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miércoles, 9 de abril de 2014

Las empresas acuden a asesores de crisis en redes sociales

Por Lindsay Gellman / WSJ
http://online.wsj.com/article/SB10001424052702303532704579479813970997676.html?dsk=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB10001424052702303532704579479813970997676.html
Las empresas están contratando asesores que los ayuden a no convertirse en la víctima más reciente de una metida de pata en las redes sociales.
Muchas compañías solían evitar el contacto con los consumidores a través de Twitter y Facebook. Ahora, cuando la conversación en línea ejerce más poder que nunca para influir las posturas del público, las empresas están contratando a monitores en línea y adoptando las interacciones diarias como una práctica estándar.
La necesidad de gestionar crisis en las redes sociales ha generado una pequeña industria, con firmas como HootSuite Media Inc., Social Oomph.com y Weber Shandwick que ofrecen software de monitoreo y servicios para lidiar de manera efectiva con críticas en línea, reaccionar a eventos de interés para sus mercados y generar atención positiva a sus marcas.
A fines del año pasado, ING Bank of Canada, que hace negocios como ING Direct, usó una sesión de simulación de crisis con miras a la presentación del nuevo nombre del banco, Tangerine Bank. La entidad contrató a HootSuite para simular una ráfaga de reacciones negativas en Twitter y Facebook, y para determinar qué tan efectiva era la respuesta del equipo a dichos comentarios.
"Queríamos practicar por adelantado, lo que no suele suceder en las redes sociales", indica Jaime Stein, gerente de medios sociales en ING Direct, quien supervisa a cuatro empleados.
"Lindo rediseño", decía un tuit de un empleado de HootSuite durante la sesión. "Lo podría haber hecho dormido. Estoy seguro de que ustedes gastaron millones". Otro sentenciaba: "Lo odio".
El equipo de comunicaciones del banco practicó respuestas mesuradas. "Dele un chance, puede que le guste con el tiempo", respondieron los empleados de ING Direct.
No sólo los equipos de redes sociales se preocupan por estos intercambios: los ejecutivos de más alto nivel también están atentos. Peter Aceto, presidente ejecutivo de ING Direct, participó en el simulacro. Aceto dice que tiene cuentas activas de Facebook y Twitter para poder medir mejor la naturaleza de las percepciones sobre el banco.
HootSuite informó que más clientes corporativos han estado indagando por sus sesiones de simulacro que cuestan US$15.000 cada una.
Polpeo, filial de simulación de crisis de la empresa británica de redes sociales Emoderation, cobra entre US$20.000 y US$40.000 por una sesión similar y por usar sus plataformas de redes sociales ficticias. La firma de relaciones públicas Weber Shandwick, unidad de Interpublic Group, ofrece el uso de su propio software, FireBell, así como una sesión ficticia de crisis por unos US$50.000 o más, según la magnitud del simulacro.
Las empresas no pueden darse el lujo de permanecer en silencio durante una crisis. General Motors Co., que ha tenido que llamar a revisión 6,3 millones de vehículos a nivel global, ha tratado de responder a través de Facebook y Twitter de forma individual a dueños de sus modelos preocupados.
La presidenta ejecutiva, Mary Barra, señaló hace poco que la automotriz desplegó "comunicadores" para monitorear sitios web y dirigir a los clientes a recursos de GM. Como ya tenía un grupo de medios sociales, la automotriz sumó miembros en lugar de contratar profesionales externos.
El grupo monitorea casi 100 sitios web en todo momento en busca de comentarios sobre los llamados a revisión. Toma en promedio tres horas encontrar un comentario dejado en otro sitio web que no sea el de GM, su página en Facebook o su cuenta en Twitter. GM responde a través del mismo medio y pregunta cómo puede contactarse para hablar sobre el tema.
Muchas compañías evitaban involucrarse con los consumidores a través de Twitter y Facebook. Ahora, cuando la conversación en línea otorga más poder que nunca para influenciar las posturas del público, las empresas están contratando a monitores en línea y adoptando las interacciones diarias como una práctica estándar.
La necesidad de gestionar crisis en los medios sociales ha generado una pequeña industria, con firmas como HootSuite Media Inc., Social Oomph.com y Weber Shandwick que ofrecen software de monitoreo y servicios para lidiar efectivamente con críticas en línea, reaccionar a eventos de interés para sus mercados y brindar un giro positivo para sus marcas.
A fines del año pasado, ING Bank of Canada, que hace negocios como ING Direct, usó una sesión de simulación de crisis con miras a la presentación del nuevo nombre del banco, Tangerine Bank. La entidad contrató a HootSuite para simular una ráfaga de reacciones negativas en Twitter y Facebooks, y para determinar qué tan efectiva era la respuesta del equipo a dichos comentarios.
"Queríamos practicar por adelantado, lo que no suele suceder en los medios sociales", indicó Jaime Stein, gerente de medios sociales en ING Direct, quien supervisa a cuatro empleados. "Lindo rediseño", decía un tuit de un empleado de HootSuite durante la sesión. "Lo podría haber hecho dormido. Estoy seguro de que ustedes gastaron millones".
Otro: "Lo odio".
El equipo de comunicaciones del banco practicó respuestas mesuradas. "Dele una oportunidad, puede que le guste con el tiempo", respondieron los empleados de ING Direct.
No sólo los equipos de medios sociales se preocupan por estos intercambios: los ejecutivos de más alto nivel también están atentos. Peter Aceto, presidente ejecutivo de ING Direct, participó en el simulacro. Aceto dijo que tiene cuentas activas de Facebook y Twitter para poder medir mejor la naturaleza de las percepciones sobre el banco.
HootSuite informó que más clientes corporativos han estado preguntando por sus sesiones de simulacro que cuestan US$15.000.
Polpeo, filial de simulación de crisis de la empresa británica de medios sociales Emoderation, cobra entre US$20.000 y US$40.000 por una sesión similar y por usar sus plataformas de medios sociales de entrenamiento. La firma de relaciones públicas Weber Shandwick, unidad de Interpublic Group, ofrece practicar con su propio software, FireBell, así como una sesión de entrenamiento de crisis por unos US$50.000 o más, según la magnitud del ejercicio.
Las empresas no pueden darse el lujo de quedarse en silencio durante una crisis. General Motors Co., que ha tenido que llamar a revisión 6,3 millones de vehículos a nivel global, ha tratado de responder a través de Facebook y Twitter de forma individual a dueños de sus modelos problemáticos.
La presidenta ejecutiva de GM, Mary Barra, señaló recientemente que la automotriz desplegó "comunicadores" para monitorear sitios web y ofrecer a los clientes los recursos de GM. Como ya tenía un grupo de medios sociales, la automotriz sumó miembros en lugar de contratar profesionales externos.
El grupo monitorea alrededor de 100 sitios web en todo momento en busca de comentarios sobre los llamados a revisión. GM responde a través del mismo medio, como Instagram, y pregunta cómo puede contactarse para hablar sobre el tema.
—Jeff Bennett contribuyó a este artículo.

