Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La web está muriendo; las aplicaciones la están matando

miércoles, 19 de noviembre de 2014 0:02 EDT
http://lat.wsj.com/articles/SB12554947358738084738504580285061040274690?tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB12554947358738084738504580285061040274690.html
Phil Foster
La web —ese delgado revestimiento de diseño para humanos que recubre el murmullo técnico que constituye Internet— está muriendo. Y la forma en que está muriendo tiene implicaciones con mayor alcance que casi cualquier otro asunto tecnológico en la actualidad.
Piense en su teléfono móvil. Todos esos pequeños íconos en su pantalla son aplicaciones, no sitios web, y funcionan de formas que son fundamentalmente distintas a la forma en que funciona la web.
Montañas de datos nos dicen que, en total, estamos dedicando a las aplicaciones el tiempo que en su momento dedicábamos a navegar por Internet. Estamos enamorados de las aplicaciones, y se han impuesto. En teléfonos, 86% de nuestro tiempo se dedica a aplicaciones, y sólo 14% a la web, según la empresa de análisis móvil Flurry.
Esto podría parecer un cambio trivial. Antes, imprimíamos las instrucciones para llegar a algún sitio tomadas del sitio web MapQuest, que a menudo estaban mal o eran confusas. Hoy, abrimos la aplicación Waze en nuestros teléfonos y nos guía por la mejor ruta para evitar el tráfico en tiempo real. Para quienes recuerdan cómo solía ser, esto es un milagro.
Todo lo referente a las aplicaciones se siente como una ventaja para los usuarios: son más rápidas y más fáciles de usar que lo anterior. Pero debajo de toda esa conveniencia hay algo siniestro: el fin de la misma apertura que permitió que las empresas de Internet crecieran para convertirse en unas de las firmas más poderosas o importantes del siglo XXI.
Por ejemplo, pensemos en la más esencial de las actividades para el comercio electrónico: aceptar tarjetas de crédito. Cuando Amazon.com debutó en la web, tenía que pagar varios puntos porcentuales en tarifas por transacciones. Pero Apple se queda con 30% de cada transacción que se realiza dentro de una aplicación vendida a través de su App Store, y “muy pocas empresas en el mundo pueden soportar ceder esa tajada”, dice Chris Dixon, inversionista de capital de riesgo de Andreessen Horowitz.
Las tiendas de aplicaciones, ligadas a sistemas operativos y aparatos particulares, son jardines enrejados donde Apple, Google, Microsoft y Amazon fijan las reglas. Por un tiempo, eso significó que Apple prohibió bitcoin, una moneda alternativa que para muchos especialistas en tecnología es el desarrollo más revolucionario en Internet desde el hipervínculo. Apple prohíbe regularmente aplicaciones que ofenden sus políticas o su gusto, o que compiten con su propio software y servicios.
Pero el problema con las aplicaciones es mucho más profundo que las formas en que pueden ser controladas por guardianes centralizados. La web fue inventada por académicos cuya meta era compartir información.
Ninguno de los implicados sabía que estaban creando el mayor creador y destructor de riqueza que se haya conocido. Así que, a diferencia de las tiendas de aplicaciones, no había forma de controlar la primera web. Surgieron los cuerpos que fijan reglas, como Naciones Unidas pero para lenguajes de programación. Empresas que hubieran querido eliminarse mutuamente del mapa fueron obligadas, por la misma naturaleza de la web, a acordar revisiones del lenguaje común para páginas web.
El resultado: cualquiera podía crear una página web o lanzar un servicio nuevo, y cualquiera podía acceder a él. Google nació en un garaje. Facebook nació en la residencia estudiantil de Mark Zuckerberg.
Pero las tiendas de aplicaciones no funcionan así. Las listas de aplicaciones más descargadas ahora llevan a los consumidores a adoptar esas aplicaciones. La búsqueda en las tiendas de aplicaciones no funciona bien.
La web está hecha de enlaces, pero las aplicaciones no tienen un equivalente funcional. Facebook y Google intentan solucionarlo al crear un estándar llamado “enlace profundo”, pero hay barreras técnicas fundamentales para lograr que las aplicaciones se comporten como sitios web.
La web buscaba exponer información. Estaba tan dedicada a compartir por encima de todo que no incluía una forma de pagar por cosas, algo que algunos de sus primeros arquitectos lamentan hasta hoy, ya que obligó a la web a sobrevivir con un modelo basado en la publicidad.
La web no era perfecta, pero creó espacios comunes donde la gente podía intercambiar información y bienes. Obligó a las empresas a desarrollar tecnología que estaba diseñada explícitamente para ser compatible con la tecnología de la competencia.
Hoy, cuando las aplicaciones se imponen, los arquitectos de la web la están abandonando. El más reciente experimento de Google para email, llamado Inbox, está disponible para los sistemas operativos de Android y Apple, pero en la web no funciona en ningún navegador excepto Chrome. El proceso de crear nuevos estándares web se ha estancado. En tanto, las empresas con tiendas de aplicaciones están dedicadas a que las suyas sean mejores que —y completamente incompatibles con— las de sus competidores.
Muchos observadores de la industria creen que esto está bien. Ben Thompson, un analista independiente de tecnología, me dijo que cree que el dominio de las aplicaciones es el “estado natural” del software.
Lamentablemente, debo coincidir. La historia de la computación son empresas que intentan usar su poder de mercado para dejar afuera rivales, incluso si es negativo para la innovación y el consumidor.
Eso no significa que la web desaparecerá. Facebook y Google aún dependen de ella para brindar un flujo de contenido al que se puede acceder desde el interior de las aplicaciones. Pero incluso la web de documentos y noticias podría desaparecer. Facebook anunció planes de albergar el trabajo de las editoriales dentro de Facebook mismo, convirtiendo a la web en sólo una curiosidad, una reliquia.
Creo que la web fue un accidente histórico, una instancia anómala de una poderosa tecnología nueva que pasó casi directamente de ser un laboratorio de investigación financiado por el estado al público. Tomó desprevenidos a gigantes como Microsoft, y llevó al tipo de disrupción que las empresas de tecnología más poderosas actualmente preferirían evitar.
No es que los reyes del actual mundo de las aplicaciones quieran aplastar la innovación. Sucede que en la transición a un mundo en el cual los servicios se entregan a través de aplicaciones, más que en la web, estamos ingresando a un sistema que dificulta mucho más la innovación, el descubrimiento imprevisto y la experimentación para quienes desarrollan cosas que dependen de Internet. Y hoy, eso significa prácticamente todo el mundo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

La guerra de los adolescentes por la privacidad en Internet ¿Por qué deberían ser escuchados?

