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miércoles, 19 de noviembre de 2014

La web está muriendo; las aplicaciones la están matando

miércoles, 19 de noviembre de 2014 0:02 EDT
http://lat.wsj.com/articles/SB12554947358738084738504580285061040274690?tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB12554947358738084738504580285061040274690.html
Phil Foster
La web —ese delgado revestimiento de diseño para humanos que recubre el murmullo técnico que constituye Internet— está muriendo. Y la forma en que está muriendo tiene implicaciones con mayor alcance que casi cualquier otro asunto tecnológico en la actualidad.
Piense en su teléfono móvil. Todos esos pequeños íconos en su pantalla son aplicaciones, no sitios web, y funcionan de formas que son fundamentalmente distintas a la forma en que funciona la web.
Montañas de datos nos dicen que, en total, estamos dedicando a las aplicaciones el tiempo que en su momento dedicábamos a navegar por Internet. Estamos enamorados de las aplicaciones, y se han impuesto. En teléfonos, 86% de nuestro tiempo se dedica a aplicaciones, y sólo 14% a la web, según la empresa de análisis móvil Flurry.
Esto podría parecer un cambio trivial. Antes, imprimíamos las instrucciones para llegar a algún sitio tomadas del sitio web MapQuest, que a menudo estaban mal o eran confusas. Hoy, abrimos la aplicación Waze en nuestros teléfonos y nos guía por la mejor ruta para evitar el tráfico en tiempo real. Para quienes recuerdan cómo solía ser, esto es un milagro.
Todo lo referente a las aplicaciones se siente como una ventaja para los usuarios: son más rápidas y más fáciles de usar que lo anterior. Pero debajo de toda esa conveniencia hay algo siniestro: el fin de la misma apertura que permitió que las empresas de Internet crecieran para convertirse en unas de las firmas más poderosas o importantes del siglo XXI.
Por ejemplo, pensemos en la más esencial de las actividades para el comercio electrónico: aceptar tarjetas de crédito. Cuando Amazon.com debutó en la web, tenía que pagar varios puntos porcentuales en tarifas por transacciones. Pero Apple se queda con 30% de cada transacción que se realiza dentro de una aplicación vendida a través de su App Store, y “muy pocas empresas en el mundo pueden soportar ceder esa tajada”, dice Chris Dixon, inversionista de capital de riesgo de Andreessen Horowitz.
Las tiendas de aplicaciones, ligadas a sistemas operativos y aparatos particulares, son jardines enrejados donde Apple, Google, Microsoft y Amazon fijan las reglas. Por un tiempo, eso significó que Apple prohibió bitcoin, una moneda alternativa que para muchos especialistas en tecnología es el desarrollo más revolucionario en Internet desde el hipervínculo. Apple prohíbe regularmente aplicaciones que ofenden sus políticas o su gusto, o que compiten con su propio software y servicios.
Pero el problema con las aplicaciones es mucho más profundo que las formas en que pueden ser controladas por guardianes centralizados. La web fue inventada por académicos cuya meta era compartir información.
Ninguno de los implicados sabía que estaban creando el mayor creador y destructor de riqueza que se haya conocido. Así que, a diferencia de las tiendas de aplicaciones, no había forma de controlar la primera web. Surgieron los cuerpos que fijan reglas, como Naciones Unidas pero para lenguajes de programación. Empresas que hubieran querido eliminarse mutuamente del mapa fueron obligadas, por la misma naturaleza de la web, a acordar revisiones del lenguaje común para páginas web.
El resultado: cualquiera podía crear una página web o lanzar un servicio nuevo, y cualquiera podía acceder a él. Google nació en un garaje. Facebook nació en la residencia estudiantil de Mark Zuckerberg.
Pero las tiendas de aplicaciones no funcionan así. Las listas de aplicaciones más descargadas ahora llevan a los consumidores a adoptar esas aplicaciones. La búsqueda en las tiendas de aplicaciones no funciona bien.
La web está hecha de enlaces, pero las aplicaciones no tienen un equivalente funcional. Facebook y Google intentan solucionarlo al crear un estándar llamado “enlace profundo”, pero hay barreras técnicas fundamentales para lograr que las aplicaciones se comporten como sitios web.