jueves, 4 de octubre de 2012

Gestión de las redes sociales en una crisis – infografía

Por Editorial TICBeat

El uso de las redes sociales no está exento de peligros. Para una empresa es básico mantener una imagen (tanto dentro como fuera de Internet) y si ésta no se corresponde con la forma de llevar su Facebook o Twitter puede ocurrir una debacle comunicativa. La siguiente infografía toma al sector de la enseñanza para ejemplificar cómo se maneja una situación complicada.
La mayor parte de los centros de enseñanza tienen planeado qué hacer si se produce una crisis de comunicación. Esto se puede extender a las redes sociales. Esta infografía, elaborada por OnlineColleges.net, ofrece una visión general de los mecanismos y recursos que hay que tener en cuenta en momentos en los que es necesario difundir un mensaje crítico de manera urgente.
gestion crisis social media

martes, 20 de diciembre de 2011

Lo que un líder debe hacer en tiempos de crisis

Imagen: Michael Useem

Por Wharton

Mientras Europa se esfuerza por encontrar una salida a la crisis de su deuda soberana,Michael Useem, profesor de Gestión de Wharton, considera que se trata de una oportunidad para que los líderes locales respondan al desafío que se les ha encomendado: colocar las necesidades de Europa por encima de las de sus países y de sí mismos. Para los políticos que buscan la reelección, tal vez sea un desafío difícil, sin embargo Useem dice que la disposición de tomar decisiones difíciles y de colocar las necesidades de los otros por encima de las suyas son las cualidades más inspiradoras e importantes que un líder puede demostrar en tiempos de crisis.

Useem, que es director del Centro de Gestión de Liderazgo y de Cambio de Wharton [Center for Leadership and Change Management], lanzó de forma reciente La lista de control del líder [The leader's checklist], una colección de 15 principios que pueden ayudar al líder a superar con éxito las circunstancias más difíciles. A través de eventos destacados, como el rescate de los 33 mineros chilenos en 2010, el colapso de AIG en 2008 y la rendición del ejército confederado en Appomattox, en 1865, Useem muestra la diferencia entre el buen y el mal liderazgo y cómo el líder puede convertir su liderazgo en un gran éxito.

