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lunes, 27 de mayo de 2013

La filantropía como una ciencia

Foto de Henrik Olund; Peter Attia fotografiado en Translational Research Institute for Metabolism and diabetes
Desde la izquierda: Brian Greene (Feed The Hungry), Denis Calabrese (Plot The Politics), John & Laura Arnold (Run The Show), Anne Milgram (Reform Criminal Justice), Josh McGee (Fix The Pension System), Dr. Peter Attia (Cure Obesity).













Al igual que muchos escritores culinarios populares, Gary Taubes recibe numerosos correos electrónicos sobre su trabajo y no le llamó mucho la atención cuando hace dos años le llegó un comentario de cinco líneas acerca de un podcast que había difundido la semana anterior. Firmaba simplemente "John."
Le interesaba el argumento de Taubes de que la mayoría de los estudios científicos sobre la obesidad tienen fallas garrafales o no son concluyentes. Taubes postula que hay que hacer un experimento exhaustivo capaz de responder algunas preguntas clave acerca de la forma en que nuestros organismos procesan los alimentos. El problema es que un estudio de tal magnitud es inmensamente caro. "De lo poco que sé sobre la ciencia de la nutrición, su estudio tiene mucho sentido", escribió el oyente, quien agregó que estaba a cargo una fundación abocada a temas de políticas públicas.
Foto de Henrik Olund
Laura y John Arnold.
Taubes vio que el nombre completo que aparecía en el e-mail era John Arnold. Una rápida búsqueda en GoogleGOOG -1.07% arrojó el nombre de un operador de contratos de gas natural en Enron que posteriormente formó un fondo de cobertura. El fondo era apenas conocido en Houston, desde donde operaba, pero sus megaretornos lo habían vuelto legendario entre los fondos de cobertura.
Taubes le pasó el nombre a Peter Attia, un doctor con quien había fundado una organización sin fines de lucro dedicada a la nutrición. Attia recuerda que cuando llamó para concertar una reunión con Arnold, la respuesta fue: "Primero deme los nombres de 20 expertos de primer nivel en el rubro, la mitad de los cuales piensa que está loco". Unas semanas después, se encontró en la oficina de Arnold en Houston y rápidamente se dio cuenta de que el gestor de fondos y su equipo habían hablado con la mayoría de los expertos, si no es que con todos, en la lista que les había provisto. Y otra cosa: aunque de aspecto juvenil, Arnold no bromeaba acerca de lanzar un estudio sobre la obesidad. Quería saber qué se podría lograr si los mejores científicos se reunieran y tuvieran recursos ilimitados a su disposición.
Arnold había acumulado una fortuna estimada en US$4.000 millones en los últimos diez años. Aunque en ese momento no lo había anunciado, había decidido donar casi todo. En octubre de 2012, cerró su fondo de cobertura, Centaurus Energy, y se retiró.
Taubes y Attia, sin embargo, descubrieron que Arnold y su esposa, Laura, tienen un enfoque particular hacia las obras benéficas. La mayoría de los multimillonarios financian causas de las que han sido parte, como los hospitales donde se trataron o las universidades a las que asistieron. También hay personas que realizan donaciones para satisfacer una necesidad de una comunidad, como la alimentación o la educación. Los Arnold, en cambio, quieren hacer algo distinto y a una escala mayor. John dice que la meta es realizar cambios "transformadores" en la sociedad.
La pareja quiere ver si puede usar su dinero para resolver algunos de los mayores problemas mediante el análisis de datos y la ciencia, con una concentración exclusiva en los resultados y una aversión a los proyectos que no pueden ser cuantificados. Ningún tema es demasiado ambicioso. Además de la obesidad, los Arnold planean incursionar en la justicia penal y la reforma del sistema de pensiones en Estados Unidos, entre otros asuntos.
Anne Milgram, una ex fiscal general del estado de Nueva Jersey contratada para abordar el tema de la justicia penal, lo describe como la estrategia "Moneyball" hacia la caridad, en alusión al libro y posterior película sobre cómo un equipo de béisbol utilizó métodos estadísticos para revolucionar el deporte. Los Arnold tampoco se desanimarán si no obtienen resultados inmediatos: creen que la paciencia es un recurso clave detrás de su dinero.