La web buscaba exponer información. Estaba tan dedicada a compartir por encima de todo que no incluía una forma de pagar por cosas, algo que algunos de sus primeros arquitectos lamentan hasta hoy, ya que obligó a la web a sobrevivir con un modelo basado en la publicidad.
La web no era perfecta, pero creó espacios comunes donde la gente podía intercambiar información y bienes. Obligó a las empresas a desarrollar tecnología que estaba diseñada explícitamente para ser compatible con la tecnología de la competencia.
Hoy, cuando las aplicaciones se imponen, los arquitectos de la web la están abandonando. El más reciente experimento de Google para email, llamado Inbox, está disponible para los sistemas operativos de Android y Apple, pero en la web no funciona en ningún navegador excepto Chrome. El proceso de crear nuevos estándares web se ha estancado. En tanto, las empresas con tiendas de aplicaciones están dedicadas a que las suyas sean mejores que —y completamente incompatibles con— las de sus competidores.
Muchos observadores de la industria creen que esto está bien. Ben Thompson, un analista independiente de tecnología, me dijo que cree que el dominio de las aplicaciones es el “estado natural” del software.
Lamentablemente, debo coincidir. La historia de la computación son empresas que intentan usar su poder de mercado para dejar afuera rivales, incluso si es negativo para la innovación y el consumidor.
Eso no significa que la web desaparecerá. Facebook y Google aún dependen de ella para brindar un flujo de contenido al que se puede acceder desde el interior de las aplicaciones. Pero incluso la web de documentos y noticias podría desaparecer. Facebook anunció planes de albergar el trabajo de las editoriales dentro de Facebook mismo, convirtiendo a la web en sólo una curiosidad, una reliquia.
Creo que la web fue un accidente histórico, una instancia anómala de una poderosa tecnología nueva que pasó casi directamente de ser un laboratorio de investigación financiado por el estado al público. Tomó desprevenidos a gigantes como Microsoft, y llevó al tipo de disrupción que las empresas de tecnología más poderosas actualmente preferirían evitar.
No es que los reyes del actual mundo de las aplicaciones quieran aplastar la innovación. Sucede que en la transición a un mundo en el cual los servicios se entregan a través de aplicaciones, más que en la web, estamos ingresando a un sistema que dificulta mucho más la innovación, el descubrimiento imprevisto y la experimentación para quienes desarrollan cosas que dependen de Internet. Y hoy, eso significa prácticamente todo el mundo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Los empresas gigantes se achican para crecer más

Oct. 8, 2014 12:02 a.m. ET
http://online.wsj.com/news/articles/SB11287069537469764775104580201113450201910?tesla=y&tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB11287069537469764775104580201113450201910.html
H-P reveló el lunes que se dividirá en dos firmas, una que incluirá sus negocios de computadoras personales e impresoras, y otra que venderá servidores, equipos de almacenamiento de datos, software, consultoría y otros servicios tecnológicos para empresas. Getty Images
Gigantes empresariales están escindiendo líneas de negocios y dividiéndose a un ritmo récord, conforme su tamaño es considerado un factor negativo para los inversionistas preocupados por la feroz competencia y la desaceleración del crecimiento.
“Grande” por mucho tiempo fue sinónimo de “mejor” en el sector empresarial estadounidense, tanto para los presidentes ejecutivos que expandían sus compañías como para los inversionistas que buscaban protección de la volatilidad en los mercados. Hoy en día, sin embargo, el sol no brilla sobre los que levantan imperios. Los inversionistas ejercen presión para que las empresas se desprendan de segmentos de lento crecimiento y enfoquen sus esfuerzos en operaciones más prometedoras.
Hewlett-Packard Co. HPQ +0.45% , que ayudó a forjar el negocio de las computadoras, se está alejando de las PC. PepsiCo Inc. PEP +0.15% está bajo presión para que separe sus divisiones de bebidas y snacks. Incluso General ElectricCo. GE -0.28% , el conglomerado por excelencia, enfrenta un insistente argumento de un destacado analista de Wall Street de que no tiene sentido estar vendiendo escáneres de tomografía computarizada a la par de plantas eléctricas, motores de aviones y locomotoras.