Por Wharton Universia / http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/la-guerra-de-los-adolescentes-por-la-privacidad-en-internet-por-que-deberian-ser-escuchados/
En los primeros tiempos de los medios sociales, Danah Boyd fue invitada a participar en un panel junto con algunos representantes de varias marcas de gran consumo. Un compañero de panel que trabajaba en Coca-Cola comentó con satisfacción que la marca de su empresa era la más popular de MySpace. Boyd (que escribe su nombre siempre con minúsculas), no se contuvo y rió. El moderador quiso saber por qué. Ella explicó que también había percibido cómo la Coca era popular en la web y dijo saber el motivo. La “marca” más popular no era la Coca Cola, era la cocaína.
Gerentes, profesionales de marketing, programadores y analistas de datos que entienden de marcas en Internet jamás cometerían ese tipo de error hoy en día, ¿o sí lo cometerían? Boyd, autoridad en medios sociales de reputación internacional —el Financial Times se refirió a ella como la “gran sacerdotisa” de las redes sociales— dijo a la audiencia en una reciente Conferencia de Wharton sobre Internet que cada vez es más difícil incluso para profesionales de Internet descifrar el código en constante transformación que utilizan las personas para interaccionar online.
Boyd describió los medios cada vez más sofisticados a que recurren los usuarios (especialmente los adolescentes, futuros clientes de las empresas) para crear posts que preservan su privacidad, transmiten mensajes ocultos para destinatarios específicos y llegan incluso a secuestrar los algoritmos cuidadosamente elaborados por los anunciantes que determinan qué publicidad se envía a los consumidores. Boyd también habló sobre cómo el propio acto de planear y crear tecnología nos involucra en cuestiones culturales y políticas más amplias y las implicaciones de eso que sólo ahora comenzamos a comprender.
A los jóvenes no les importa la privacidad, ¿verdad?
Boyd, que tiene formación en etnografía, pasó la última década viajando por EEUU conversando con jóvenes sobre la forma que tienen de usar las tecnologías sociales. “Me dijeron que a los jóvenes, actualmente, no les importa la privacidad”, dijo ella. “Y, sin embargo, a partir del momento que salí por ahí y comencé a conversar con ellos, descubrí que los jóvenes se preocupan mucho por la privacidad, inclusive en el ambiente online. Pero, añadió, el esfuerzo que hacen para conseguir esa privacidad a veces confunde a quienes están fuera.
Boyd proporcionó ejemplos de adolescentes que intentan usar los medios sociales de formas que no sólo protegen su privacidad en diferentes grupos de amigos, sino también los protege de figuras de autoridad, como sus padres, profesores y asistentes sociales. En un escenario clásico bien conocido por la mayoría de los padres de adolescentes, una chica que estaba siendo entrevistada en una radio pública se quejó de que su madre leía todos sus posts. La joven insistía en que “necesitaba privacidad”. La madre dijo que a partir del momento en que la hija había puesto una información en Internet “para que la viera todo el mundo”, ella también tenía derecho a verla. La respuesta de la joven fue cambiar de medio social y abandonar aquel en que su madre se sentía cómoda.
Pero Boyd destacó que el predominio de los medios sociales cambió los conceptos que teníamos que “público” y “privado”. Ella dio el ejemplo de dos personas que estaban conversando en un pasillo. El diálogo sería privado, a menos que una de las partes decidiera repetir partes de la conversación a otra persona. Pero cuando se está online, todas las conversaciones son públicas, preservadas íntegramente para quién quiera leerlas. La persona que las hace públicas necesita hacer algún tipo de esfuerzo para que sean privadas.
Los jóvenes, dijo Boyd, prefieren no revelar ciertas cosas porque creen que sería embarazoso divulgarlas, o porque podrían cambiar la dinámica de sus relaciones. Al mismo tiempo, ellos esperan que el público preste atención al contexto en el cual se mueven, por ejemplo, la joven que esperaba que su madre comprendiera que no está bien leer los posts de la hija. “Me encontré en numerosas ocasiones con jóvenes diciendo: ‘¿Qué están haciendo los adultos en mi red social? Este no es su sitio. ¿Es que no lo entienden?’ O: ‘Yo no miraría lo que ellos publican, ¿por qué ellos miran lo que yo he publicado?’”
Privacidad es mucho más que resolver simplemente cuestiones técnicas de control de acceso, dijo Boyd. “Es la manera que tienen las personas de vivir y experimentar la privacidad. Desde varios puntos de vista, privacidad tiene que ver con el control de la situación social”. A continuación, Boyd contó el caso de un joven afroamericano de 14 años que se sintió frustrado con Facebook. Él dijo a Boyd que frecuentaba una escuela cara, pero que su familia tenía un estatus socioeconómico modesto. Sus dos identidades, dijo Boyd, chocaban constantemente en los medios sociales. Por ejemplo, un grupo hace bromas sobre el otro a causa de las preferencias tan diferentes que tenían sobre vídeos. “Él cree que debería ser obvio con quien está conversando, pero se ve obligado a cambiar de código todo el tiempo”, dijo Boyd refiriéndose a la práctica de alternar entre tipos diferentes de lenguaje en la misma conversación. “Esa es una de las dificultades que encuentro con frecuencia entre los jóvenes. Ellos usan la tecnología, intentan separar esos mundos, pero no funciona”.
Otro adolescente que Boyd conoció borraba con frecuencia los posts que ponía en Facebook, una práctica que una joven llamó “blanqueamiento del muro”. El objetivo era impedir que su red acumulara eventos del pasado que pudieran detonar un “drama” en el presente. Sin embargo, una manera mucho más común de conseguir privacidad, dijo Boyd, consiste en “ocultar una cosa dejándola bien a la vista”. Ella proporcionó el ejemplo de una joven, Carmen, de 17 años, que quería comunicarles a sus amigos, pero no a su familia, la rotura dolorosa con su novio. La joven puso una referencia a la canción “Always look on the bright side”, de una película del grupo Monty Python, cuyo significado es exactamente el opuesto de lo que dice el título. Carmen sabía que la referencia cultural angloamericana no sería comprendida por su familia, que es argentina, pero que sería evidente para sus compañeros. La joven consiguió comunicar diferentes señales a públicos distintos de forma simultánea, dijo Boyd, añadiendo que “saber navegar en esos foros públicos se convierte en algo muy difícil”.