La Fundación de Laura y John Arnold está financiando un estudio de nutrición de US$26 millones realizado por la ONG de Attia, un proyecto que involucra el uso de cámaras metabólicas. Y ese es sólo uno de los proyectos de la fundación. La pareja otorgó o prometió US$423 millones en donaciones el año pasado, lo que los catapultó al tercer lugar en Estados Unidos, según la publicación especializada The Chronicle of Philanthropy.
Los Arnold no se limitan a la investigación, sino que también financian iniciativas de reformas congruentes con los hallazgos de sus estudios y a los políticos que las defienden.
El enfoque científico hacia las donaciones tiene sus detractores, en particular porque margina a numerosos individuos y organismos locales que necesitan ayuda ahora y podrían beneficiarse de los fondos. La respuesta a la pregunta que se formula más a menudo podría demorar años: ¿funcionará?
Arnold, quien cumplirá 40 el próximo año, es pulcro y bien educado y las entrevistas que ha concedido en su carrera se pueden contar con los dedos de la mano. John y Laura accedieron a una entrevista porque él cree que su carrera como filántropo acarrea obligaciones que no tenía como inversionista privado. "Para abordar estos problemas, tenemos que estar al frente," asevera.
Además de su intelecto, Arnold era reconocido por sus meticulosos estudios de los patrones del clima y las rutas de los gasoductos, y luego por apostar montos gigantescos a la dirección de los precios del gas natural. En 2005, después del Huracán Katrina, el fondo Amaranth Advisors apostó en grande a un alza del gas debido a más tormentas. Arnold hizo la jugada contraria y obtuvo una ganancia superior a los US$1.000 millones. Amaranth terminó en la ruina. Un par de años más tarde, predijo acertadamente una burbuja de las materias primas y casi duplicó su dinero cuando los precios se desplomaron.
Sus amigos, no obstante, cuentan que Arnold ya estaba pensando en donar su fortuna antes de terminar de acumularla. Mike Feinberg, fundador de una cadena de colegios públicos que se gestionan en forma independiente conocida como Knowledge is Power Program, recuerda que Arnold lo llamó, sin conocerlo en persona, cuando todavía trabajaba en Enron y se ofreció como voluntario. Ambos se reunían en un bar y, en medio de las cervezas, hablaban de educación. "No tenía idea de cuánto dinero tenía", afirma.
[image]Foto de Terry Manier
Los Arnold se han concentrado en proyectos de estudio de la obesidad, incluyendo un estudio a gran escala encabezado por el doctor Peter Attia, en la foto dentro de una cámara metabólica.
Arnold, en todo caso, también tiene sus detractores, que resaltan sus lazos con Enron, una empresa energética que algunos acusan de haber terminado en la quiebra por la corrupción y la arrogancia de sus ejecutivos.
Arnold fue contratado en 1996, cuando recién se había graduado de la Universidad de Vanderbilt. Cinco años después, cuando tenía apenas 27 años, fue el empleado mejor remunerado de Enron. Su bonificación en 2001 llegó a los US$8 millones, pero sus transacciones le hicieron ganar a la compañía casi US$1.000 millones. Arnold nunca ha sido acusado de haber actuado de forma inapropiada, pero sus críticos siguen usando su paso por Enron para atacarlo.
La Fundación de Laura y John Arnold le hace honor a su nombre: es una sociedad entre iguales. Me reuní con ellos en la oficina de la entidad en Houston.
Laura fue la primera en llegar. Una mujer impactante de cabello negro y ascendencia puertorriqueña, se graduó de la Escuela de Derecho de la Universidad de Yale y trabajó como abogada de empresas hasta que asumió como asesora legal de Cobalt Energy, una petrolera de Houston que cotiza en bolsa. Es la más conversadora de los dos. Cuando llegó John, vestido de manera informal con pantalones y una camisa a cuadros, se sentó en silencio y dedicó gran parte de los primeros 30 minutos a tomar notas.
Laura dice que el foco de la fundación en los problemas sistémicos que no tienen una respuesta fácil a veces dificulta explicar su misión e incluso representó un desafío para la empresa contratada para diseñar el sitio web. "No tenemos a un grupo de niños sonrientes y fotos de graduación", dice. "No es lo que somos".
No obstante, Laura y John decidieron al poco andar que la fundación no abordaría lo que calificó como "el lado fácil de la filantropía", explicó ella. No es que cuestionen el valor de financiar a grupos establecidos que ayudan directamente a los más necesitados. En realidad, la pareja lo hace en forma privada, señaló. Pero querían concentrarse en problemas de políticas públicas que producen lo que ella llama "ineficiencias morales", en los que sus considerables recursos pueden contribuir a generar soluciones.