La versión en árabe de Knowledge@Wharton Useem entrevistó a Useem durante su reciente visita a Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos. A continuación, una versión editada de la entrevista.

Knowledge@Wharton: ¿La crisis financiera mundial es una crisis de liderazgo?

Michael Useem: La crisis de las deudas soberanas de los países europeos y los problemas que tuvimos en EEUU con Lehman Brothers y Bear Stearns son, desde varios puntos de vista, castigos que nos infligimos a nosotros mismos. La crisis era ineludible, producto, como se dice en el tenis, de "errores innecesarios". Es decir, de errores que no había sido necesario cometer, y algunos de ellos, como es el caso de la crisis financiera de EEUU, fueron producto de la más pura codicia, de regulación inadecuada y, en última instancia, del débil liderazgo dentro de las empresas, así como en el Gobierno americano, que no previó la posibilidad de una crisis gigantesca en el sector de hipotecas subprime.

El liderazgo, así como las acciones de las autoridades gubernamentales y las decisiones de los ejecutivos senior, puede volverse crítico en la medida en que tiene de forma inequívoca un mayor impacto durante una crisis o cuando los mercados y las empresas experimentan cambios drásticos. A medida que vamos saliendo de la crisis en EEUU, vemos que debemos mucho a personas como Henry Paulson, secretario del Tesoro en aquella época, por haber tomado medidas que evitaron un verdadero desastre. Un cierto distanciamiento permite ver que la crisis de la deuda soberana en Europa también es consecuencia de los castigos que los países se infligieron a sí mismos, sobre todo en el momento en que tomaron decisiones en sus respectivos parlamentos que llevaron a tal desenlace. Lo que parece diferente en el contexto europeo es que hay muchos personajes peleando entre sí, pero que, a veces, son compañeros. En el centro de la tempestad está la canciller de Alemania, uno de los muchos personajes de esa crisis que estudian un medio de llegar a un acuerdo que les permita seguir adelante. Por lo tanto, la crisis de la deuda soberana europea parece menos drástica, en un sentido más estricto, que el colapso de Lehman y los días que siguieron a la caída de Merrill Lynch y de AIG. Dicho esto, la falta de disciplina, la inexistencia de un liderazgo político coordinado y, en cierta forma, centralizado en Europa, parece ser la principal dificultad en este momento.

Knowledge@Wharton: ¿Qué pueden hacer los líderes en una situación en que se ven obligados a tomar decisiones financieras o políticas difíciles? ¿Cuál es la carga de eso para ellos?

Useem: Esto va a parecer obvio justo después de decirlo: en primer lugar, piense de forma estratégica, es decir, vaya más allá del momento. No se preocupe por las partes involucradas. Piense en lo que haría y qué tendría como resultado una buena reacción en las personas, o no tanto, personas cuya cooperación y apoyo son necesarios.

En segundo lugar está algo que considero un factor muy serio tanto en el caso de EEUU como de Europa en el momento actual: decidir con firmeza. Una vez más, es preciso reconocer a Paulson su actuación durante aquella confusión enorme de 2008. Él y su equipo tomaron una serie de decisiones, entre ellas la creación del fondo TARP [para activos problemáticos]. Estas decisiones tomadas en un momento extraordinario tenían que hacerse, de lo contrario la catástrofe habría sido dos o tres veces mayor. Por lo tanto, una decisión tomada con firmeza, incluso cuando una voz interior te dice lo contrario, es una excelente prueba de liderazgo.

En tercer lugar, la definición de liderar es precisamente ésta: trascender tu partido. Trascender tu propia historia. En el caso de Europa, actualmente, es preciso trascender los intereses nacionales para, a continuación, encontrar el camino acertado y eso no se limita a Alemania, a Francia o a Italia. Está claro que es más fácil hablar que hacer, ya que Angela Merkel fue elegida por la población alemana y no por la del resto de Europa. Pero, a fin de cuentas, nosotros, que hacemos un seguimiento de estos eventos, nos acordamos de personas como Nelson Mandela, que trascendieron su lugar en el mundo para vislumbrar y crear un lugar mejor, aunque a un coste personal elevado. Espero que pase lo mismo en Europa, y en EEUU: líderes que ocupan altos cargos que sean capaces de trascender el "aquí y ahora" y que se concentren en un propósito mayor, en este caso, la prosperidad económica de Europa y de EEUU.

Knowledge@Wharton: Teniendo en cuenta los dilemas de Europa, ¿de qué manera los líderes de los países pueden llegar a un consenso, ya que algunos miembros de una determinada coalición o grupo creen que otros miembros son responsables por la irrupción de la crisis?