Para los adolescentes, Snapchat ofrece una manera de evitar problemas a causa de cosas que más tarde pueden ser sacadas a relucir fuera de contexto.
Según Boyd, ese desafío explica por qué muchos adolescentes prefieren usar varias webs como Twitter, Tumblr e Instagram en un esfuerzo por separar los grupos diferentes de personas en sus vidas. Respecto a Facebook, Boyd bromeó: “No podemos convivir con todas las personas que conocemos en una misma habitación. Es raro”. Ella dijo que la “era de Facebook como plataforma única para todas las personas era una anomalía total”, y añadió que se sorprendió de que haya durado tanto. “Tiene sentido fragmentar servicios diferentes, de la misma forma que cuando estamos en espacios públicos, socializamos en bares o lugares diferentes con grupos distintos de personas”.
Cómo Snapchat cambia el juego
Las cuestiones de privacidad y de control social están volviendo a transformarse en un servicio como el de Snapchat, dice Boyd. El hecho de que Snapchat haga los mensajes efímeros constituye un “cambio en la práctica” que es, “en realidad, mucho más importante de lo que la mayor parte de las personas imagina”, dijo. Mientras las personas “de la franja de los veinte y pocos años están mandando imágenes sensuales”, dijo Boyd, no es esto lo que están haciendo los adolescentes. Para ellos, Snapchat ofrece un medio de evitar problemas a causa de cosas que pueden ser sacadas a relucir de forma posterior fuera de contexto.
Aunque se sepa que hay una batalla muy intensa en torno a las imágenes de Snapchat, ya que hay quienes cuestionan si desaparecen de hecho después del tiempo especificado, Boyd resaltó que “desaparecen socialmente”. Ella hizo una distinción entre los snaps y la avalancha de tuits y de instagrams que mucha gente recibe, y que muchos de nosotros no estamos en condiciones de seguir. Cuando recibe un snap, dijo Boyd, “usted para y piensa: ‘¿Tengo sólo siete segundos para prestar atención a esto?’, porque cuando comienzas a mirar, la imagen desaparece”. Ella llamó a ese tipo de comunicación “bello foco de atención en un mundo en que todo es un flujo constante”.
Juguetear con algoritmos
Boyd destacó también algunas maneras a que los jóvenes han recurrido para “cambiar el flujo de contenido” sólo por diversión, lo que influye en los análisis de datos de profesionales de marketing y anunciantes. Algunos adolescentes descubrieron que si ponen nombres de marcas en los posts ellos aparecen más cerca de los primeros puestos de los feeds de sus seguidores. “No tienen sentido cuando se leen [es decir, si se leen] desde la perspectiva ‘humana’”, dijo Boyd. “Desde el punto de vista del algoritmo, sin embargo, es como si Nike estuviera volviéndose realmente importante”. Además, los nombres de productos, imágenes aleatorias y links también se utilizan con el objetivo de destacar más los posts. Boyd añadió que para los chicos de 15 años, “nada es más gracioso” que usar el Gmail de manera que haga que los anunciantes comiencen a mandar anuncios de pañales a sus amigos.
Así como las personas manipulan empresas online, las empresas, es evidente, también manipulan a las personas online. Boyd mencionó algunas cuestiones sociales problemáticas derivadas del seguimiento que las empresas hacen de las informaciones personales de los individuos. Un ejemplo que fue muy divulgado fue un caso que tuvo lugar en 2012 cuando Target básicamente “sabía” que una joven de 16 años estaba embarazada antes incluso de que su padre lo supiera. La analítica de previsión de la empresa identificó su situación según ciertos patrones de compras y comenzó a mandarle anuncios de productos para bebés. El padre percibió el “error”, se quejó furioso al gerente de la tienda y, por último, descubrió la verdad. Boyd dijo que ese episodio muestra que las empresas suelen tomar decisiones de marketing y de negocios sin pensar en las implicaciones sociales o culturales.
Boyd contó otra historia que llegó a los medios de comunicaciones, esta vez en junio, sobre Facebook y el “contagio emocional”. Facebook hizo una prueba con 689.003 usuarios, que no sabían nada, para ver si cambiando lo que se publicaba en su muro modificaría su perspectiva emocional reflejada en sus propios posts (y comprobó que sí). Boyd destacó que pudo ver cómo, desde el punto de vista de una decisión empresarial, la práctica en que Facebook se había involucrado era del mismo tipo que sus actividades normales de “seleccionar y organizar informaciones. Ellos hacen eso a diario; intentan hacer que se sientan felices para que no abandonen el servicio ofrecido”. El problema de hecho, según Boyd, era la incomodidad cultural de las personas que se veían sin control de la situación. Ese tipo de reacción social adversa podría ser muy perjudicial para una empresa que no estuviera tan involucrada en la vida de las personas como Facebook.
Del marketing a las medidas policiales
Boyd previó que un número cada vez mayor de empresas se involucrarán en cuestiones sociales y políticas si no prestan más atención al posible impacto de sus innovaciones digitales. Los riesgos se vuelven aún mayores cuando la tecnología se pone al servicio del crimen y del castigo, dijo ella, según se puede comprobar en el uso actual que hacen algunos estados de la “actuación policial predictiva”. Usar la tecnología para anticipar donde ocurrirán los crímenes y enviar allí un gran número de policías, dijo Boyd, es algo complejo, porque eso puede elevar el número de búsquedas y encarcelamientos sin fundamento en esas regiones. Otra cuestión complicada tiene que ver con la catalogación del ADN de las personas, donde hay informaciones no sólo sobre el individuo, sino también sobre sus parientes biológicos, inclusive lejanos. Boyd pidió al auditorio que reflexionara sobre lo siguiente: actualmente, el banco de datos de la policía puede evaluar las personas con quienes un individuo determinado está relacionado.
Boy dijo al público de profesionales de tecnología que ellos ya no estaban creando sólo tecnología; ellos estaban construyendo un aspecto fundamental de la sociedad. Ella les pidió que reflexionaran sobre los efectos más amplios de sus actividades cotidianas sobre cuestiones de lealtad, privacidad, políticas y culturales. “Estamos todos involucrados en eso, aunque no estemos construyendo sistemas de interfaz, aún cuando estamos construyendo cosas que nada tienen que ver con grandes bancos de datos”. Sólo porque podamos crear alguna cosa, se preguntó Boyd, ¿eso significa que debamos hacerlo?

