficos, según explica Apte, aunque los datos de la red también provienen de otras fuentes (por ejemplo, de complejos sistemas de ingeniería tales como la red de energía eléctrica, los sistemas de distribución de agua y los sistemas de gestión del tráfico). Las redes de sensores distribuidos en estos sistemas producen conjuntos de datos en los que las conexiones entre las localizaciones son tan importantes como la amistad entre los individuos dentro de una red social.
En opinión de Apte, entender este tipo de conexiones es la clave para la optimización de los sistemas y para hacerlos sostenibles. Po eso -prosigue- la gente lleva trabajando con gráficos de datos desde hace cientos de años, aunque los gráficos actuales se trazan a partir de redes sociales o redes de sensores de una escala sin precedentes. "Son gráficos gigantescos", asegura. "Estamos hablando de millones de nodos y decenas de millones de enlaces".
Tratar con gráficos de ese tamaño y alcance, y aplicar modernas herramientas de análisis, hace necesaria la creación de mejores algoritmos y otras innovaciones. Apte afirma que uno de los objetivos de la conferencia es llevar técnicas avanzadas del mundo académico y los laboratorios de investigación a la atención de las empresas, para que puedan aplicarlas de manera más rápida. Al mismo tiempo, según esperan los organizadores de la conferencia, los académicos tendrán una idea de los retos empresariales que necesitan ser abordados con más urgencia.
Fayyad opina que el intenso interés comercial en los datos ha cambiado el campo de la extracción de datos. Los científicos -afirma- se ocupaban principalmente de datos almacenados de forma ordenada y estructurada. No obstante, la mayoría de los datos que las empresas están produciendo actualmente forman un caos no estructurado. "Si bien habían mejorado bastante a la hora de evitar esas cosas, las empresas tenían que hacerles frente", explica Fayyad. "Hizo que las empresas comenzaran a desarrollar técnicas que nadie había intentado jamás".
Sin duda, aún hay retos por superar. De todas formas, según Fayyad, "las personas son capaces de crear muchos más modelos predictivos y, mejor aún, clasificarlos para ver qué tal funcionan... Se requiere un análisis a un nivel realmente más allá de la comprensión del cerebro humano".
Copyright Technology Review 2011.
lunes, 1 de agosto de 2011
Piedra de Toque: Más información, menos conocimiento, por Mario Vargas Llosa
Más información, menos conocimiento
Por: Mario Vargas Llosa
Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.
Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.
Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.
Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.
Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall McLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. McLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.
Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.
No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?
No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.
Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer La Guerra y la Paz o el Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?
La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.
Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que –para qué engañarnos– no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.
viernes, 27 de mayo de 2011
El reto de controlar una gran cantidad de datos en la red inteligente

Redes inteligentes: La "red inteligente" será un caso de estudio en la gestión de datos. Las compañías eléctricas recibirán una gran cantidad de información en tiempo real desde los hogares, empresas, centrales eléctricas y las infraestructuras de transmisión, tales como esta subestación.
Fuente: OSHA
Por Lee Gomes
El promedio de compañía eléctrica de gran tamaño está formado por una extensa red repleta de energía, pero que sorprendentemente contiene pocos datos sobre dicha energía. Los gerentes de las compañías eléctricas no pueden "observar" con profundidad las miles de subestaciones y unidades de relé que componen la red eléctrica. Algunas empresas todavía se enteran de un corte eléctrico en un barrio no porque aparezca en cualquiera de sus sofisticados equipos de control, sino porque los clientes llaman por teléfono y se quejan de que se ha ido la luz.
Esta escasez de información en tiempo real es uno de los retos que las compañías eléctricas y los proveedores de TI están tratando de solucionar mediante un esfuerzo de modernización conocido como la "red inteligente". Una vez que las compañías y los consumidores dispongan de información más precisa sobre el uso de energía, tanto el suministro de energía como la demanda se podrán gestionar de manera más eficiente. Por ejemplo, los consumidores podrían ser aconsejados para trasladar una parte del consumo de electricidad a las horas no punta, lo que reduciría la necesidad de activar plantas de energía más sucias y más caras en las horas punta.
Pero antes de que esto pueda ocurrir de forma generalizada, las compañías necesitan prepararse para una avalancha de datos—algo que otras industrias ya han hecho. El reto de la mejora de los sistemas de TI en consecuencia es una de las razones por las que la red inteligente está "en pañales", señala Donald Kintner Jr., portavoz del Instituto de Investigación de Energía Eléctrica, patrocinado por compañías eléctricas.
