
Por Maryem Castillo / El País




Richard Borge

Por Sergio Jara Román / América Economía
Los ejecutivos de General Electric conocen el lado amable de la colaboración masiva. Buscando ideas para llenar su pipeline de proyectos sobre energía sustentable, la compañía organizó el programa “Ecoimagination Challenge", un concurso abierto vía internet para recoger ideas de ciudadanos comunes y corrientes de todo el mundo. La compañía ya ha recibido 4.800 ideas, de las cuales 200 provienen de Latinoamérica. De hecho, GE tiene un fondo de US$200 millones aportados por compañías de capital de riesgo para financiar las mejores.
Se trata de un sistema de colaboración que ya se ha popularizado como crowdsourcing: la masa como proveedora de servicios. “El crowdsourcing permite llegar a un público masivo de una forma rápida, expedita y a un costo más bajo, al mismo tiempo que plasma en una misma plataforma las visiones, vivencias y necesidades de personas en distintas partes del mundo”, dice la argentina Cecilia Albuixech, gerenta de comunicaciones corporativas para Chile, Perú y Argentina de GE.
Hay portales especializados que llevan estos modelos a las empresas. Es el caso de Worth1000.com, en el que una bolsa de creativos compite con sus propuestas en concursos propuestos por organizaciones que buscan resolver problemas de diseño. Innocentive.com es un esquema similar, pero para reunir conocimientos químicos, físicos e ingenieriles. En ambos, las empresas deben ofrecer un premio en dinero a la propuesta ganadora.
Para los informáticos, el crowdsourcing no es un concepto nuevo. Lo popularizaron a fines de los 90 mediante modelos de colaboración online para desarrollar software libre. Muchos programadores dedicaron horas gratuitas de trabajo conectados a internet para colaborar en la creación del sistema operativo Linux. Con ello, muchos nuevos paquetes de programas se terminaron en tiempo récord y a bajo costo. Lo novedoso es que esta misma lógica se está llevando a nuevas aplicaciones y funcionalidades no sin generar controversia.
“No se buscan soluciones solamente dentro de la organización”, dice el argentino Lisandro Sosa, gerente general de SQL Consultora, basada en Buenos Aires. “Acá se trata de innovar incorporando a mucha gente común y corriente que está demostrado que aún tenemos la capacidad de solucionar problemas complejos que ni los algoritmos más avanzados han podido enfrentar”.
La artificial inteligencia artificial. Las nuevas aplicaciones de crowdsourcing justamente buscan poner el intelecto humano donde la computación fracasa. Un grupo de hackers llamados The Extraordinaries crearon una de las aplicaciones online más exitosas para encontrar gente después del terremoto de Haití: en el epicentro del terremoto se subían a un sitio online cientos de fotos de personas encontradas, mientras otros subían fotos de personas a las que estaban buscando. Usuarios conectados a internet en todo el mundo revisaban estos archivos e iban marcando coincidencias. Miles de personas dedicaron su tiempo para ayudar a esta tarea totalmente gratis. Este uso del criterio humano en labores que inicialmente se pensaba que podrían ser hechas por computadoras (la identificación de rostros en distintas imágenes) ya es conocido como la Inteligencia Artificial Artificial.
El problema es que los objetivos no siempre son tan nobles. El gobierno de Irán, por ejemplo, creó una aplicación en el portal www.gerdab.ir para identificar a las personas que participaban en protestas en Teherán de acuerdo a los datos que tenían en sus registros de ciudadanos. Un pequeño beneficio monetario ofrecido a quienes hicieran una identificación ayudó a que cada usuario se transformara “en un apoyo a la seguridad nacional”, como decía el portal del gobierno.
Un ejemplo distinto es lo que hace Samasource.org, plataforma creada por una organización sin fines de lucro que busca dar trabajo en países poblados, con alto desempleo y un parque suficiente de conexiones a internet. Por ejemplo, gente en India o en Irak revisa fotos en sus teléfonos móviles, marcando si el contenido es ofensivo o adecuado. A veces, el usuario en India debe agregar en palabras si la imagen se trata de un perro, un tigre o un auto. Asi mismo la persona desde su celular puede leer un contenido y ver si es que usa un lenguaje inadecuado y hace propuestas de edición. Por cada respuesta enviada recibe algunos centavos. ¿Tonto? Miles de personas haciendo lo mismo es lo que permite que grandes portales al estilo de LInkedin y Ask.com editen y protejan muchos de los contenidos creados por las redes sociales. Crowdsourcing como editores de contenidos.