Otros conglomerados han sido levantados y desmantelados antes, pero la nueva ofensiva es inusualmente fuerte y es comandada por fondos de cobertura activistas que han amasado US$111.000 millones para invertir, según la firma de investigación HFR. Su poderío financiero les permite ir detrás de presas cada vez más grandes.
En lo que va del año, corporaciones de todo el mundo han vendido o escindido subsidiarias o líneas de negocios por un valor de US$1,6 billones, apenas por debajo del récord de 2007, según la firma de datos Dealogic. Algunas empresas se mueven en la dirección opuesta, como AT&T Inc. T -0.29% y su pacto de US$49.000 millones para comprar el operador de televisión satelital DirecTV. DTV -0.33% Aun así, la presión ha cambiado el tono de las conversaciones en las juntas, donde directores y ejecutivos analizan al detalle sus portafolios de negocios.
El fondo de cobertura activista Trian Fund Management LP, que ha presionado con éxito por la separación de empresas tan diversas como Kraft, Wendy’s e Ingersoll Rand PLC, sostiene que las compañías ahora tienen que ganarse el privilegio de ser un conglomerado. Su punto es que la diversificación en raras ocasiones es rentable, un argumento que ha planteado a Pepsi y el gigante químico DuPont Co. DD -1.33%
Ambas empresas se resisten a la separación que pide Trian, si bien DuPont ha anunciado un plan para escindir una división que genera cerca de 20% de sus ingresos.
La posición de Trian es respaldada por datos. Las acciones de los grupos estadounidenses han tenido en promedio un desempeño 11,4% menor que el de sus rivales más enfocados entre 2000 y 2010, según un estudio de Anil Shivdasani, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Kenan-Flagler, de la Universidad de Carolina del Norte. Los títulos de firmas que realizaron escisiones superaron a los de sus pares en 6% en los tres meses alrededor del anuncio. Shivdasani dice que las cifras se mantenían similares hasta el final de 2013.
La acción de H-P subió 4,7% el lunes tras revelar que se dividirá en dos firmas, una que incluirá sus negocios de computadoras personales e impresoras, y otra que venderá servidores, equipos de almacenamiento de datos, software, consultoría y otros servicios tecnológicos para empresas. La primera, que se llamará HP Inc., generará efectivo para retornar a los inversionistas. Por su parte, Hewlett-Packard Enterprise, que será dirigida por la presidenta ejecutiva Meg Whitman, se enfocará en el crecimiento a través de un ritmo más rápido de inversión en nuevos productos y adquisiciones.
Ese tipo de división es típica en las reorganizaciones. Gannett Co. GCI -1.03% y News Corp, empresa matriz de The Wall Street Journal, tomaron decisiones similares al escindir sus negocios de publicación impresa de sus segmentos de televisión y cine, de mayor crecimiento.
Un clásico ejemplo involucra a Philip Morris, que en 1988 adquirió la empresa de alimentos Kraft Foods en busca de diversificarse. No obstante, la tabacalera, que ahora se llama Altria Group Inc., MO +0.32% escindió Kraft a los accionistas en 2007 y un año después se desprendió de sus operaciones internacionales como Philip Morris International. PM -0.05% En 2012, Kraft separó sus operaciones globales de snacks, de mayor crecimiento, bautizando la empresa como Mondelez InternationalInc. MDLZ -0.07% Hoy, Altria y su progenie tienen una capitalización bursátil combinada de US$315.000 millones, un aumento de 71% desde 2007, antes de la escisión de Kraft. En contraste, el índice S&P 500 ha avanzado 38,5% durante este lapso.
Una gran empresa que por largo tiempo ha desafiado la tendencia es 3M Co.MMM +0.74% , que produce adhesivos, revestimientos y la cinta Scotch que tienen miles de aplicaciones industriales y caseras.
La pregunta de si 3M debería dividirse casi nunca se plantea en las conversaciones con los inversionistas, en parte porque la empresa ha sido un consistente generador de ganancias, dice Jeffrey Sprague, socio gerente de Vertical Research Partners. 3M ha aumentado sus dividendos durante 56 años consecutivos. “Es difícil plantear un argumento de que se necesita cualquier tipo de cirugía radical”, señala.
GE es otro defensor del modelo. Su presidente ejecutivo, Jeffrey Immelt, afirma que el grupo tiene la capacidad de distribuir la riqueza de sus operaciones de investigación y desarrollo a varios negocios, como utilizar avances tecnológicos similares y mejorar la eficiencia de sus motores de aviones, turbinas eléctricas y locomotoras.
