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lunes, 20 de agosto de 2012

¿Podrán adaptarse los gigantes japoneses?

TOKIO—Los endoscopios, las baterías para autos y los bombillos de luz no tienen el mismo atractivo que los televisores ultradelgados, las elegantes computadoras tipo tableta y los sistemas de videojuegos.
Los fabricantes de electrónicos de Japón quieren seguir en el rubro de los aparatos, sólo que apuntando un poco menos al consumidor. Presionadas por sus recientes problemas, que han culminado en pérdidas anuales inusitadas y cambios en la cúpula ejecutiva, Sony Corp., Panasonic Corp. y Sharp Corp. tratan de reinventarse. Panasonic y Sharp incursionan en la energía verde y Sony ha dado un salto hacia los aparatos médicos.
El sector de electrónicos fue un pilar de la expansión japonesa de la posguerra al producir televisores, equipos de audio y otros dispositivos tecnológicos para el mercado masivo. Sin embargo, la supervivencia a largo plazo de las compañías niponas dependerá de su capacidad para escapar de la encarnizada competencia en el mercado de electrónicos de consumo, donde los márgenes son cada vez menores.
Toshiyuki Aizawa/Bloomberg News
Un hombre camina entre paneles solares fabricados por Sharp Corp.
La transición de la tecnología análoga a la digital —que reemplazó el Walkman con el iPod y los televisores de tubo con los de pantalla plana— facilitó la producción de bienes de forma uniforme con partes de terceros, lo que redujo la importancia de la destreza manufacturera que transformó a Japón en una potencia del sector. Como resultado, el hardware pasó a ser una materia prima que necesitaba ser mejorada por un software elegante o servicios atractivos, áreas en las que las firmas japonesas no han podido sobresalir.
"Nadie está ganando dinero con los televisores, así que Panasonic está tratando de cambiar de un negocio orientado a lo audiovisual y los electrodomésticos a uno interempresarial", dijo en enero su presidente de la junta, Fumio Ohtsubo, ante un grupo de periodistas. En ese entonces era presidente, pero en junio fue reemplazado y asumió la presidencia de la junta.
La salud y la energía encajan a la perfección con estas empresas al tomar en cuenta los limitados recursos naturales de Japón y el rápido envejecimiento de su población. A medida que se acumulaban las pérdidas en los últimos años, las empresas buscaron crecer en estos sectores para reducir su dependencia de los electrónicos de consumo.
Pese a su promesa, estos nuevos segmentos podrían conducir a los mismos problemas de siempre: una multitud de compañías japonesas que se abalanza sobre un mismo sector. La abundancia de competidores reduce los precios y reduce la rentabilidad, lo que dificulta la proyección global de cualquier empresa.
Sólo en Japón, al menos siete empresas, incluyendo Sharp y Panasonic, venden paneles solares; por lo menos cinco grandes compañías están desarrollando baterías recargables para vehículos eléctricos y la mayoría de los fabricantes de cámaras o electrónicos tiene en la mira el mercado de salud.
Los fabricantes japoneses también se amontonan en el negocio de reemplazar bombillos incandescentes y fluorescentes con otros de diodos de emisión de luz, o LED, que duran más y consumen menos electricidad.
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"Las compañías japonesas son tristemente famosas porque un competidor levanta la mano para hacer algo nuevo y luego todos lo siguen", dice Melissa Otto, una directora de TIAA-CREF Investment Management que administra un portafolio de acciones de Japón.
En 2010, Sony adquirió la empresa de biotecnología iCyt Mission Technology Inc. y el año pasado la firma de aparatos de diagnósticos médicos Micronics Inc., ambas por sumas no reveladas. El conglomerado también está en conversaciones con Olympus Corp., el gigante de fotografía y equipos médicos blanco de un escándalo contable, para asumir una participación de hasta US$633 millones, según fuentes al tanto. Lo que atrae a Sony es la cuota de mercado de 70% que tiene Olympus en el segmento de endoscopios. En abril, el presidente ejecutivo de Sony, Kazuo Hirai, calificó el negocio de aparatos médicos como un "futuro pilar" de la empresa.
Toshiba Corp., uno de los fabricantes líderes de televisores y computadoras de Japón, expandió su negocio de energía atómica en 2006 cuando compró una participación mayoritaria en Westinghouse y ha incursionado en baterías recargables para autos, bombillos LED y sistemas de energía renovable.
No obstante, Panasonic es la que ha cambiado la composición de sus negocios de manera más radical. En 2009 y 2010, gastó US$10.400 millones para adquirir Sanyo Electric Co., atraída por su operación de paneles solares y baterías para vehículos eléctricos. También invirtió más de US$3.000 millones para comprar la porción que no poseía de Panasonic Electric Works con el fin de acelerar su incursión en sistemas de construcción. Sharp pagó US$305 millones en noviembre de 2010 por Recurrent Energy LLC, que desarrolla proyectos de generación de energía solar. Pese a sus problemas financieros, Sharp ve un rayo de luz en su negocio de energía renovable.