martes, 8 de julio de 2014

Mark Zuckerberg: acceso para todos

July 8, 2014 12:02 a.m. ET
http://online.wsj.com/news/articles/SB10001424052702303734204580015820391470294?tesla=y&tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB10001424052702303734204580015820391470294.html
Ha habido momentos en la historia en los que una nueva tecnología ha transformado completamente la forma en la que vive y funciona nuestra sociedad. La imprenta, la radio, la televisión, los celulares e Internet son algunas de ellas. En las próximas décadas veremos una mayor revolución, cuando miles de millones de personas se conecten por primera vez a la web.
Actualmente, poco más de un tercio del mundo está conectado, cerca de 2.700 millones de personas. Es fácil olvidarse del valor que tiene Internet y asumir que la mayoría de las personas pronto tendrán el acceso y las oportunidades que tenemos, pero no es el caso. Conectar a todos es uno de los retos fundamentales de nuestra generación.
Cuando la gente tiene acceso, no sólo se conecta con sus amigos, familiares y comunidades, también obtiene la oportunidad de participar en la economía global. Una investigación de McKinsey & Co. de 2011 muestra que Internet ya representa una mayor participación en la actividad económica que la agricultura y la energía en muchos países desarrollados y durante los últimos cinco años ha generado 21% del crecimiento del Producto Interno Bruto. El acceso a herramientas en línea permite que la gente use la información para hacer mejor su trabajo y, a su vez, crear nuevos empleos, negocios y oportunidades. Internet es la base de esta economía.
Conectando al mundo
Conectar a todos los habitantes del mundo hace más que tan sólo compartir los beneficios mencionados con miles de millones de personas. Darle acceso a la web a los otros dos tercios del mundo les permitirá inventar y crear nuevas cosas que nos beneficiarán. Si podemos conectar a todos, todas nuestras vidas mejorarán drásticamente.
Pero esto no va a ocurrir por sí solo.
No solo la gran mayoría de la gente no tiene acceso a Internet, sino que sorprendentemente, la adopción de Internet está creciendo menos de 9% al año. Ese es un ritmo muy lento, considerando lo temprano que estamos en su desarrollo y el hecho de que esta tasa continúe desacelerándose.
Una creencia común es que a medida que más gente compre smartphones, también tendrá acceso a datos. Pero ese no es un hecho. En la mayoría de los países, el costo de un plan de datos es mucho mayor que el precio del propio celular. Por ejemplo, un iPhone con un plan de datos de dos años en Estados Unidos puede costar cerca de US$2.000, de los cuales US$500 o US$600 son para el teléfono y cerca de US$1.500 son para los datos.
Igualmente, la gran mayoría de los costos de los datos van directamente a cubrir las decenas de miles de millones de dólares que se invierten cada año en la construcción de infraestructura global de Internet. Hasta que esto no sea más eficiente, no podremos proveer el servicio de manera sustentable a todo el mundo a precios que puedan pagar. A menos que cambiemos esto, pronto viviremos en un mundo en el que la mayoría de personas con celulares los usen sin conectarse a la web.
Hay muchos estudios sobre cómo llevar Internet a los usuarios de formas totalmente nuevas. Algunas de estas involucran satélites, aviones, láseres y la proyección de la conexión a Internet desde el cielo. Estas investigaciones llegarán a ser necesarias para conectar a todo el mundo, ya que algunas personas viven en zonas remotas en las que no hay infraestructura para conectarlos. Pero ese no es el problema que tiene la mayoría de gente.
De hecho, casi 90% de la población mundial ya vive en el rango de una red celular. Para todos aquellos en esas áreas, no necesitamos construir nuevos tipos de infraestructura para ayudarlos a conectarse. Sólo necesitamos mostrarles por qué es valioso y volverlo accesible.
El desafío para nuestra industria será desarrollar modelos de acceso a Internet que hagan que los servicios de datos sean más asequibles y que, al mismo tiempo, permitan a los operadores móviles seguir creciendo e invirtiendo de manera sostenible.
Iniciativas como Internet.org, una sociedad global fundada por Facebook FB -0.08% y otros líderes tecnológicos, están trabajando con los operadores para proveer servicios básicos de Internet gratuitos a gente en todo el mundo. Nuestra sociedad ya ha decidido que ciertos servicios telefónicos básicos deben ser gratuitos. Cualquiera puede llamar al 911 (en EE.UU.) para obtener atención médica o reportar un delito, incluso si no ha pagado por un plan telefónico. En el futuro, todos también deberían tener acceso a servicios básicos de Internet, incluso si no han pagado por un plan de datos. Y de la misma forma que los servicios telefónicos básicos han alentado a más gente a comprar un celular, los servicios básicos de Internet alentarán a muchas personas a conseguir un plan de datos. Si estos esfuerzos funcionan, podemos conectar a miles de millones de personas en la próxima década y eso transformará sus vidas y comunidades.
Progreso humano
Un reciente estudio de Deloitte halló que expandir el acceso a Internet en países en desarrollo crearía 140 millones de trabajos y sacaría a 160 millones de personas de la pobreza. Esta nueva oportunidad incluso reduciría sustancialmente las tasas de mortalidad infantil. A lo largo de África subsahariana, el sudeste de Asia y América Latina, Internet ayudará a impulsar el progreso humano.
Quizás el cambio más importante sea un nuevo sentido global de comunidad. Hoy sólo podemos oír las voces y ser testigos de la imaginación de un tercio de la población mundial. A todos nos están robando la creatividad y el potencial de los dos tercios del mundo que no están en línea. En el futuro, si tenemos éxito, Internet realmente representará a todo el mundo.
Nada de este futuro está garantizado. En los próximos años se librará una batalla para expandir y defender el Internet libre y abierto. Nuestro éxito determinará qué tan lejos puede ir esta visión de un mundo conectado. Conectar al mundo está a nuestro alcance y si trabajamos juntos, podemos hacerlo realidad.
Mark Zuckerberg es el presidente de Facebook