"Comenzamos con una misión amplia: cómo producir el mayor bien", interviene John. Su carrera como corredor, subraya, marca el enfoque de la fundación. Quiere dedicar mucho tiempo a estudiar y evaluar información para luego realizar un puñado de grandes apuestas, aunque impliquen un riesgo significativo. "Desde afuera, uno observa a estas fundaciones y ve grupos que evitan el riesgo. Tratan de probar que están teniendo cierto éxito", indica. Pero John quiere explorar ideas que no han sido probadas y que probablemente no serán implementadas por los gobiernos, ni por las empresas ya que no presentan un camino inmediato hacia las ganancias. Añade que es consciente de que muchos —si no la mayoría— de los proyectos de su fundación fracasarán o no producirán ningún resultado. "Si no estás dispuesto a asumir riesgos," sentencia, "el premio final es limitado".
Foto de David Yellen
Anne Milgram, una ex fiscal de Nueva Jersey, fue contrada por los Arnold para mejorar el sistema de justicia penal.
Los Arnold contrataron a Milgram para que analizara el sistema estadounidense de justicia penal, con el mandato de "no preocuparse por los recursos por un tiempo", es decir, no preocuparse por el costo de la investigación.
Milgram se concentró en cómo, a pesar del éxito de la Ciudad de Nueva York en reducir la delincuencia con la ayuda del programa estadístico CompStat, la influencia de los datos empíricos apenas se ha filtrado al nivel local. "Cuesta pensar en un ámbito que sea menos analítico y basado en los datos que los gobiernos locales", observa Milgram.
Un tema que le preocupa a ella y a Laura es cómo EE.UU. gasta US$9.000 millones para mantener tras las rejas a imputados que no han mostrado una conducta violenta y no han sido condenados, cuando hay muy poca evidencia sobre los riesgos que esos acusados representan para la sociedad.
Milgram y su equipo analizaron más de 1,5 millones de casos y crearon una herramienta de evaluación de riesgos para los jueces que será puesta a prueba en tres jurisdicciones este año. La oficina del procurador del distrito de Manhattan planea probar una herramienta similar para los fiscales.
El proyecto de Milgram cumple con uno de los elementos del modelo Arnold: financiar estudios promisorios con montos relativamente bajos —si es que millones de dólares pueden ser considerados bajos— con el compromiso implícito de invertir cantidades mucho mayores si los resultados apuntan a soluciones prácticas.
En otras áreas, como la reforma del sistema de pensiones y la educación, la fundación está invirtiendo en iniciativas que, en su opinión, cuentan con el respaldo de investigaciones sólidas. "Esperamos que una mayor cantidad de decisiones sobre políticas se fundamenten en datos, no sólo en el instinto o el temor" dice Laura.
Esa filosofía es sorprendentemente poco común en el mundo de las grandes donaciones de caridad. "En el caso de los filántropos, gran parte del beneficio y los halagos se producen cuando se anuncia la donación, no cuando se soluciona el problema, y debería ser al revés", opina Steven Levitt, economista y coautor de Freakonomics.
Tras el éxito del libro, Levitt fundó una consultora en 2011 junto a otros distinguidos economistas y psicólogos, entre los que figuran varios premios Nobel, con la idea de alquilar su conocimiento acumulado para resolver problemas.
La firma tiene a muchas empresas como clientes, cuenta Levitt, pero las grandes fundaciones y los filántropos no han mostrado mucho interés. "En realidad, nadie se preguntaba si su dinero hace el bien en el mundo", puntualiza Levitt, quien se ha reunido con los Arnold y admira su sistema.
Los Arnold, que se consideran "demócratas con una mentalidad independiente", aseguran no tener motivaciones políticas y contrataron a Denis Calabrese, un ex operador del Partido Republicano, para que administrara la fundación y forjara su estrategia. John afirma que sólo donan "donde la política comienza a encontrarse en el medio".
Sin embargo, los profesores de Houston consideran a los Arnold como su principal enemigo debido a sus esfuerzos para reformar las pensiones e instaurar un sistema de evaluación más riguroso. "No todo lo que tiene valor se puede medir", dice Gayle Fallon, directora de la Federación de Profesores de Houston.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Debería la filantropía operar como un negocio?