viernes, 17 de agosto de 2012

En la revolución de los teléfonos inteligentes, Japón sigue al margen

TOKIO—La primera planta de la tienda de electrónicos Bic Camera, un enorme edificio de ocho pisos que ocupa una manzana entera en esta ciudad, es la zona cero para la industria de electrónicos de Japón.
Durante mucho tiempo, la parte norte del piso de ventas, donde suelen colocarse los productos más populares, estuvo dominada por televisores de pantalla plana, en su mayoría de marcas japonesas.
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Ahora, en medio de una precipitación de las ventas, las filas de televisores han quedado relegadas a la abarrotada segunda planta para abrir espacio a cientos de accesorios para teléfonos inteligentes, en especial el iPhone de Apple Inc.
La decisión ilustra lo que le ha ocurrido a la industria de la tecnología en Japón. Los otrora poderosos conglomerados le apostaron todo a los televisores y se perdieron la ola de los teléfonos inteligentes y ahora están al margen de la acción.
Los celulares de última generación son ahora los protagonistas en el mundo de los electrónicos de consumo, generando asombrosas ventas y quitándole terreno a las cámaras digitales, consolas de videojuegos portátiles y otros baluartes de los electrónicos japoneses.
Apple y Samsung Electronics Co. registran ganancias récord y controlaron en conjunto 54% de los envíos globales de teléfonos inteligentes durante el primer trimestre, según la firma de investigación Strategy Analytics. La participación combinada de las japonesas Sony Corp., Panasonic Corp., Sharp Corp., Fujitsu Ltd. y otros fabricantes es de apenas 8%.
En un esfuerzo por ponerse al día, las empresas de Japón están redoblando su incursión en el mercado de la telefonía inteligente con diversos grados de ambición. Sony ha adoptado la iniciativa más agresiva tras fracasar en los últimos 10 años con su proyecto conjunto Sony Ericcson. Liberado de esa alianza, el presidente ejecutivo de Sony, Kazuo Hirai, ha prometido hacer de los teléfonos inteligentes el pilar de su negocio.
Bloomberg News
Teléfonos móviles de Sharp.
Panasonic, Fujitsu y Sharp —los tres principales fabricantes de celulares del país— tratan de hacer un modesto regreso al escenario global, pero esto no será fácil, especialmente en una industria tan competitiva que requiere innovación constante.
Expertos dentro y fuera de la industria citan un número de razones por las que las compañías japonesas se quedaron al margen: un enfoque excesivo en el mercado local, su lentitud y falta de flexibilidad para adaptarse a condiciones dinámicas, una interpretación errónea de las preferencias del consumidor y una dosis de arrogancia sobre la superioridad de su hardware.
Desde principios de los 90, los celulares japoneses eran maravillas tecnológicas que se distinguían por su avanzado hardware.
En 2000, Sharp fue la primera compañía del mundo en incorporar una cámara a un teléfono móvil. En 2006, un año antes del lanzamiento del iPhone, los consumidores japonenses podían ver televisión en sus celulares.
Sin embargo, a pesar de su tecnología de punta, los fabricantes japoneses pasaron apuros para competir en el extranjero con la finlandesa Nokia Corp. y la estadounidense Motorola Inc. debido a que sus teléfonos se basaban en estándares de telecomunicaciones que sólo se usaban en Japón.
Al llegar tarde al mercado, les costó entablar relaciones con los proveedores de telefonía móvil en el exterior, a diferencia de la coreana Samsung.
El debut del iPhone en 2007 lo cambió todo. Mientras el resto del mundo veía el aparato por lo que era —un producto que transformaría el sector—, algunos ejecutivos en Japón lo desdeñaron, convencidos de que sus teléfonos ya eran lo bastante inteligentes. "Las firmas japonesas se equivocaron", reconoce Ryuji Ono, socio en Tokio de la consultora Roland Berger. "No estaban mirando al resto del mundo".
Hoy en día, los teléfonos inteligentes representan 56,6% de todos los celulares nuevos fabricados en Japón, según la firma de investigación MM Research Institute. Apple y Samsung se llevaron más de 20% del mercado japonés en el pasado año fiscal, comparado con casi cero hace cinco años.
En el último año fiscal, Apple fue el principal fabricante de teléfonos inteligentes en Japón. Samsung también se coló entre los cinco primeros dentro del mercado local.
En el trimestre más reciente, Fujitsu, NEC, Sharp, Sony y Panasonic reportaron pérdidas en sus divisiones de celulares. Y lo que es más, Sony, Panasonic y Sharp se están alejando del negocio de los televisores, incapaces de resistir otra ronda de competencia con sus balances ya debilitados.
"La era dorada de los televisores se ha acabado y la televisión ya nunca volverá a reinar en el espacio de los electrónicos de consumo", sentenció Kunio Nakamura, ex presidente de Panasonic.
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jueves, 16 de agosto de 2012