Aun así, GE ha atendido el descontento de los inversionistas y al adormecido precio de su acción desprendiéndose de negocios “no esenciales”. En los últimos años, vendió NBCUniversal, llegó a un acuerdo para retirarse del mercado de electrodomésticos y sacó a bolsa las operaciones de finanzas minoristas de GE Capital. La acción de GE está estancada en unos US$25, 10% a la baja este año, y algunos en Wall Street piden medidas más enérgicas. Scott Davis, analista de Barclays Capital, dijo hace poco que los inversionistas quieren que GE escinda su negocio de salud de US$18.000 millones y que el grupo debería evaluar esa opción. Pero el lunes GE anunció un nuevo jefe de esa división e Immelt reiteró que era una parte central de la compañía.
Investigadores de finanzas dicen que los inversionistas suelen imponer una “multa de diversificación” sobre las firmas que intentan hacer demasiado. El anuncio de una escisión usualmente impulsa la acción de la casa matriz en 3,3% sobre los retornos del mercado, según un análisis de los profesores B. Espen Eckbo, de la Universidad de Dartmouth, y Karin S. Thorburn, de la Escuela de Economía de Noruega.
A largo plazo, los resultados son menos claros. En 166 escisiones desde 1980 en las que una casa matriz con ingresos de US$1.000 millones o más vendió una división a través de una salida a bolsa, los retornos han sido equivalentes a los del mercado, dice Jay Ritter, profesor de finanzas de la Universidad de Florida. La tendencia es buena para los bancos de inversión. Según Dealogic, las separaciones les han dejado US$9.400 millones en comisiones este año.
—Bob Tita, Dana Mattioli y Ted Mann contribuyeron a este artículo.

domingo, 3 de agosto de 2014

Los 'chatbots' son la nueva frontera de la publicidad

Updated July 31, 2014 5:55 p.m. ET
http://online.wsj.com/news/articles/SB10001424052702303635604580063921314897864?tesla=y&tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB10001424052702303635604580063921314897864.html
Richard Borge
El mes pasado, con poca publicidad, la aplicación de chat más popular entre los adolescentes de Estados Unidos lanzó una función que podría ser el futuro de la publicidad. O, al menos, marca el inicio de una nueva era en la forma en que las marcas se relacionan con el público.
Las personas hablan directamente con las marcas a través de robots. Lo llamo charla-publicidad.
Ya puedo escuchar los silbidos que llegan desde la tribuna, y podría argumentar que la publicidad es la última zona del conocimiento humano en la que necesitamos más innovación. Pero, ¿qué pasaría si la "conversación" metafórica que los especialistas en publicidad siempre dicen tener con nosotros se volviera literal?
Kik, un servicio de chat como WhatsApp o Facebook FB -0.40% Messenger, afirma que cuatro en 10 adolescentes en EE.UU. son usuarios activos de su servicio. Ahora, gracias a la aplicación de una tecnología que lleva décadas —el robot de chat o chatbot— los adolescentes que usan Kik tienen algo parecido a conversaciones reales con media decena de marcas, incluidas Moviefone, Funny or Die, y el propio equipo de Kik.
Funciona así: a mediados de la década de los 60, el profesor del MIT Joseph Weizenbaum desarrolló un programa de computación llamado ELIZA, que podía sostener una conversación abierta con un humano real. Con el tiempo estos chatbots que conversan mejoraron cada vez más en su interacción con los humanos, principalmente porque los programadores les incorporaron conocimientos sobre el mundo real. También pueden aprender de sus conversaciones, y se vuelven más hábiles para hacernos pensar que ellos, también, son inteligentes.
Gracias al aumento de las aplicaciones de chat —WhatsApp tiene 500 millones de usuarios en todo el mundo y acordó ser adquirida por Facebook Inc. por US$19.000 millones en febrero, y sus competidores en Asia no son menos populares— finalmente hay un lugar donde los usuarios de teléfonos inteligentes están pasando su tiempo y donde un chatbot podría encajar. Y transformar objetos inanimados —"marcas"— en cosas con las que podemos conversar, es lo que tenía en mente Ted Livingston, el fundador de Kik, con sede en Canadá.