Useem: Cuando una empresa del tamaño de la alemana Siemens quiere contratar a un nuevo director financiero, recurre a una agencia especializada y analiza varios de los mejores candidatos del mundo entero para el puesto en cuestión. No es imprescindible que el candidato sea alemán, o inglés, con tal de que sea el mejor del mundo. Un alto ejecutivo de esa empresa busca personas en todo el mundo que conozcan varios posibles candidatos que puedan ocupar el cargo de director financiero de una empresa como Siemens. Pero el principio básico de la búsqueda es que no haya control, ni autoridad, y que todo transcurra en la más completa informalidad. En la empresa en cuestión, el arte de liderar consiste en convencer a las personas por la influencia, y no por el autoritarismo.

Volviendo a Europa, la idea parece obvia. Todos esos líderes soberanos van, tal y como se suele decir, a "reunirse de forma separada, si no se reúnen juntos". Sobre todo en el caso de Merkel, la tarea que la canciller tiene entre manos consiste en convencer, seducir y, por qué no, persuadir a las personas sobre las que no tiene control directo alguno a que tomen partido y apoyen una solución. Será preciso convencer a los bancos europeos y a algunos bancos americanos —sobre los cuales los líderes europeos no tienen control directo alguno— a hacer una provisión de pérdidas mayor sobre la deuda que tienen con Grecia, en particular, y con otros países también. Es el arte de actuar y de influir sin recurrir a la fuerza. Comienza, probablemente, con una visión del camino que Europa debe seguir y, a continuación, de forma muy persuasiva, busca articular y comunicar esa visión. Las personas entienden perfectamente por qué, a corto plazo, es preciso que haya impuestos más elevados, o por qué tienen que aguantar firmes durante algún tiempo, con tal de que reciban buenas explicaciones para todo eso. Ese es el desafío.

Knowledge@Wharton: Sin incentivo, ¿el líder evita tomar decisiones difíciles? ¿Merece ser criticado cuando demuestra un fuerte instinto de conservación? Siempre exigimos a los políticos que tomen decisiones por las cuáles, a fin de cuentas, serán criticados de todas maneras.

Useem: Cualquier persona en posición de autoridad, sea cual sea, tiene que saber administrar su carrera al mismo tiempo que ejercita sus responsabilidades de líder. Menos mal que, la mayor parte del tiempo, lo que es bueno para nuestra carrera es bueno también para la empresa o para el país. A veces, sin embargo, y ciertamente éste es el caso ahora, lo que es bueno para el país o para la empresa puede ser, a corto o incluso a largo plazo, muy costoso para nuestra carrera. Para el político, eso puede significar unos flojos resultados en las urnas y, tal vez, la derrota en las elecciones. Lo mismo sucede en la empresa. Hay personas que tomaron posiciones arriesgadas, como algunos informadores que denunciaron a empresas americanas por malversación. En la mayor parte de los casos, la carrera de esas personas se vio perjudicada; por otro lado, sin embargo, hicieron un trabajo noble y pagaron un precio alto por eso. Creo que todos nosotros luchamos contra ese tipo de cosas.

No quiero parecer demasiado rígido diciendo que "siempre tenemos que colocar el interés público por encima del interés personal". Sin embargo, casi por definición, quien ocupe una posición de liderazgo como consecuencia de un nombramiento o elección en una empresa, no debería haber aceptado el cargo, creo yo, a menos que esté dispuesto, frente a un dilema, a sacrificar la carrera, por lo menos a corto plazo, en pos del bien común.

Está por ver si los políticos europeos estarán dispuestos a aceptar ese plan elevado, pero creo que ésa es la definición de liderazgo. En otras palabras, nunca es algo fácil, y se convierte en algo difícil cuando ponemos de lado el interés personal.

Jim Collins escribió un libro excelente a ese respeto "Empresas hechas para vencer". En él muestra, de forma muy convincente, la trayectoria de 11 empresas que pasaron de ser buenas hasta convertirse en excelentes. El elemento definidor y que las diferenciaba de otras era el papel de los principales ejecutivos: siempre preocupados por los objetivos de la empresa y no por su realización personal. Esa es una de las principales cualidades que distinguen y definen tantas personas siempre dispuestas a seguir a quienes están al mando, y que se preocupan por los intereses de todos, y no sólo por su plan de stock options.

Knowledge@Wharton: ¿Entonces esa es la principal característica que un líder debe tener durante una crisis?