Cómo Japón perdió su dominio en los electrónicos de consumo

Durante un viaje de negocios a Japón en 2004, el analista tecnológico Michael Gartenberg pudo echarle un fugaz vistazo al Librie de Sony Corp., el primer lector de libros electrónicos con pantalla de tinta digital. Gartenberg quedó convencido de que era el precursor de una nueva ola de productos.
Pero había algunos problemas. El software estaba en japonés, para descargar un libro tenía que conectarse a una computadora y las opciones de títulos era limitada.
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Hoy, el Kindle de Amazon Inc. domina el mercado de lectores electrónicos y pocos se acuerdan del Librie. Sony trata de recuperar el terreno perdido con una nueva versión que se ubicó en un distante tercer lugar en el mercado global.
La historia se ha venido repitiendo en los últimos 20 años para los fabricantes japoneses de electrónicos, que a menudo fueron los primeros en lanzar grandes innovaciones de hardware, desde televisores de pantalla plana hasta sofisticados celulares. Pero en todos los casos, los rivales extranjeros introdujeron mejoras con mayor rapidez, integrando productos con software fácil de usar y servicios en línea, reduciendo los costos con más eficiencia y difundiendo un mensaje de marketing más agudo.
Las firmas japonesas confiaron demasiado en su tecnología y potencia manufacturera, reconoció el presidente de Panasonic, Kazuhiro Tsuga, durante una conferencia de prensa en junio, tras asumir el cargo después de que la compañía anunciara su mayor pérdida anual en sus 94 años de existencia. "Perdimos la perspectiva de los productos desde el punto de vista del consumidor", agregó.
Sony, Panasonic Corp. y Sharp Corp. sufrieron una pérdida combinada de US$20.000 millones en el último año fiscal. Se trata de un giro radical en comparación con los días de gloria de fines de los años 70 y principios de los 80, cuando las empresas japonesas dominaban los electrónicos de consumo. Conforme la economía del país se expandía, los conglomerados de electrónicos eran líderes mundiales con sus chips de memoria, televisores a color y grabadoras de videocassettes, mientras sus laboratorios lanzaban productos que definirían una era: el Walkman, el CD y los reproductores de DVD.
Hoy, las empresas japonesas han pasado a un segundo plano frente a competidores como Amazon, Apple Inc., Google Inc. y la surcoreana Samsung Electronics Co.
El origen de la actual debilidad de Japón se encuentra en su tradicional fortaleza: una fijación con el monozukuri, o el arte de fabricar cosas, priorizando los avances de hardware.
Bloomberg
Visitantes prueban iPads en una exposición en Japón.
Este concepto, motivo de orgullo nacional, empujó a las empresas japonesas a tratar de fabricar los productos que a menudo eran los más delgados o pequeños, pero que pasaban por alto factores que los usuarios consideran importantes, como el diseño y la facilidad de uso.
En el caso del lector electrónico, Sony priorizó la venta de los aparatos, mientras que Amazon se concentró en vender los libros. El Kindle, por ende, era más compatible con la razón esencial para comprar el aparato: comprar y leer libros.