SÍ, LAS BUENAS INTENCIONES NO BASTAN

Para algunos, el hecho de donar dinero a una causa le da el derecho a exigir un progreso medible, una especie de rendimiento sobre su inversión. Para otros, asumir los problemas sociales más desafiantes es costoso, complejo y lento, para lo cual se requiere una mente abierta y creativa.

Por Charles B. Bronfman y Jeffrey R. Solomon

Hay muchas personas que, como Bill Gates, tienen la visión y la disciplina para ser grandes filántropos. O al menos deberían.

Porque Gates entiende lo que cualquier donante, grande o pequeño, debería entender: que para tener un impacto sostenido y estratégico, la filantropía debe ser administrada como un negocio: con disciplina, estrategia y un enfoque sólido en los resultados. Las organizaciones que reciben su apoyo deberían rendir cuentas como lo hace el directorio de una empresa ante sus accionistas. Y eso significa, por encima de todo, que usted debe conocer el rendimiento sobre la inversión.

Por ejemplo, se han comprometido recursos privados para eliminar el polio porque los donantes consideran que el esfuerzo tiene un plan de negocios racional que sigue una misión. En general, todo patrocinador de una causa debería esperar eficiencia en las operaciones y estrategias que se adopten.

En nuestra opinión, los argumentos contra un enfoque más empresarial en la filantropía simplemente no se sostienen. Por ejemplo, quienes lo rechazan señalan que un énfasis en el rendimiento evitará que los donantes ayuden a los más pobres, porque el tipo de problemas que tienen suelen ser los menos propensos a producir resultados positivos, rápidos y medibles.

No aceptamos esa premisa. Concentrarse en la eficiencia y los resultados es un enfoque que funciona en toda clase de entidad benéfica. Siempre debe haber un equilibrio entre ingresos y gastos, y se deben establecer y cumplir metas para que continúe la financiación.

John Weber
La Fundación Robin Hood, que combate la pobreza en la ciudad de Nueva York desde 1988, ofrece un ejemplo elocuente. El grupo evalúa el rendimiento de las inversiones que realiza en varios programas en toda la ciudad. Pero no toma decisiones de financiación sólo con base en las mediciones. También apela a la experiencia de administradores en el terreno y realiza juicios cualitativos al comparar beneficios y costos.

Quienes se oponen también sostienen que si se afianza la filantropía con mentalidad empresarial, menos gente intentará provocar cambios sociales a través de donaciones a movimientos sociales u organizaciones políticas de base. Eso tampoco es verdad. Nada relacionado a los movimientos de base impediría que se beneficien de un enfoque disciplinado. Como donantes, nos gustaría que hubiera claridad sobre los objetivos. Si un grupo quiere obtener mejor infraestructura para una comunidad, puede mostrar el impacto que está teniendo al contar los pozos y las cocinas solares en África Central, o las plazoletas con juegos en un vecindario pobre de Nueva York. Adoptar principios empresariales saludables hace que una organización sin fines de lucro cumpla con su misión.

—Charles Bronfman es presidente del directorio y Jeffrey Solomon es director general de Andrea and Charles Bronfman Philanthropies, una red de fundaciones benéficas.

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NO, LOS MÁS POBRES SEGUIRÁN SUFRIENDO

Por Michael Edwards

No hay duda de que a veces la mentalidad empresarial puede ayudar a la filantropía. Hay problemas que pueden solucionarse al usar tasas de rendimiento e indicadores de éxito fácilmente medibles.

Pero la expresión clave aquí es "a veces". Cuando se trata de filantropía, se pueden tener tantas teorías, sistemas métricos y planes como uno quiera. Pero en la práctica, lo que alimenta el éxito es algo mucho más simple: el deseo y capacidad de hacer lo que haga falta para alcanzar la meta y la libertad de hacerlo de forma creativa. Y ambas cosas están amenazadas por el ascenso de la filantropía administrada como un negocio.

¿Por qué? para empezar, no olvidemos por qué existe la filantropía. Es para llenar un vacio dejado por el mercado y los gobiernos. Por definición, entonces, una mentalidad demasiado empresarial alejará los recursos de las personas más pobres, los problemas más difíciles y las soluciones más importantes, que suelen ser costosas, complejas y lentas.

En ese sentido, la diversidad de estilos de financiación es vital en la comunidad filantrópica, para apoyar distintos tipos de ideas.

¿Qué significa esto? Que hay muchas causas que difícilmente obtienen financiación por parte de enfoques empresariales. Entre ellas: causas que apoyan gobiernos sólidos, movimientos sociales y acciones de base, las cuales pueden ser cruciales para obtener resultados donde más importan. Filántropos con mentalidad demasiado empresarial consideran que el gobierno es un inconveniente que estorba a la hora de solucionar problemas que les incumben. Pero ninguna sociedad en la historia ha prosperado sin inversión pública, infraestructura, leyes y regulación. La filantropía debería generar la demanda para estas cosas en lugar de sustituir la acción del gobierno. Pero para hacerlo, debe apoyar a organizaciones sin fines de lucro, para que impulsen cambios, no sólo para que entreguen resultados medibles predeterminados.