"Lo que las empresas de energía están a punto de experimentar no es simplemente una duplicación o triplicación de la cantidad de datos que van a obtener", afirma Jeff Taft, que trabaja para la iniciativa de red inteligente dentro de Cisco Systems, la empresa de redes. "En su lugar, va a darse un aumento de múltiples órdenes de magnitud. La industria lo sabe y poco a poco va haciendo la transición. Sin embargo la energía es una de esas áreas donde no se puede simplemente quitar todo y empezar de nuevo".
Un desafío adicional para las empresas es que ejecutan sus operaciones de control central en una combinación de sistemas informáticos antiguos, la mayoría de los cuales no se pueden comunicar entre sí.
"He estado en salas de control donde los operadores tienen que sentarse en sillas giratorias y controlar seis monitores diferentes para que todo funcione", afirma Glenn Booth, jefe de marketing de Green Energy, que ofrece software de gestión de red de próxima generación. "Estamos hablando de nuestra red nacional de energía, y esta no es la forma en que deberían estar funcionando las cosas".
Es relativamente fácil equipar una casa con un "contador inteligente" que pueda generar datos segundo a segundo acerca del uso de energía en la casa. Sin embargo, dado que la mayoría de las compañías eléctricas no poseen los sistemas informáticos para transmitir o almacenar estos datos, aquellos que ya han instalado contadores inteligentes generalmente "miran" los medidores individuales sólo una vez al día, para no acabar abrumados con datos que no pueden manejar.
Pacific Gas & Electric, la compañía principal en el norte de California, posee contadores inteligentes en el 80 por ciento de los hogares que sirve y espera tenerlos en todos los hogares el próximo año. Sin embargo, para hacer pleno uso de los nuevos datos, según un portavoz de PG & E, Greg Pargo, la empresa necesitará "complejos motores de procesamiento de eventos" que se encuentran todavía en proceso de desarrollo.
Copyright Technology Review 2011.
martes, 3 de mayo de 2011
El análisis de datos está creando nuevas oportunidades de negocio

La explosión de las herramientas de análisis de datos está siendo impulsada por una verdad económica fundamental: el hundimiento del coste de las tecnologías de memoria. El término "Disco de empresa" se refiere a las unidades de almacenamiento de gran tamaño utilizadas en los centros de datos.
Fuente: Credit Suisse and Gartner
Por Lee Gomes (*)
Sentarse en la cubierta superior izquierda para ver el partido de béisbol de los San Francisco Giants el 11 de mayo le costaría ocho dólares si usted hubiese comprado el ticket a finales de abril. Sin embargo, si quisiese el mismo ticket para el partido del 21 de mayo, usted tendría que pagar 45,50 dólares.
Las capacidades del software finalmente se han encontrado con lo que los revendedores siempre han sabido: los precios de los tickets deberían depender de la demanda. Con la ayuda de un sistema de análisis de datos de Qcue, una compañía de Austin, Texas, los Giants han adoptado la fijación dinámica de precios, lo que permite cambiar los precios de los tickets dependiendo de las circunstancias que afectan a la demanda—incluso hasta el último minuto. El sistema cuantificó hasta qué punto tenían que bajar los precios con el fin de llenar todos los asientos en un partido celebrado un miércoles por la noche contra los mediocres Arizona Diamondbacks, y cuánto más estaría dispuesta a pagar la gente por un partido un sábado por la tarde contra los rivales de los Giants: los Oakland A's.
La organización de los Giants señala que la fijación dinámica de precios ha logrado un aumento del 6 por ciento en los ingresos por venta de entradas el año pasado, por encima de lo que el equipo podía haber esperado de una temporada ganadora que culminó en una victoria de la Serie Mundial. De hecho, los Giants están experimentando con otras versiones de fijación dinámica de precios, como el uso de datos meteorológicos para determinar el precio óptimo para la cerveza.
Es sólo un ejemplo de una nueva generación de tecnologías de análisis de bases de datos y datos que ofrecen a las empresas nuevas formas de alcanzar y—según esperan—complacer a sus clientes. Esta es la gran idea que vamos a explorar a lo largo de mayo en Business Impact.