"Si pudieras charlar con una marca de la misma forma en que puedes charlar con un amigo, sería algo muy poderoso", dice Livingston.
Si suena un poco rebuscado, piense en este precedente de Line, una aplicación de chat de Japón con 400 millones de usuarios registrados. En octubre de 2013 representantes de Paul McCartney abrieron una cuenta en Line, y le pagaron a la empresa para crear "stickers" o calcomanías, que los usuarios pueden intercambiar en aplicaciones de chat y que son tan populares que se convirtieron en una enorme fuente de ingresos. Para conseguir las calcomanías, los usuarios debían elegir la cuenta de McCartney en Line que "charla" con sus seguidores al enviarles actualizaciones sobre el cantante.
McCartney tiene dos millones de seguidores en Twitter, TWTR -2.35% pero en Line tiene 9,3 millones. La visión de Kik es tomar este modelo de base y mejorarlo: ¿qué pasaría si McCartney (o sus representantes) no sólo les hablaran a sus fans sino que de hecho conversara con ellos?
Actualmente, los robots de chat de Kik son primitivos. El chatbot del equipo de Kik cuenta chistes y es lo más cercano a una simulación de una conversación real, mientras los que pertenecen a las marcas pueden responder sólo con más contenido. Eso es deliberado, dice Livingston, y hay cierto temor a esta altura del desarrollo de la tecnología de que un chatbot más autónomo pudiera comenzar a decir cosas que podrían hacer daño a la marca.
Las aplicaciones de chat son muy populares fuera de EE.UU., donde la práctica de los operadores celulares de cobrarles a los usuarios por cada mensaje de texto que envían brindó un fuerte incentivo para usar las aplicaciones gratuitas. Pero siempre se cuestionó cómo lograrían ganar dinero. WhatsApp, por ejemplo, no tiene publicidad, y Mark Zuckerberg declaró que su intención es que siga siendo así. Y WeChat,TCEHY +1.82% que tiene 400 millones de usuarios, principalmente en China, restringe marcadamente la frecuencia con la que los anunciantes pueden llegar a sus usuarios.
Simplemente llenar a los usuarios de avisos en un espacio tan íntimo no funcionaría. Parte del problema es que hasta ahora no ha sido claro cómo luce una publicidad "nativa" en una aplicación de chat. Sin embargo en la primera semana de ofrecer sus chats "auspiciados", 1,5 millones de personas eligieron seguir alguna de las campañas, según un representante de Kik. Y el robot de chat de Kik, que comenzó como un experimento y funciona desde hace cinco años, recibe 1,8 millones de mensajes por día.
Si parece improbable que tantos adolescentes —80% de los usuarios de Kik tienen menos de 22 años— quieran hablar con un robot, considere lo que le dijo a un entrevistador en 2013 el creador de un chatbot accesible desde la web y que ganó premios, llamado Mitsuku.
"Lo que me da fuerzas es cuando recibo emails o comentarios en los chats de personas que me dicen cómo los ayudó Mitsuku con una situación, ya fueran consejos sobre citas, ser maltratado por compañeros en la escuela, lidiar con una enfermedad o incluso consejos sobre entrevistas laborales. También mucha gente mayor que busca una compañía".
Cualquier publicista que no se entusiasme tras leer eso no comprende el oscuro arte de manipulación del que depende su oficio.
Los robots de chat diseñados por marcas pueden usarse con fines de entretenimiento, pero también pueden usarse para informar.
Imagine este escenario. Una marca quiere lanzar un nuevo producto. Unos 50 representantes de la marca, humanos reales, podrían hablar por chat con clientes al principio, y el motor de chat aprendería de esas interacciones, volviéndose más autónomo gradualmente, hasta que pudiera manejar automáticamente miles de conversaciones simultáneas.
Así luce la publicidad nativa en aplicaciones de chat. Y las aplicaciones de chat, escuchamos una y otra vez, son el futuro de los medios sociales. Mark Zuckerberg, ¿estás escuchando?