martes, 25 de febrero de 2014

Las telefónicas se enfrentan contra las tecnológicas por dominio de Internet

    Por 
  • SAM SCHECHNER
  •  y 
  • RYAN KNUTSON
  •  
      http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304610404579403751096192372.html?dsk=y
[image]
BARCELONA—A la par del crecimiento explosivo de la demanda de los servicios de datos, las compañías de telecomunicaciones de Estados Unidos y Europa están escalando sus batallas con las empresas de tecnología sobre el manejo del tráfico de Internet.
Un grupo formado por las mayores telefónicas de Europa, que incluye a TelefónicaS.A., Deutsche Telekom AG y la francesa Orange SA, está combatiendo ciertas cláusulas de un proyecto de ley europeo que apuntan a hacer cumplir el principio de neutralidad de la red, según el cual los proveedores de acceso a Internet no deben discriminar contra el tráfico de una fuente en particular.
"Tememos que, si se imponen las posturas más restrictivas sobre Internet abierta, habrá una reducción significativa de las posibilidades de elección de los usuarios", dijo Luigi Gambardella, jefe del grupo de empresas de telecomunicaciones europeas ETNO, cuyos miembros han estado haciendo lobby de cara a una votación del Parlamento Europeo.
Las telefónicas temen que algunas enmiendas del proyecto de ley entorpezcan sus esfuerzos para lanzar nuevos servicios.
En EE.UU., las telefónicas probablemente presionarán a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC por sus siglas en inglés) para que les permita cobrar a ciertos sitios web para publicar sus contenidos a una mayor calidad. Se cree que el regulador propondrá nuevas normas este año, luego de que una corte federal de apelaciones desechara el grueso de las normas que la FCC intentó aplicar sobre neutralidad de la red.
La fricción entre las empresas tecnológicas y las telefónicas a ambos lados del Atlántico está creciendo en torno a cómo dividir los costos, y las ganancias, de las enormes cantidades de datos que circulan por Internet. La pregunta de quién va a pagar por las mejoras a la infraestructura se ha vuelto más acuciante en momentos en que un drástico aumento en la circulación de datos amenaza con inundar las redes móviles.
Un tema central en la disputa sobre neutralidad de la red es dónde trazar la frontera entre la red global y los servicios privados que ofrecen los operadores.
Los proveedores de telecomunicaciones dicen que deberían tener la libertad de reservar parte de su infraestructura para vender servicios avanzados, como los de video de alta calidad, proveniente de determinadas tecnologías o empresas de contenido. Las telefónicas insisten en que eso no significaría bloquear a otros proveedores y que no tienen ningún interés en impedir que sus suscriptores accedan al contenido que deseen.
No obstante, las empresas de tecnología y los grupos de interés público dicen que tales planes podrían conducir a una Internet de dos niveles, con algunos tipos de contenidos disponibles a la máxima velocidad, y otros contenidos a menor velocidad si los proveedores no son capaces de pagar extra. "Skype y otras aplicaciones en línea han experimentado restricciones arbitrarias de uso desde hace algún tiempo", dijo Jean-Jacques Sahel, director de políticas para Europa, Oriente Medio y África deMicrosoft Corp., propietaria de la aplicación. "Necesitamos reglas claras para asegurar que estas malas prácticas se detengan e Internet no se convierta en un camino sin pavimentar".
En años recientes, la industria de las telecomunicaciones ha exhortado a las empresas que generan grandes cantidades de tráfico, como YouTube, de GoogleInc., a que paguen para transportar datos cuando su tráfico supere un cierto volumen.
Netflix Inc. llegó recientemente a un acuerdo con Comcast Corp. para pagarle a la compañía de cable y asegurarse que su contenido se transmita sin inconvenientes. El pacto permite a Netflix conectarse directamente a la red de la compañía de cable en lugar de hacerlo a través de intermediarios.
Ahora, la red de Internet móvil se está convirtiendo en un punto candente en el debate de neutralidad de la red. En EE.UU., la red inalámbrica ha sido excluida en gran parte de las reglas de neutralidad porque el ancho de banda es más limitado y la infraestructura es más frágil. Pero la web móvil es cada vez más importante. Las normas propuestas en Europa no harían distinciones entre Internet móvil y fija.
El tráfico inalámbrico se ha disparado. Las transferencias de datos móviles aumentaron 81% el año pasado en todo el mundo, representando 18 veces el tamaño de todo Internet en 2000, según Cisco Systems.
Se espera que en 2018 el tráfico global de datos móviles aumente por más de un factor de 10, de acuerdo con las proyecciones de Cisco.
Las telefónicas de Europa y EE.UU. han lanzado servicios avanzados de ciertas empresas de tecnología y de contenidos, asumiendo que ello no debería plantear problemas de neutralidad de la red.
Deutsche Telekom, por ejemplo, ofrece en Alemania incluir en la factura el servicio de streaming de música Spotify por 10 euros al mes y exceptuarlo así de los topes en el uso de datos en móviles.

lunes, 23 de diciembre de 2013

La carrera por controlar la infraestructura de la web

[image]Bloomberg News
El nuevo centro de datos de Facebook en Lulea, Suecia.