Sin embargo, crowdsourcing y redes sociales no siempre crean círculos virtuosos. Una gran polémica surgió en Estados Unidos cuando se descubrió que un grupo de aseguradoras pagaba a miles de usuarios en redes sociales para que participaran activamente en debates en línea criticando la reforma de salud del gobierno de Obama. Lo curioso es que no pagaban en dólares, sino en monedas virtuales para ser usadas en juegos como Farmville. Hoy hay portales establecidos como Speak.org.uk y Subvertandprofit.com que ayudan a organizar protestas masivas para determinadas causas, ya sea en el mundo real como en internet. Con el advenimiento de este tipo de prácticas que facilita la participación colectiva no se podrá distinguir la honestidad ni la verdadera motivación de sus participantes.
“El crowdsourcing genera un desafío muy fuerte para la institucionalidad que surge de internet, pues en la colaboración colectiva, muchos no entienden el tipo de proceso del que están participando ni el objetivo final de su trabajo”, dice el estadounidense Jonathan Zittrain, profesor de derecho de Harvard y quien se ha especializado en los desafíos legales de internet. Su reciente libro The Future of the Internet and How to stop it desarrolla algunos de los desafíos que empuja el crowdsourcing. “En un modelo de crowdsourcing, un grupo de expertos podría estar colaborando para armar un arma nuclear, sin saberlo”.
Pero del crowdsourcing surgen también oportunidades invaluables. Liveops.com, por ejemplo, es un centro de llamados en la nube. Si un usuario está con tiempo libre y requiere pesos adicionales, entonces puede registrarse en el sitio, descargar la aplicación de Liveops y convertirse en un telefonista de un call center. Las ventajas de costos que ofrece una solución como ésta a empresas que requieren un servicio telefónico liviano son las mismas que busca GE al lanzar su concurso por proyectos de energía sustentable. El desafío próximo es cómo hacer que las masas se responsabilicen de lo que hacen.


Un investigador de IBM examina las limitaciones de la colaboración a través del software.
Por Jodi Slater
Imagen: Irene Greif
En la década de los 80, mucho antes del surgimiento de las redes sociales en línea, Irene Greif ayudó a fundar el campo del trabajo cooperativo asistido por ordenador (CSCW, computer-supported cooperative work), que explora el modo en que la tecnología ayuda a las personas a colaborar. Hoy en día, Grief tiene la categoría de 'Fellow' en IBM, la distinción técnica más alta de la empresa, y es directora de experiencia de usuario colaborativa en IBM Research. Jodi Slater, que trabajó con Grief en Lotus Development después de haber sido comprada por IBM en los años 90 y más tarde cofundó la consultoría de negocios MarketspaceNext, recientemente habló con Grief para Technology Review acerca de por qué algunos de los problemas más difíciles de la colaboración no tienen nada que ver con la tecnología.
TR: ¿Qué tienen de distinto las tecnologías actuales dedicadas a ayudar a que los empleados colaboren de las que existían antes, como por ejemplo Lotus Notes?
Greif: Lo que hizo que los investigadores estuvieran interesados en iniciar este campo [CSCW] fue que los antropólogos entraron en las oficinas y comenzaron a ver el tipo de cosas que se rompen al depender demasiado de la automatización. Lo que pasó, principalmente, fue que dado que la automatización se producía en línea, las personas no estaban involucradas, y las conversaciones personales se eliminaron.
Esto sirvió de advertencia: "No te emociones demasiado con la automatización, ya que podría romper las cosas". [Uno de los problemas fue que] las cosas informales [en cuanto a las interacciones en la oficina] se producían fuera de línea, y las oficiales en línea. Eso es lo que realmente ha cambiado más. Puesto que ahora gran parte de las cosas informales está en línea, podemos tratar de unir ambas cosas. Con cada vez más frecuencia tratamos de vincular los flujos de trabajo formales y la información informal, y tenemos la oportunidad de actuar en vez de preocuparnos como lo hicimos en los años 80.