lunes, 9 de junio de 2014

El futuro de la fusión entre las máquinas y el hombre

http://online.wsj.com/news/articles/SB10001424052702304545504579612201470761982?tesla=y&tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304545504579612201470761982.html
Ray Kurtzweil (Drew Kelly for The Wall Street Journal)

Ray Kurzweil ha estado enseñando a las computadoras a leer mejor, en lo que constituye un paso más en la marcha del progreso tecnológico. El inventor y futurólogo de 66 años cree que para el año 2030 las computadoras no solamente podrán entender el lenguaje oral común y corriente, sino que también exhibirán emociones.
El paso siguiente es la "singularidad", un término que Kurzweil popularizó hace casi una década y que alude al punto en que los humanos y las computadoras se fusionarán en un solo ser. Eso ocurrirá en 2045, predice, cuando la inteligencia humana será mejorada por mil millones gracias a extensiones de alta tecnología para el cerebro.
Por ahora, como director de ingeniería de Google, GOOGL +0.70% un cargo que asumió en enero de 2013, Kurzweil se dedica principalmente a hacer que las máquinas entiendan lo que los científicos denominan lenguaje "natural". Las computadoras no son tan buenas como los humanos a la hora de interpretar los contextos. Hoy, por ejemplo, una computadora podría escanear las palabras en un artículo y concluir que existe una probabilidad de 56% de que Barack Obama sea el presidente de Estados Unidos. Un ser humano, en cambio, puede leer la misma nota y determinar que Obama es el presidente de EE.UU. con una certeza casi absoluta. Kurzweil desarrolla programas de software que les permitirían a las computadoras entender el lenguaje en términos conceptuales, en lugar de sólo por unas palabras clave. La meta a corto plazo es crear una función de búsqueda en Google mejor y más conversacional.
Kurzweil tiene un largo recorrido en el mundo de la tecnología. A los cinco años decidió que quería ser inventor. Estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde fundó su primera empresa de software cuando cursaba su segundo año.
Desde entonces, ha formado varias compañías e inventado una máquina que leía en voz alta un documento impreso a personas ciegas, entre otros avances. También ha adquirido fama gracias a sus libros sobre inteligencia artificial como La era de las máquinas espirituales y La singularidad está cerca.
En su último libro Cómo crear una mente, publicado en 2012 en EE.UU., Kurzweil postula la construcción de una extensión sintética del cerebro con el fin de conectarlo a la nube. Cree que unos nano robots podrán, algún día, recorrer nuestros capilares y que computadoras del tamaño de una célula nos conectarán a la nube al igual que nuestros teléfonos inteligentes lo hacen en la actualidad.
Aunque todavía faltan décadas para eso, Kurzweil trata de que las computadoras simulen el proceso de pensamiento natural del cerebro. Antes de la publicación de Cómo crear una mente se reunió con el presidente ejecutivo de Google, Larry Page, para obsequiarle una copia y tratar de persuadirlo para que invirtiera en una empresa que quería formar para poner en práctica las ideas del libro. Page mostró interés y convenció a Kurzweil de que lanzara la empresa bajo el alero de Google, lo que le daría acceso a los recursos de la compañía, pero mantendría intacta su independencia. Desde entonces, Google ha continuado edificando un laboratorio de inteligencia artificial con todas las de la ley, al contratar al experto en inteligencia artificial Geoffrey Hinton y adquirir DeepMind, una empresa que combina técnicas del aprendizaje de las máquinas y la neurociencia para elaborar algoritmos.
Kurzweil añade que Google no trabaja en el tema de los nano robots del cerebro. Pero imagina que una vez que las neo cortezas de nuestro cerebro se conecten a la nube, algo que ocurrirá en la década de 2030, según sus previsiones, esta conexión inalámbrica nos volverá mucho más inteligentes. "Alguien se acerca y tengo que pensar en algo inteligente y si mi neo corteza no da la talla, podré acceder a más neo corteza en la nube", observa.
Otras de sus ideas también se han popularizado en los últimos años. Spike Jonze, el director de la película Ella dice que la cinta de 2013 que narra el romance entre un hombre y un sistema operativo se inspiró en la obra de Kurzweil, quien, de todos modos, objetó algunas características del sistema operativo futurista con la voz de Scarlett Johansson. Con ese nivel de comprensión virtual, acotó, debería haber tenido un cuerpo virtual.