Gigantes de la tecnología como Google Inc. GOOG +0.66% y Facebook Inc.FB +3.17% están expandiendo sus esfuerzos para aumentar su control sobre la estructura física de Internet en todo el mundo, lo que intensifica la disputa con las empresas de telecomunicaciones.
En el último año, estas empresas que proveen gran parte del contenido en línea del mundo aumentaron sus inversiones en infraestructura de Internet. Las iniciativas incluyen el financiamiento de la instalación de cables submarinos o subterráneos, acuerdos a largo plazo para licitar la llamada fibra óptica oscura (cables instalados pero no utilizados) y la construcción de sus propias redes..
En el proceso, están comenzando a rivalizar con algunas de las empresas de telecomunicaciones que las consideran como clientes. Google pasó años armando una red privada de cables de fibra óptica y ahora controla más de 160.000 kilómetros de rutas en todo el mundo, indicó una persona al tanto de sus activos. Eso supera el tamaño de la red continental estadounidense que maneja la telefónica Sprint Corp.,S -1.30% que cubre casi 65.000 kilómetros.
Ejecutivos de las empresas tecnológicas afirman que el objetivo es reducir costos, mejorar el desempeño de sus servicios de Internet y garantizar que tienen suficiente capacidad para soportar el tráfico creciente de videos, fotos, juegos y otros contenidos generados por sus negocios.
En junio, Facebook comenzó a usar esas redes ociosas en Europa para ampliar su red y conectar su nuevo centro de datos en Lulea, en Suecia, a 60 kilómetros del Círculo Ártico. Tanto Google como Facebook invirtieron en nuevos cables submarinos asiáticos en los últimos años.
Amazon.com Inc. AMZN -0.55% y Microsoft Corp. MSFT -0.48% también están invirtiendo fuertes sumas en su infraestructura de red para acomodar su creciente negocio de computación en nube.
Es cierto que los proyectos están generando una nueva ola de inversión en un sector perjudicado durante más de una década por una caída en los precios y un exceso de capacidad. Pero a las empresas de telecomunicaciones, que ya temen quedarse reducidas a simples canales para un tráfico valioso, les preocupa que la tendencia actual pueda relegarlas a un papel aún menor, como meras constructoras de dichos canales.
Algunas empresas de telecomunicaciones son reacias a ceder el control. Pero la industria se está viendo obligada a adaptarse, ya que el dinero —y el equilibrio de poder— fluye hacia las empresas de contenidos.
"Las reglas están cambiando", indica Erik Hallberg, quien dirige la red central de telecomunicaciones de la telefónica sueca TeliaSonera TLSN.SK +0.09% AB. La empresa es la proveedora de la red de Facebook en Europa. "Todos los que estamos en el mercado debemos tener una mentalidad más abierta".
La perspectiva de una avalancha de tráfico en Internet llevó a empresas como Global Crossing Ltd. y Tyco International Ltd. TYC +1.09% a gastar miles de millones de dólares en los años 90 en la instalación de fibras ópticas en EE.UU., causando un exceso de oferta que quebró a muchas de ellas y dejó a otras sin capital.
El tráfico en línea es cada vez mayor, alimentado por la transmisión de videos y smartphones que expandieron el alcance de Internet a cientos de millones de nuevos usuarios en todo el mundo, muchos de ellos en regiones menos conectadas del mundo.
Sólo la transmisión de videos de YouTube devora más de la mitad de la capacidad de la red mundial de Google, según una persona al tanto de la operación. El número de usuarios de Internet en India se ha duplicado a 200 millones en apenas los dos últimos años, mientras que más de 60 millones de asiáticos se sumaron a la Internet móvil en sólo tres meses este año, según el fabricante de equipos de redes Ericsson.
La marea de contenido ha generado temores de que se produzcan cuellos de botella en algunas regiones, a pesar de que nuevas tecnologías permiten a las empresas de Internet enviar más datos a través de los mismos cables. Aún así, el exceso de capacidad aún no se agotó, y cuando el precio de la banda ancha está a la baja, las empresas de telecomunicaciones de la vieja guardia, escarmentadas por la explosión de la burbuja de Internet, ven con cautela las nuevas inversiones en fibra óptica.
Las compañías de Internet están respondiendo al invertir ellas mismas en cables para garantizar que pueden soportar ese tráfico y expandirse. Esa disposición deriva en parte de la reducción de los gastos en nueva infraestructura por las empresas de telecomunicaciones, aunque también refleja la seguridad que las empresas web ven en ser dueñas de los activos.
"Si usted tiene suficiente dinero y la necesidad de banda ancha (...), llega un momento en que tiene sentido simplemente construirlas" (propias redes), indica Michael Murphy, presidente del servicio de consultoría en telecomunicaciones NEF Inc., de Massachusetts.


martes, 3 de diciembre de 2013

El consumidor y la tecnología tienen la llave para salvar al sector de noticias

Por Wharton Universia

En una actitud que avivó aún más el debate sobre el futuro de los medios informativos y del periodismo independiente, el multimillonario Pierre Omidyar, fundador de eBay, invirtió el mes pasado US$ 250 millones en una web de noticias creada en asociación con el periodista y escritor Glenn Greenwald. La inversión de Omidyar se produjo tras el anuncio hecho hace unos meses de que el fundador de Amazon, Jeff Bezos, había comprado The Washington Post en una inversión también de US$ 250 millones. La viuda de Steve Jobs, Lauren Powell, y Chris Hughes, de 29 años, uno de los fundadores de Facebook, también están invirtiendo en empresas de viejos y nuevos medios.

¿Ese nuevo grupo de dueños de los medios de información conseguirá configurar un modelo de negocio capitaneado por la tecnología que sea lucrativo y proteja la integridad del periodismo imparcial y exento de ideología? A fin de cuentas, según especialistas de Wharton, el cliente es quien tendrá la última palabra.

Sea cual sea el nuevo modelo que los adeptos del mundo de la tecnología lleven al sector de los medios, tendrá que lidiar con los principales aspectos que asfixian a la industria actualmente. Las nuevas empresas "han sufrido mucho desde el punto de vista financiero en los últimos años", observa Pinar Yildirim, profesora de Marketing de Wharton. Las cifras de circulación y los ingresos por publicidad se han reducido ahora que los lectores y las empresas decidieron prestar más atención a Internet. La industria ha buscado adaptarse al nuevo normal: algunos periódicos y revistas disminuyeron el número de ediciones o el número de días que producen un producto impreso. Otras organizaciones informativas comenzaron a cobrar por el acceso online. Un número aún mayor intentó añadir contenido que imita lo que tiende a ser más común en Internet, principalmente contenido relacionado con entretenimiento, observa Yildirim.

Omidyar dijo que se sintió motivado más por un deseo de proteger el periodismo independiente que por la perspectiva de retorno sobre la inversión realizada, por lo menos de momento. En un blog publicado en su web el mes pasado, Omidyar dijo que la inversión realizada en la iniciativa de Greenwald (llamada de momento "NewCo") surge del "interés que desde hace algún tiempo tiene por el periodismo". En 2010, Omidyar fundó Honolulú Civil Beat, una web de noticias con el objetivo de hacer "periodismo investigativo". A principios de verano, consideró comprar el Washington Post con la idea de adquirir el periódico antes de que Bezos se hiciese con él. En aquella época, Omidyar dijo que había comenzado a evaluar el impacto social que podría ayudar a crear con una inversión en "algo totalmente nuevo construido desde cero".