Una monocultura empresarial, en la que todos cumplen el mismo criterio para dar, es inefectiva, no democrática y menos divertida. Reduce la filantropía a poco menos que un ejercicio de contabilidad.

Al final, los donantes de organizaciones sin fines de lucro no son accionistas. No tienen un rango superior a otros miembros. Las agencias deben rendir cuentas no sólo a los donantes y reguladores, sino a quienes ayudan. Y eso es bueno: los afianza en sus comunidades y los mantiene independientes de intereses poderosos que podrían buscar manipularlos, sin importar cuán bien intencionados sean.

Si no tenemos cuidado, la filantropía podría degenerar en un sistema de control, no un sistema de apoyo al cambio social.

—Edwards es un distinguido investigador de Demos, un grupo de investigación y activismo con sede en Nueva York.

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El arte de la recaudación: de gota en gota se llena la copa





Cuando los problemas económicos causan una reducción de las grandes donaciones, más organizaciones sin fines de lucro están recurriendo a pequeños donativos conseguidos a través de métodos no tradicionales. Muchas están usando redes sociales en línea para atraer una gran cantidad de benefactores necesarios para que las pequeñas contribuciones asciendan a totales importantes, a menudo gracias a individuos que reclutan a sus amigos y otras personas para que ayuden.

"De la misma forma que las microfinanzas usan herramientas innovadoras para alcanzar los mercados de crédito y resolver problemas en países pobres, la microfilantropía usa el mismo enfoque innovador que tiene la recaudación de fondos", afirma Una Osili, directora interina de investigación del Centro de Filantropía de la Universidad de Indiana, en Indianápolis.

La tendencia ha tomado impulso desde que la Cruz Roja de EE.UU. recaudó unos US$32 millones con donaciones de US$10 a través de mensajes de texto, luego del terremoto en Haití en 2010. El éxito de esa campaña abrió los ojos de muchos donantes y organizaciones sin fines de lucro a las posibilidades de la microfilantropía.

[MICRO]Peter Hoey
Construcción de redes

Las pequeñas donaciones no reemplazan las altas sumas que siempre han financiado las organizaciones benéficas de gran escala. En cambio, son una forma de diversificar la recaudación de fondos para que no dependan demasiado de ningún método en particular, afirma Osili.

Como otras organizaciones sin fines de lucro, charity:water, una fundación de Nueva York dedicada a brindar agua potable a personas en países en vías de desarrollo, usa métodos de recaudación de fondos tradicionales y no tradicionales para distintos propósitos. Las grandes donaciones de fuentes privadas y corporativas financian las operaciones de la entidad, mientras que 100% de las donaciones a través de canales alternativos, como medios sociales y los distintos sitios web de la organización, son destinados directamente a proyectos de agua.

Cerca de 70% de las donaciones a charity:water proviene de canales digitales, principalmente de individuos que dan dinero a través de su principal sitio web.

Mycharitywater.org ha acumulado US$11,5 millones desde agosto de 2009. Los recaudadores de fondos individuales han hecho de todo, desde correr maratones hasta poner puestos de limonada. La campaña promedio ha conseguido US$1.000, dice Paull Young, director de participación digital de charity:water. "El día de su cumpleaños, Justin Bieber le pidió a la gente que donara", dice.

Un beneficio de las plataformas de recaudación en línea es que hay menos costos administrativos que a través de métodos más tradicionales como campañas por correo tradicional o por teléfono, afirma Toni Maloney, cofundadora y presidenta ejecutiva del Business Council for Peace, o Bpeace.

El donante dorado

Bpeace es una red sin fines de lucro de profesionales de los negocios que buscan generar empleos y respaldar el desarrollo económico de las mujeres en países afectados por conflictos armados, al ayudar a emprendedoras en esas zonas a expandir sus empresas. Una forma que tiene de recaudar fondos es a través de pequeñas donaciones de personas que leen los blogs que relatan los esfuerzos de los voluntarios y el progreso de las compañías a las que ayudan. También obtienen apoyo de donantes que acuden a amigos y socios para campañas periódicas de recaudación de fondos.

Un peligro de depender demasiado de la recaudación de fondos entre pares, afirma Maloney, es que algunos contribuyentes están más interesados en la campaña de recaudación de fondos del amigo que en la organización. Y si el amigo pasa a otra causa, la organización sin fines de lucro podría perder muchos de los donantes que trajo esa persona.