A Kurzweil también le interesan los asuntos de una índole más biológica. Ha escrito tres libros sobre salud y nutrición y cofundó una empresa que vende "productos de longevidad", como suplementos y la idea de una extensión radical de la vida lo ha fascinado durante muchos años. Opina que los humanos lograrán prolongar la vida en forma indefinida, pero primero hay que cruzar tres "puentes".
El primero es mantenerse saludables por mucho más tiempo. Para lograrlo, consume 120 vitaminas y suplementos al día, se inyecta nutrientes, de modo que su organismo los absorba mejor, toma té verde y hace ejercicio en forma regular. El régimen hace que su "edad" real sea de cuarenta y tantos, asegura.
El segundo puente es la reprogramación de nuestra biología, un proceso que comenzó con el Proyecto del Genoma Humano y que abarca la regeneración del tejido mediante terapias de células madre y la impresión tridimensional de nuevos órganos.
Cruzaremos el tercer puente, indica, cuando incrustemos nano robots en nuestros cerebros que afectarán nuestra inteligencia y capacidad para experimentar nuestros entornos virtuales. Los nano robots en los organismos serán una extensión de los sistemas inmunológicos, predice, para identificar y destruir los patógenos que nuestras células no puedan aniquilar.
Kurzweil proyecta que la década de 2030 será "una era dorada", una revolución en la práctica de la medicina. Compara el cuerpo humano a un vehículo. "¿Existe un límite natural a la duración de un automóvil?", pregunta. "Sin embargo, si uno lo cuida y si algo sale mal lo arregla y tal vez lo reemplaza, puede andar para siempre", dice.
Kurzweil no ve una razón por la cual la tecnología no pueda hacer lo mismo con las partes humanas. El organismo ya está cambiando en forma constante, insiste, y las células se reemplazan a sí mismas en lapsos que van desde unos pocos días a meses.
Su visión del futuro plantea la pregunta de qué significa ser humano. Kurzweil cree que añadir la tecnología a nuestros cuerpos no altera nuestra esencia. "El asunto filosófico de la identidad es: ¿soy la misma persona que hace seis meses?", señala. "Hay una continuidad de identidad".
En cierta forma, ya hemos expandido nuestros cerebros, dice. En cuanto al uso de aparatos móviles como los smartphones, por ejemplo, "en términos filosóficos no advierto una diferencia significativa entre si (la tecnología) está dentro de su cerebro o si mi cerebro está dirigiendo mis dedos", afirma. "En realidad ya es una extensión de mi cerebro, pero la volveremos más conveniente al conectarlo directamente a nuestros cerebros".
"¿Recuerda lo que pasó la última vez que expandimos nuestra neocorteza?", vuelve a preguntar. "Fue hace dos millones de años, cuando nos convertimos en humanoides y desarrollamos estas frentes amplias, mientras que otros primates tenían las cejas inclinadas". En esta ocasión, no habrá limitaciones físicas, advierte. "Nuestros pensamientos serán más profundos, habrá más música hermosa y nuestras relaciones serán más a fondo".
Kurzweil cree que, en última instancia, nuestra forma de pensar será un híbrido de lo biológico y lo no biológico. "Diría que los humanos no son exclusivamente biológicos", asevera. "Ya hemos expandido la humanidad con nuestra tecnología y la tecnología es parte de la humanidad; nosotros somos la tecnología".
Pero también está muy al tanto del lado más oscuro del futuro tecnológico. "La tecnología siempre ha sido una espada de doble filo", reconoce. El fuego ayudó a los humanos a mejorar sus vidas, pero también quemó aldeas. Y aunque piensa que la tecnología puede reprogramar nuestra biología para que no nos enfermemos, también puede caer en manos de terroristas que podrían reconfigurarla para transformar los resfríos en virus mortales.
En general, Kurzweil es optimista y no se disculpa por ello. "Se me acusa de ser un optimista y lo soy", admite. "Pero no es un optimismo inocente". Ha pensado extensamente sobre los posibles riesgos del futuro, indica, y "tenemos que asignar una prioridad muy alta al manejo de los aspectos negativos".
En todo caso, Kurzweil planea estar presente para lo que sea que nos depare el futuro. "La meta es vivir en forma indefinida", asegura. Como plan de contingencia, preservará su organismo en forma criogénica, dice. Pero "el objetivo es que no sea necesario".
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