Useem: Desde luego. Esa es probablemente una de las dos maneras principales de pensar que una persona debe tener en tiempos de crisis. Aunque sus emociones estén diciéndole interiormente a la hora de tomar una decisión "no haga eso, es muy arriesgado, pare". Por lo tanto, es fundamental tener una actitud firme en las crisis. Un punto con el que estoy de acuerdo es que en las crisis vislumbramos lo mejor y lo peor del liderazgo. Ellas hacen emerger lo mejor entre los mejores y lo peor en aquellos que no son los mejores.

Knowledge@Wharton: Es lo que se ve por ahí.

Useem: Sí. Para mí, eso es un pequeño recordatorio de que nuestras culturas y  millones de personas 
piensan de la misma manera sobre el universo que habitamos, ya sea en Abu Dhabi o, en mi caso, en Pensilvania. En tiempos extraordinarios, atribuimos un valor elevado a las personas. Quién no corresponde a ese patrón pierde nuestra estima porque falló a la hora de tomar una decisión, se arrugó bajo presión. Y a quienes permanecieron firmes, los que resistieron de forma valiente, como es el caso del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, después del 11 de septiembre, y de mucha gente que prestó ayuda durante la tragedia, los admiramos porque vimos que su interés personal no estaba por encima del interés público.

Knowledge@Wharton: ¿Hay alguna otra táctica o habilidad que considera importante en tiempos de crisis?

Useem: En momentos en que el futuro de un país o de una empresa está en juego, tendemos a preocuparnos por una persona clave. Hay una discusión interminable en EEUU hoy en día sobre el papel de Steve Jobs en Apple y el de su sucesor, Tim Cook. Sabemos por varias investigaciones que el éxito de Apple no es producto sólo de Steve Jobs. Él tuvo un impacto enorme sobre la empresa, pero el éxito se debió también a numerosas personas que le rodeaban.

Cuando pensamos en liderazgo, tendemos a individualizar. Miramos a quien está encima. La mayor parte de las revistas hace eso. Ellas destacan al consejero delegado, y no a su equipo. Creo, sin embargo, que es realmente importante mirar al equipo, y no a las acciones de un individuo. El éxito de EEUU en la travesía de la crisis de 2008 no fue obra de George W. Bush sólo, o de Hank Paulson, sino de decenas de personas que trabajaron duro y propusieron varias ideas. Por lo tanto, en periodos difíciles, es prácticamente una perogrullada el hecho de que ayuda mucho tener gente a nuestro alrededor habituada a la batalla y leal a la visión del líder, es decir, al lugar adónde él quiere llevar la empresa o el país. Tal vez ese sea un equipo especial, pero el hecho es que cada uno de sus miembros está trayendo algo diferente a la mesa. Se pueden hacer maravillas así, lo que no es posible para un individuo que actúa solo.

El ejemplo más reciente de eso fue el rescate de los 33 mineros en Chile, en que el ministro de Minas se puso al frente y condujo la operación. Pero el fantástico desenlace fue posible, en gran medida, porque él reclutó un equipo formidable de personas. Cada una tenía una función diferente y una responsabilidad distinta como líder. Él me recordaba siempre al equipo para "mantener la atención en el premio. La única razón por la cual estamos aquí es para sacar a la superficie a esas 33 personas". El ministro de Minas, Laurence Golborne, es muy querido actualmente en todo el país [...] Más importante que eso, sin embargo, es el hecho de que las cinco o seis personas que le reportaban directamente a él también disfrutaron de aquel momento de enorme triunfo.

Knowledge@Wharton: ¿En qué momento el liderazgo pasa de una solución de corto plazo a otra de largo plazo? Algunos países atrapados en la crisis económica actual están tomando medidas que no resolverán de forma necesaria los principales problemas. Serían más bien medidas paliativas.

Useem: Pensar de manera verdaderamente estratégica es hacerlo cuando no es preciso. En tiempos de crisis, es necesario concentrarse en lidiar con las dificultades a corto plazo. En los buenos tiempos es cuando, en general, dejamos de pensar en los problemas para disfrutar del brillo del éxito. Cuando, sin embargo, vivimos un periodo de éxito, ese es el momento de comenzar a lidiar con los problemas de largo plazo. La japonesa Toyota sigue el principio de la mejoría continua. Cuando las cosas van bien, la mentalidad de trabajo de la empresa no es sentarse a disfrutar de las grandes conquistas. Ellos comienzan a trabajar en seguida en seis nuevos problemas mientras disponen de tiempo y de recursos para hacerlo. Por lo tanto, los buenos tiempos son el mejor momento para mirar adelante anticipándose a los malos tiempos.