Entonces él se puso en contacto con Greenwald, que junto con los compañeros Laura Poitras y Jeremy Scahill, ya planeaban lanzar una empresa online que sirviera de apoyo a los periodistas independientes. "Teníamos numerosas ideas en común. Decidimos, entonces, juntar fuerzas", dijo Omidyar. Su plan aún está en ejecución. "En este momento, estoy en la etapa inicial de la creación de una nueva empresa de medios de masas. No sé aún cómo o cuándo será lanzada, o a lo que se parecerá. De momento, el plan de la web es hacer la cobertura de noticias de interés general "con la misión principal de prestar apoyo y capacitación a los periodistas independientes de diversos sectores y campos de acción". Omidyar añadió que él quiere construir una plataforma de medios que ayude a los periodistas a "buscar la verdad en sus campos de especialización".

Detrás de los titulares: cuatro escenarios

Según el profesor de Gestión de las Operaciones y de la Información de Wharton, Eric K. Clemons, hay cuatro motivaciones posibles para que el inversor en tecnología se interese por iniciativas relacionadas con los negocios de medios tradicionales.

Él descarta de entrada la primera premisa según la cual "las empresas tradicionales de medios representan una gran oportunidad de inversión", destacando que, dada la suerte de muchas de esas compañías, "se trata claramente de un absurdo, y no hay necesidad de que nos alarguemos en ese punto".

Clemons rechaza brevemente también la segunda premisa posible: "Los medios tradicionales son tan importantes que los inversores en alta tecnología invierten en ellos por el deseo altruista de preservar la libertad de expresión, que era para los Padres Fundadores la piedra angular de la democracia". Él dice: "Si estuviéramos hablando de Warren Buffett o de Dave Packard, de Hewlett-Packard, hasta lo podía creer. Pero no es lo que se pasa con esos individuos que están invirtiendo actualmente en empresas de medios".

El tercer motivo posible, es decir, que los medios tradicionales representan "un activo infravalorado", y que "si The New York Times y Washington Post pasaran por una reforma que los hiciera más dinámicos, ellos serían generadores fantásticos de ingresos online", tampoco es una teoría muy cuerda, dice Clemons. "No es posible cobrar a quien lee noticias", dice. "Con la mentalidad americana, creada en gran medida por Google, no se puede cobrar por el contenido". El problema con publicaciones como The New York Times o BusinessWeek, no es que sean "aburridos" o "ignorados", dice Clemons. "El problema es que los anuncios online no son grandes generadores de ingresos para las empresas de medios. Otro problema es que la mayor parte del contenido no se lee en la web de los dueños de medios". La mayor parte del contenido se lee actualmente de forma libre, en otros lugares".

Pero Clemons dice que las compañías tradicionales de medios tienen, efectivamente, "oportunidades de sinergia fantásticas cuando son incluidas en el porfolio correcto". Un ejemplo de esa sinergia, dice, es la compra de la revista BusinessWeek en julio de 2009 por Bloomberg. Bloomberg quería el contenido de la revista, los autores y editores para su negocio de noticias ya existente, dice Clemons, acordándose de una reunión que tuvo con Michael Bloomberg, en 1981, poco después de la creación de su empresa. [Bloomberg] sabía ya en la época que necesitaría una estación de radio, de televisión y un periódico", dice. "Él creyó que compraría The New York Times; de momento, sin embargo, es dueño de BusinessWeek", que rebautizó después como Bloomberg BusinessWeek.

Clemons dice que Washington Post podría ser "un gran generador de ingresos online" para Bezos si puede marcar puntos en dos áreas: en primer lugar, los anuncios deben estar "cuidadosamente dirigidos, tal y como Amazon dirige sus recomendaciones". En segundo lugar, esas recomendaciones deben estar estructuradas de tal manera que produzcan ventas de forma inmediata para los anunciantes, "de la misma forma que lo hace Amazon con las ventas y ejecución". Según Clemons, otra empresa importante del sector de la tecnología, Google, también debería invertir en una iniciativa de medios. Google no necesita contenido, porque la empresa "sólo lo copia [de otras fuentes] y lo recoloca en una de sus páginas", dice Clemons, pero eso permitiría que su mercado online prosperara, de manera parecida a lo que Bezos podría hacer con Washington Post.

Otra posible razón para todo ese interés del sector de la tecnología por las empresas de medios, dice Clemons, es que "las empresas de medios tradicionales son importantes para el avance de una ideología que es importante para el inversor, sea liberal o conservador, verde, o incluso interesado en proteger sus otros activos". Para él, esa teoría es al mismo tiempo "plausible y preocupante", y destaca que "[...] la idea de los [fundadores de Google] Larry Page y Sergei [Brin] de que la empresa tenga acceso directo no sólo a lo que ellos quieren que leamos —sino que produzca lo que quieren que leamos— es preocupante".

La búsqueda de un nuevo modelo de negocio

Hoy es irreal esperar que el buen periodismo sea una operación lucrativa para el inversor, dice Kevin Werbach, profesor de Estudios jurídicos y de Ética de los negocios de Wharton. "No está claro si todavía hay un modelo de negocio lucrativo para el periodismo de alta calidad producido en escala", dice, añadiendo que ni incluso en el pasado "hubo una empresa de noticias a gran escala que pudiera financiarse a sí misma directamente de forma autónoma". Werbach dice que a las empresas de noticias siempre se les dio bien incorporar otras cosas. En el medio impreso, los reportajes se mezclaban con los clasificados y anuncios. En las transmisiones de televisión, las noticias se mezclaban con la programación de entretenimiento, "porque parte del negocio que permitía el acceso 'a las ondas aéreas públicas' de forma gratuita consistía en informar al público. Esas dos posibilidades se han venido abajo".

¿Qué significa la caída de ese modelo de negocio para el medio informativo hoy en día? "Estamos explorando otros medios de financiar las cosas que sean ventajosos social y económicamente, pero que el mercado, en realidad, no apoya", dice Werbach.

Él destaca que hay dos cosas que las empresas de medios informativos necesitan tomar en cuenta actualmente: subsidios y patrocinio. "La financiación pública de noticias y del periodismo no será significativo en EEUU porque nos volvemos muy escépticos respecto al Gobierno, y también porque eso incurre en el peligro de influir en el producto", dice él. "La alternativa es apoyar al periodismo de la forma en que Michelangelo y Mozart fueron financiados: a través de la bondad de los ricos. Jeff Bezos, Pierre Omidyar y Chris Hughes están apoyando financieramente el periodismo porque creen que eso es importante, y puede marcar la diferencia".