Por si esto fuera poco, la fortaleza del yen ha complicado la tarea de combinar innovaciones con las reducciones de costo necesarias para apelar al mercado de masas. En el caso de la tecnología de punta, las empresas japonesas a menudo dependen de la producción local para luego exportar los bienes terminados. El alza del yen, que se ubica cerca de máximos históricos, ha reducido el margen de ganancia de los artículos japoneses vendidos en el exterior, un problema que los fabricantes coreanos han logrado eludir gracias a una moneda local, el won, relativamente más débil. Las menores utilidades, a su vez, dificultan la inversión en productos y tecnologías futuras.
En el ejemplo más reciente de cómo el país ha perdido su liderazgo en los electrónicos de consumo, la compañías japonesas se están quedando atrás en la carrera por desarrollar lo que probablemente se convierta en el formato tecnológico dominante para los televisores de la próxima generación: los OLED, o diodos orgánicos de emisión de luz. Las nuevas pantallas son más delgadas y usan menos energía.
Samsung, el mayor fabricante de televisores de Corea del Sur, domina en la actualidad el mercado de las pantallas OLED pequeñas utilizadas en los teléfonos inteligentes y otros aparatos móviles. Ahora, Samsung y la también coreana LG Electronics Co. planean lanzar este año un televisor con una pantalla OLED de 55 pulgadas.
Se trata de un avance importante en comparación con las firmas japonesas—Sony, Panasonic, Sharp y Toshiba Corp.— que han pasado años desarrollando esa tecnología mientras trataban de encontrar la manera de comercializarla. En un intento por reducir la brecha que las separa de las empresas coreanas, Sony y Panasonic, en su día acérrimos rivales, llegaron a un acuerdo sin precedentes en junio para desarrollar en conjunto la tecnología OLED.
El pacto refleja los problemas de Sony, que hace cinco años se convirtió en el primer fabricante en lanzar el primer televisor con tecnología OLED. El modelo de 11 pulgadas con una pantalla ultradelgada era una maravilla de la tecnología. Pero a un precio de US$2.500 la unidad, las ventas nunca despegaron.
Tras años de pasos en falso, Sony finalmente ha decidido que le conviene más dejar que Samsung y otras empresas asuman el liderazgo en el desarrollo de innovaciones. Tras todos sus esfuerzos por ser la primera en entregar tecnologías de punta, Sony se dio cuenta de que sólo estaba creando productos que los competidores podían copiar a un costo más bajo. "El primer corredor tiene el viento en contra; a veces es más fácil correr detrás de él", explica Tadashi Saito, que fue nombrado en abril director de estrategia de Sony.
En estos momentos existe la impresión de que "financieramente, las firmas japonesas no pueden asumir los riesgos", afirma Yuji Fujimori, analista de Barclays, en Tokio.
Pero la estrategia de no asumir riesgos también los acarrea: la posibilidad de caer por una espiral descendente. Las pérdidas pueden desembocar en inversiones más modestas en futuras tecnologías o productos. Rivales con más recursos pueden conseguir una ventaja al introducir o desarrollar nuevas tecnologías que pueden hacer que los electrónicos de Japón sean menos competitivos lo que, a su vez, se traduciría en más pérdidas para los fabricantes japoneses.
El peligro se puede ver claramente en la brecha en el gasto en investigación y desarrollo entre las empresas japonesas y coreanas. Históricamente, Sony y Panasonic gastaban más, pero a partir de 2009, la coreana superó a sus rivales japoneses y la diferencia se ha ido ampliando desde entonces. En 2011, Samsung invirtió en torno a US$8.700 millones en I+D, frente US$5.500 millones de Sony y US$6.600 millones de Panasonic, en sus años fiscales.