¿Qué pasa con la gestión del conocimiento, que pretendía crear almacenes centrales dentro de las empresas para obtener información que de otro modo acabaría esparcida por todas partes? ¿Por qué no tuvo más éxito?
La gestión del conocimiento se centró en hacer la siguiente pregunta: "¿Cómo podemos sacar la información de la cabeza de la gente? ¿Cómo podemos obligar a las personas a escribirla?" Eso, simplemente, no funcionó. En la actualidad, el software social está atrayendo a la gente, y dichas personas aportan información. Está sucediendo de forma mucho más natural.
¿Cómo ha funcionado todo esto en IBM?
Empezamos tomando ideas que funcionaban en Internet y las trajimos a la empresa. Queríamos ver si esas ideas tendrían éxito de forma natural dentro de una empresa. Dogearera exactamente ese tipo de experimento, puesto que estábamos tomando algo que había existido [en Internet] en Delicious para compartir favoritos [sobre puntos de interés en línea] y lo incorporamos internamente. La gente tenía que usar sus nombres reales, y podía marcar las cosas dentro y fuera de la empresa. Para realizar búsquedas en la intranet, a la gente le gustaba más lo que obtenían de Dogear que lo que recibían de una búsqueda normal en la intranet, basada principalmente en el análisis de texto. Hoy día es una característica estándar y el director de información la ha puesto en nuestra página de búsqueda.
¿Cuál es la lección para otras compañías?
Si usted es un director de información y está tratando de decidir si comprar un producto, y quiere saber si todo el mundo va a usarlo, y si se le va a juzgar por el hecho de que tras comprar algo todo el mundo empiece a utilizarlo, es necesario asegurarse de estar midiendo el uso correctamente. Dogear, en particular, no es utilizado por un gran número de personas, y no está claro si sería mejor si más gente lo utilizase, y eso forma parte de la interesante magia de todo esto. Las personas auto-seleccionan las herramientas que utilizan. Probablemente sólo el 10 por ciento de la compañía es activa a la hora de compartir favoritos, aunque debido a que estamos combinando marcadores con resultados de búsqueda internos, el resto de personas están recibiendo un beneficio de esa colección de favoritos.
¿Qué cualidades definirán el próximo gran paso en la colaboración?
Creo que no se trata de la tecnología per se, sino sobre la búsqueda de tecnologías que sean resistentes contra los controles [por la administración]. Cuando llegué por primera vez a Lotus, me emocionaba el hecho de que cualquiera pudiese crear una base de datos de Notes en un servidor y configurar el control de acceso de una manera muy intuitiva. Cualquier persona, no un administrador de base de datos, podía crear un lugar de encuentro. Poco a poco, con el tiempo, los administradores de TI exigieron más control. Había que presentar una solicitud para crear una base de datos; había que presentar una solicitud de cambio de control de acceso. Como resultado, muchos de los lugares [que usaban Notes] no poseían la "experiencia del grupo" de Notes, y sólo lo utilizaban para el correo electrónico.
La otra cosa importante es que habrá que ser lo suficientemente resistente como para sobrevivir dentro de la estructura de una organización y soportar los controles que se puedan imponer sobre cómo se aplica. Por ejemplo, es posible que las empresas que insistan en hacer pequeños proyectos experimentales de programas de software sociales frenen tanto el efecto viral que nunca vean el beneficio y no acaben convencidas. Algún día el mundo entero poseerá software social, aunque durante toda esta fase de evaluación, cualquier persona que se haya quedado atascada en los estilos antiguos de evaluación no podrá ver su valor.
¿Cuál debería ser el objetivo de todos estos programas?
Siempre he creído que la colaboración es más significativa cuando realmente se crea algo juntos y cuando compartimos nuestros pensamientos antes de que sean productos terminados. Si sólo estoy dispuesto a enseñar algo tal como un documento ya pulido, usted puede modificarlo o cambiarlo un poco, pero realmente lo no estará haciendo conmigo.
La gente tiene que confiar en los demás para hacerlo. Es arriesgado mostrar a la gente nuestros pensamientos sin terminar. Durante mucho tiempo las tecnologías permitían hacer eso; la gente no siempre lo hacía. El software social, en la medida en que trata de ayudar a la gente a construir confianza y sentirse cómoda con un tipo de comunicación más informal y ligera, podría hacer posible que un mayor número de nuestros intentos de colaboración acaben siendo una colaboración real.