Yildirim dice que alguien podría objetar que el valor real de la empresa de noticias hoy consiste de forma exclusiva en informaciones por las cuáles las personas están dispuestas a pagar. "Es un desafío para periodistas y reporteros salir en busca de informaciones exclusivas y encontrarlas, así como crear un ambiente tal que las personas en posesión de esas informaciones exclusivas puedan hablar a la prensa sin que tengan que pedir asilo en Rusia", dice ella en alusión al ex trabajador de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden, que se refugió en Rusia por haber sido acusado de espiar al Gobierno después de filtrar informaciones confidenciales sobre los programas de vigilancia de los EEUU.

La elección es del lector

La creación de un ambiente protegido para periodistas que elaboran reportajes investigativos parece ser el principal objetivo del nuevo equipo de inversores de tecnología en el medio informativo, dice Yildirim. Pero el consumidor de noticias de hoy puede comportarse de formas que, en realidad, van totalmente en contra del periodismo independiente, dice ella.

Dos factores están alterando los fundamentos del negocio de medios informativos, según Yildirim. En primer lugar, las historias transmitidas por las noticias consiguen alcanzar un gran público hoy debido al coste decreciente de su difusión. "En segundo lugar, como el consumidor tiene mayor acceso a fuentes de noticias, él puede optar por una de ellas y quedarse así más o menos aislado", dice ella. Según la teoría de la investigación de marketing, esa tendencia de elección personal aparece siempre que las personas se incorporan a un grupo, y con eso distorsionan los descubrimientos.

"Un modelo de periodismo que sea totalmente independiente puede no ser tan exitoso", dice Yildirim. Citando una investigación sobre prejuicios mediáticos, ella observa que los lectores de noticias suelen querer dos cosas: "En primer lugar, ellos quieren oír noticias que sean imparciales, es decir, reportajes que estén exentos de omisiones estratégicas y de representaciones de datos, elecciones de palabras y de temas". Yildirim reconoce que ese deseo es coherente con el concepto de periodismo independiente. Pero ella identifica un problema en la segunda exigencia de los lectores. "Las personas también leen noticias porque quieren una segunda opinión que confirme sus creencias y valores. Si un reportaje contraría su opinión, la persona puede decir que la historia no es correcta, es parcial y partidaria, y puede dejar de consumir las noticias procedentes de esa fuente". Ella señala que el informe anual del Pew Research Center sobre el estado de los medios confirma esa visión y muestra que las personas con tendencias de izquierdas suelen informarse a través de empresas como MSNBC, mientras que personas con tendencias de derechas prefieren Fox News. Yildirim añade que lo mismo vale para los periódicos. "Existe una preferencia evidente por fuentes de carácter ideológico".

Está claro que alguien podría decir que la parcialidad de las empresas de noticias moldean las preferencias del público, y eso es parcialmente correcto, dice Yildirim. Pero ella observa que lo opuesto también es verdad, y cita una investigación académica mostrando que es "la demanda la que genera esas empresas ideológicas". Además, ella no espera que las empresas de noticias dejen de ser ideológicas en el futuro próximo.

Publicidad al rescate

Parece haber, de hecho, una salida para las noticias con tintes ideológicos: la publicidad como fuente de ingresos para ayudar a reparar, en parte, la tendencia de los medios al partidismo observado en el mercado, dice Yildirim. "La parcialidad de los medios puede ser atenuada en el momento en que la publicidad sea la fuente de ingresos de la empresa, y no la circulación", dice ella en un artículo de investigación del Journal of Marketing Researchque escribió en asociación con Esther Gal-Or y Tansev Geylani. "Mostramos que el consumidor quiere ideología, pero los anunciantes quieren visitas a las webs y, en la mayor parte de los casos, no se preocupan de a qué ideología están vinculadas. Como consecuencia, las empresas de noticias cuyo objetivo es la maximización de los ingresos por publicidad pueden ser más independientes". Yildirim añade que la mayor parte de los innovadores o inversores en tecnología en el negocio de medios informativos probablemente tendrán que recurrir a los ingresos por publicidad.

El desenlace, naturalmente, es que la economía está en la base de todas las posiciones que las empresas de noticias asumen, observa Yildirim. "Aún en el periodismo fuerte e independiente, esas empresas de noticias son esencialmente productos disponibles en el mercado, por eso necesitan posicionarse". El público, en general, no suele leer noticias directamente en la Associated Press o en otras fuentes informativas, porque necesita ayuda para interpretar los acontecimientos descritos por las historias, añade. Él necesita orientación sobre qué posición tomar en diversos asuntos. En ese punto es donde entran los comentarios y los textos de opinión.

Pero la "necesidad de un periodismo imparcial es mayor de lo que jamás fue, porque vivimos en un mundo de medios basados en la afinidad, en que los ciudadanos pueden construir, y de hecho construyen, cámaras de eco de sus convicciones", dijo el columnista Bill Keller recientemente en artículosintercambiados con Greenwald después de la inversión hecha por Omidyar. "Es muy fácil sentirse 'informado' sin jamás encontrarse con informaciones que desafíen nuestros prejuicios".

Inversores en tecnología como Omidyar contribuyen con "perspectivas empresariales y tecnológicas sobre el problema que ciertamente serán útiles", dice Werbach. Él detecta en sus afirmaciones "una percepción de misión más que de triunfalismo, típico del Valle del Silicio. Tengo la esperanza de que luchen contra la cámara de eco online, en vez de reforzarla. La tecnología puede proporcionarles perspectivas que no son las nuestras, si aquellos que la diseñan incorporan eso a su arquitectura, y si los consumidores de noticias están abiertos a ella".

Yildirim también cree que la tecnología, gracias a la fuerza de su difusión, puede derribar las cámaras de eco y crear un público más informado. "Nuestros medios de comunicación se expandieron tanto, y, desde varios puntos de vista, esa expansión, aparentemente, aumentó el volumen de información de que disponemos", dice ella. "Es bueno creer que las cámaras se derribarán; sin embargo, es importante acordarse también de que el consumidor escoge qué informaciones consumirá y cómo las consumirá: qué noticias leerá, qué empresas seguirá, en cuál de ellas creerá, o no. Y, a menos que él esté abierto a un cambio de comportamiento, la tecnología por sí sola no será suficiente".


Publicado el: 03/12/2013