Knowledge@Wharton: Las personas quieren cambios y reformas, según ha quedado claro en la Primavera Árabe y en el movimiento de "Ocupen Wall Street". ¿Qué pueden hacer los líderes para satisfacer esa demanda? ¿Cómo hacer frente a los seguidores desilusionados?

Useem: Esa es una de las grandes cuestiones de nuestra era. Hemos sido testigos de líderes que reaccionaban mal, mientras otros aceptaban el desafío. En ese sentido, creo que aumentamos los riesgos cuando ignoramos las voces locales, nerviosas o contestatarias que vienen detrás. Como dice la conocida frase de la psicología: "Tenemos que aprender a oír de forma activa". El primer error es despreciar la protesta pensando que se trata de individuos raros y dementes que no tienen nada mejor que hacer que protestar en un parque o en una plaza espaciosa de El Cairo. La tarea de quien está en posición de liderazgo en esas protestas, o de quienes están en posición de autoridad en el Gobierno o en instituciones privadas consiste en ayudar a articular exactamente lo que está mal. Los manifestantes están casi siempre airados, pero no tienen de forma necesaria una solución productiva. 

En los lugares en que las personas del movimiento Ocupen Wall Street hacen protestas, se ven carteles diciendo "Cierren la Fed", pero no es lo que va a suceder y no debería suceder. Al ver un cartel de esos, debemos dar un poco marcha atrás y pensar: "Muy bien, ¿cuál es la decepción que está detrás de las protestas incluso si la solución propuesta no es la ideal?"

En otras palabras, lo que no deja de ser una perogrullada tratándose del sector privado: hay que anticipar lo que las personas desean antes de que sean capaces de articular realmente lo que desean como consumidoras. En el caso de los políticos, se debe tomar en cuenta el desempleo y el estancamiento económico que son factores muy estresantes para las poblaciones de Túnez, Egipto y Libia. Es preciso oír las quejas de las personas para, a continuación, pensar en soluciones.

Knowledge@Wharton: De cara al gran número de protestas que están surgiendo en Oriente Medio, en EEUU y en Europa, ¿se puede decir que se trata de una acusación a los líderes en el poder?

Useem: Es una acusación en el sentido de que los líderes fallaron en tratar lo que inquietaba a las personas. Se puede invertir el escenario y decir que se trata de un llamamiento a las personas que ocupan posiciones de liderazgo: "Vengan, vean lo que está sucediendo. Hay un descontento serio". Es obvio que tales preocupaciones son muy diferentes de las que tuvieron como resultado la Primavera Árabe y en el movimiento de Ocupen Wall Street. Se deben ver en una protesta problemas profundamente arraigados y no resueltos que requieren la atención de quien tiene influencia para resolverlos. Se trata de un llamamiento y una crítica al liderazgo.

viernes, 22 de julio de 2011

Los pasos en falso que dio News Corp. en el manejo de la crisis de las escuchas

Ninguna empresa quiere que una crisis llegue a este punto: su presidente ejecutivo y su lugarteniente interrogados severamente por escépticos parlamentarios, con errores criticados, reputaciones en tela de juicio y todo el drama transmitido para todo el mundo.

Para el titular de News Corp., Rupert Murdoch, y su hijo James, las audiencias realizadas en Londres el martes 19 de julio sobre el escándalo de las escuchas telefónicas fueron el clímax de un par de semanas malas. Para la empresa y sus accionistas, tal vez haya sido la confirmación de algo más perturbador: "Si uno mira el asunto desde ambos lados del Atlántico, han hecho mal todo lo que podían hacer mal... es un fracaso de los principios básicos del manejo de crisis", dice Harris Diamond, presidente ejecutivo de Weber Shandwick, una empresa de relaciones públicas. "Es simplemente desconcertante ver la defensa que se ha hecho y luego el fracaso de la defensa para resistir".

Parbul TV/ Reuters

Rupert Murdoch habla ante una comisión parlamentaria.

¿Severo? Puede ser. Pero consideren que durante años News Corp. insistió en que el escándalo de escuchas telefónicas que la afecta era prácticamente un asunto aislado: un periodista y un investigador que habían comenzado a actuar por su cuenta, una pequeña cantidad de correos de voz interceptados.

Altos gerentes de News Corp. responsables de manejar la crisis quizás hayan creído que fue así y tal vez también hayan pensado que habían investigado y lidiado con el problema apropiadamente. Pero resulta que más personas estaban involucradas y muchas más líneas fueron intervenidas, posiblemente miles. Las autoridades del Reino Unido también investigan si empleados de News Corp sobornaron a la policía.