Las bases de datos son tan antiguas como los ordenadores y han formado parte del corazón de las operaciones de la mayoría de las empresas durante décadas, aunque durante los últimos años hemos asistido a avances significativos tanto en el hardware y el software involucrados. Los grupos de datos son cada vez más grandes, y los métodos de análisis se están haciendo mucho más rápidos.
Es por eso que los precios dinámicos están pasando más allá de la industria de las aerolíneas y sus ordenadores centrales. Sin embargo, aún cuando el análisis se puede hacer hoy día usando hardware menos sofisticado, es capaz de funcionar en situaciones más complejas que un estadio de béisbol, que puede tener miles de asientos en múltiples niveles de precios. Debido a esta potencia mejorada para el análisis de muchas clases de datos, cada vez más empresas tienden a tratar de utilizar dicha potencia para conseguir mejorar sus operaciones, desde atraer y mantener a clientes hasta averiguar qué nuevos productos introducir y a qué precio.
Estas nuevas tecnologías todavía no tienen un nombre pegadizo, como por ejemplo el uso de la palabra "nube" para la computación centralizada. A veces se les llama "Big Data", aunque ese término es aplicable sólo a algunos de los cambios en curso. Su magnitud fue resumida en un informe publicado en marzo por un equipo de analistas de Credit Suisse, que afirmaban que el mundo de las TI "se sitúa en la cúspide de la revolución más importante en las arquitecturas de bases de datos y aplicaciones en 20 años".
Grandes empresas de tecnología como IBM, Oracle y Hewlett-Packard han gastado miles de millones de dólares en adquirir empresas que ofrecen análisis de negocio y tecnologías de bases de datos. Las startups relacionadas con los datos también están en aumento en Silicon Valley; la mayoría de las grandes firmas de capital riesgo tienen ahora un socio especializado en ese campo. Los datos que se analizan ni siquiera tienen que venir en forma de registros de transacciones u otras cifras. Por ejemplo, CalmSea, una startup formada en 2009 por varios veteranos de la industria de los datos, vende un producto que permite a los minoristas recabar información útil procedente de la enorme cantidad de información sobre ellos en las redes sociales. Los minoristas podrían decidir lanzar ofertas especiales para sus clientes leales, o lanzar esfuerzos de marketing bien diseñados en respuesta a los cambios en el sentimiento público.
Las grandes empresas de consultoría también están aumentando sus prácticas relacionadas con los datos. "Existe una gran cantidad de datos nuevos hay ahí fuera", señaló Brian McCarthy, director de estrategia para el análisis en Accenture. "Las compañías están tratando de encontrar la manera de extraer valor de todo el ruido".
Todo esto es posible gracias a dos ramas tecnológicas distintas.
* Las herramientas de base de datos y análisis de negocio tradicionales están siendo rediseñadas para que no tengan que almacenar datos en una unidad de disco tradicional. En su lugar, pueden funcionar en su totalidad en la memoria de un ordenador—la que no está en una unidad independiente, sino conectada al corazón de la máquina. Este enfoque "en memoria" (“in-memory”) habría sido prohibitivo hace unos años pero ahora es factible debido a la continua disminución de los precios de la memoria flash, la misma tecnología de estado sólido utilizada en los teléfonos móviles y reproductores de música.
Las operaciones dentro de la memoria de estado sólido de un ordenador van más rápido que las que necesitan acceder a las piezas móviles de una unidad de disco, a veces por un factor de 100. Como resultado, el software de base de datos recibe un aumento de rendimiento inmediato.
Sin embargo también existen muchas otras ventajas menos evidentes. Steve Graves, director general de McObject, que vende una base de datos en memoria, afirma que el software de base de datos tradicional por lo general intenta reducir al mínimo el uso del disco, así como mejorar el rendimiento. Esas líneas de código simplemente se pueden omitir en una versión en memoria del programa, por lo que el rendimiento es aún más ágil.
Otra de las ventajas de los sistemas en memoria es que simplifican una serie de tareas complejas y que consumen mucho tiempo, y que ahora deben suceder antes de que los datos almacenados a efectos contables se puedan utilizar para analizar las operaciones de una empresa. Este trabajo generalmente se asigna al ya de por sí sobrecargado departamento de TI de la empresa, creando un embotellamiento para aquellos departamentos que traten de hacer un buen uso de los datos corporativos. El cofundador de SAP Hasso Plattner se muestra tan entusiasta acerca de la búsqueda de nuevas herramientas de datos en memoria que ha co-escrito un libro sobre el tema.