"La gerencia debería haber respondido de una manera más integral a los problemas que fueron planteados por las escuchas originales", dice Andrew Brimmer, un socio en Joele Frank, una empresa de manejo de crisis. "¿Qué ocurre con una crisis postergada? Lo típico es que explote en algún momento", consideró.

El castigo por los pasos en falso dados en la fase temprana de una crisis corporativa —gastos, reputación perdida, distracción— puede ser brutalmente alto.

Pregúntenle a BP, que al comienzo minimizó el derrame de petróleo del año pasado en el Golfo de México. O a Toyota, que al principio titubeó respecto a la preocupación generada por la supuesta súbita aceleración en sus autos.

En el caso de News Corp., la creciente lista de bajas incluye: dos altos ejecutivos que debieron irse, un diario cerrado, una adquisición empresarial clave perdida (por ahora), investigaciones policiales en el Reino Unido y Estados Unidos, las energías de los altos gerentes consumidas por el problema y accionistas cada vez más inquietos.

Los expertos que lidian con crisis como esta dicen que el gran error de News Corp. fue no comprender —o ignorar— las dimensiones del problema desde el comienzo. El momento para hacer el manejo de la crisis, dicen, fue entre 2006 y 2011, cuando seguían apareciendo pruebas de desmanes, cuando fueron realizadas investigaciones inadecuadas por la policía y la compañía, y cuando las víctimas se seguían quejando y llegando a acuerdos extrajudiciales con News Corp.

Lo que queda en este escenario, dicen, es algo similar al manejo de un choque: tratar de que los escombros no golpeen a demasiados activos de la empresa y a transeúntes.

Michael Gordon, cuyo Group Gordon asesora a compañías en crisis, dice que News Corp. recientemente ha estado "manejándolo correctamente...". Y agregó: "Se tienen que separar los errores iniciales que causaron la crisis de cómo la empresa la manejó una vez que la presión aumentó" hace dos semanas, cuando hubo nuevas revelaciones sobre el alcance de las escuchas. "Tomaron algunas decisiones audaces", incluyendo el cierre de The News of the World, el periódico involucrado en el escándalo. "Muchas compañías se toman meses para llegar a ese punto y tienen que ser arrastradas por el barro para llegar allí", sostuvo.

Con respecto a lo ocurrido en los primeros años, News Corp., que es propietaria de The Wall Street Journal, dice que confió en una investigación policial, una inspección interna y asesoramiento legal externo que determinaron que las escuchas eran limitadas. En una señal de que más cabezas podrían rodar, Murdoch le dijo a la comisión parlamentaria: "Siento que gente en la que confié —no estoy diciendo quién ni sé a qué nivel— me ha decepcionado".

Entran en escena, también tardíamente, los administradores de crisis: News Corp., en los últimos días, ha contratado una serie de expertos legales y en relaciones públicas —Edelman, Sard Verbinnen, Williams & Connoly y Mark Mendelsohn, entre otros— para que la ayuden a lidiar con el cada vez peor humor de los inversionistas, los reguladores y las autoridades. La compañía también le pidió al miembro de su junta directiva Joel Klein, un ex funcionario del Departamento de Justicia de EE.UU., que guíe la respuesta a la crisis y creó un comité independiente para que investigue lo que ocurrió.

Los consejos de otros expertos son claros: esta vez, vayan hasta el fondo de lo ocurrido, descubran si hubo un encubrimiento y determinen si lo que estaba podrido era solamente News of the World, que apuntaba a un público masivo, o si se extiende a otras parte de News Corp. Después hagan público todo, compensen a las víctimas y demuestren que la compañía se asegurará de que nunca vuelva a ocurrir.

"Por eso es que estamos aquí hoy", le dijo James Murdoch a la comisión parlamentaria. "Estamos intentando ser tan transparentes como podamos".

La forma en que News Corp. manejará la próxima fase de la crisis determinará una de dos cosas: ¿podrá News Corp. comenzar a reconstruir su reputación? ¿O la crisis empeorará hasta transformarse en un ataque más serio a la gerencia de la compañía?

jueves, 5 de mayo de 2011

El encargado de apagar el último incendio en Sony

Por Daisuke Wakabayashi

La pugna de Sony Corp. por minimizar los coletazos de la violación a sus sistemas de seguridad en línea pone de relieve el rol de Kazuo Hirai, el jefe de la división de videojuegos y el candidato principal para convertirse en el próximo presidente ejecutivo del conglomerado.

Hirai, de 51 años, encara la mayor crisis de su carrera. La división de videojuegos, cuyo rumbo ayudó a enderezar tras cuatro años de pérdidas, está lidiando con el robo de información de más de 100 millones de cuentas de sus redes en línea. Su manejo de la situación probablemente afectará su carrera para suceder al presidente ejecutivo Howard Stringer.