* La otra novedad significativa dentro del campo de los datos consiste en el ensamblaje de unidades tradicionales de disco en configuraciones antes impensables. Gran parte de este trabajo fue realizado por primera vez en Google, en conexión por sus esfuerzos por indexar toda la web. Sin embargo, desde aquel entonces han sido desarrolladas versiones públicas de muchas de esas herramientas, al estilo Linux, por la comunidad de código abierto.
La más conocida es Hadoop, un enfoque de almacenamiento de datos a gran escala utilizado por un número creciente de empresas. El mayor cluster conocido de Hadoop es un sistema de 25 petabytes de 2.000 máquinas en Facebook. (Un petabyte son mil terabytes, o un 1 seguido de 15 ceros). Se cree que Google opera clusters aún más grandes, aunque la compañía no discute el asunto.
Estos dos planteamientos arquitectónicos de bases de datos—en memoria y a mega-escala—están siendo mejorados por los cambios en el software de base de datos.
Las bases de datos tradicionales fueron diseñadas para facilitar "transacciones", tales como la actualización de una cuenta bancaria cuando se hace un retiro del cajero automático. Tienden a ser rígidamente estructuradas, con campos bien definidos; la base de datos para un departamento de nóminas probablemente incluya campos para el nombre de un empleado, su número de Seguro Social, el estado de la declaración de impuestos, y cosas similares. Las preguntas que usted puede preguntar acerca de los datos están limitadas por los campos en los que se introdujeron los datos en primer lugar. Por el contrario, los nuevos enfoques tienen una forma más indulgente de manipulación de datos "no estructurados", como el contenido de una página web. Como resultado, los usuarios pueden hacer preguntas en las que podrían no haber siquiera pensado cuando establecieron la base de datos por primera vez.
Estos dos nuevos enfoques en cuanto a los datos tienen algo en común: aprovechar los nuevos conocimientos algorítmicos. Un ejemplo es "noSQL", un nuevo enfoque, del tipo ‘menos es más’, dentro de las consultas de bases de datos; en aras de la rapidez, prescinde de muchas de las funciones menos utilizadas del Structured Query Language, un estándar de base de datos usado desde hace tiempo. Otro ejemplo son las bases de datos "columnares", basadas en investigaciones que muestran que el software de datos se ejecuta con mayor rapidez cuando la información es, en efecto, almacenada en columnas en lugar de filas.
Obviamente, algunas enormes propiedades web como Google o Facebook necesitan nuevos enfoques de base de datos. Sin embargo los vendedores de tecnología de datos también se jactan de historias de éxito que poco o nada tienen que ver con la web.
Por ejemplo, un sistema en memoria llamado HANA, creado por SAP, permite a la compañía de herramientas eléctricas Hilti obtener información de los clientes para sus equipos de ventas en unos pocos segundos, en lugar de las varias horas que requiere su software de almacenamiento de datos tradicional. Esto proporciona al personal de ventas ideas prácticamente instantáneas acerca de las operaciones de un cliente y el historial de pedidos.
Circle of Blue, una organización no lucrativa dedicada al estudio de problemáticas mundiales relacionadas con el agua, está a punto de utilizar los productos en memoria de QlikTech para agregar masas de datos para un complejo estudio de los Grandes Lagos, afirma su director ejecutivo J. Carl Ganter.
Los proveedores de servicios financieros están utilizando sistemas Hadoop de una empresa llamada Cloudera en sus esfuerzos de detección de fraudes, básicamente añadiendo toda la información que pueden recabar en un intento por encontrar nuevos métodos por los que sus redes de pagos podrían ser objeto de abusos.
Un denominador común es que los nuevos sistemas hacen a las bases de datos tan rápidas y sencillas que las empresas siempre empiezan a encontrar nuevos usos para ellas. Un gran minorista, por ejemplo, podría comenzar a llevar un registro de cada movimiento de ratón y clic de todos los visitantes de su sitio, con el objetivo de encontrar nuevas ideas acerca de las opciones del cliente.
Y a medida que las empresas ven caer en picado el coste del almacenamiento de datos, ajustan sus nociones sobre la cantidad de datos que necesitan mantener. Los petabytes de almacenamiento han dejado de ser sólo propiedad de Google.
(*) Lee Gomes, escritor en San Francisco, ha cubierto Silicon Valley durante 20 años. Durante gran parte de ese tiempo ha sido reportero del Wall Street Journal.
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