Hirai, un ejecutivo bilingüe e igualmente a gusto en Japón y Estados Unidos, ha sido el encargado de enfrentar esta crisis, dicen fuentes de la empresa. Hirai participa en casi todas las reuniones sobre el tema, hablando inglés con los equipos técnicos en California y japonés con el director de información, Shinji Hasejima, en Tokio, y trabajando con equipos globales en asuntos legales y planes generales de negocios.

Algunas fuentes de Sony declaran estar "sorprendidas" por cómo Hirai se ha involucrado a fondo, dada su falta de experiencia en el manejo de crisis y su propensión a delegar responsabilidades a sus ejecutivos.

"Lo que ocurrió no es bueno para Sony, pero es una oportunidad fantástica para que él demuestre su capacidad de liderazgo", dice Atul Goyal, analista de la firma de corretaje de valores CLSA. "Si se equivoca, debilitará sus probabilidades de ascender a la presidencia ejecutiva. Si acierta, demostrará ser un sucesor capaz", señala.

Hirai y Stringer no estuvieron disponibles para hacer comentarios al respecto.

En el ojo del huracán

Sony ha sido blanco de los ataques de políticos y defensores de la privacidad en Internet, que señalan que la compañía demoró más de la cuenta en informar a sus usuarios acerca de la violación de seguridad y debió haber hecho más para proteger la información personal de sus clientes.

Sony informó que un pirata informático o hacker accedió a la información personal de 77 millones de usuarios de PlayStation Network, la red que permite a los usuarios de la consola jugar entre sí en Internet y descargar juegos, películas y programas de televisión. Los datos de 24,6 millones de cuentas en Sony Online Entertainment, la plataforma de múltiples jugadores para juegos de computadoras personales, también fueron robados.

Legisladores de EE.UU. difundieron el miércoles una carta en la que Sony dijo que encontró un mensaje de burla para la compañía durante el ataque, pero que aún no sabe quién fue el responsable.

Cuando Sony se disculpó ante los medios japoneses el domingo, en su primera conferencia de prensa sobre la situación, Hirai fue el ejecutivo de mayor rango en inclinarse en señal de disculpa.

Hirai ha sido el rostro público de Sony durante la crisis, eclipsando al propio Stringer, quien no ha hecho una aparición pública desde que se expuso la violación de datos.

Desde la oficina de Sony en Nueva York, Stringer ha desempeñado un papel tras bambalinas. Sony dice que habla con Hirai a intervalos de pocas horas.

Pero Stringer en general ha dejado el caso en manos de Hirai, quien ha seguido una senda inusual en Sony. El ejecutivo casi no tiene experiencia en el negocio de electrónicos para el consumidor, a diferencia de la mayor parte de la cúpula del conglomerado japonés. Hirai, no obstante, es el que mayor experiencia tiene en el negocio de servicios en Internet. La red PlayStation Network comenzó en 2006 y su éxito ha sido usado como modelo —técnica y estratégicamente— para la forma en que Sony planea integrar servicios con sus productos electrónicos para el consumidor tradicionales.

[Sony]

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Toyota, BP y GS, tres casos de reputación mal manejada

Dale Carnegie dictaminó que “toda publicidad es buena”. Pero los desastres sucedidos a Toyota, British Petroleum o Goldman Sachs, firmas que “cuidaban al extremo cada imagen institucional, desmienten terminantemente el aserto”, apunta Peter Goodman.

Los tres constituyeron “veras implosiones de reputación”, sostiene Howard Rubinstein, un prestigioso experto en relaciones públicas. A su criterio, la banca y las dos empresas “sufrieron ataques de características similares, dañinos para sus marcas o identidades. Examinarlos será fuente de análisis y sacará a luz errores que deberán ponerse en evidencia y luego evitarse”.

Varios expertos opinan que las tres firmas agravaron problemas prexistentes por no respetar una regla de oro: “cuando las cosas van mal, debe exponérselas de inmediato pues, de lo contrario –apunta Goodman- y se ingresa a una fase de deterioro en credibilidad difícil de revertir”.

En suma, Toyota, BP y GS exacerbaron cada situación resistiéndose a confesar. En su lugar, culparon a terceros o adoptaron actitudes negativas ante la opinión pública, el mercado y los medios. Lo malo, según James Donnelly (Ketchum, gigante en RR.PP), es que “nunca se habla de quienes se manejan bien. Pero las complicaciones llaman al punto la atención y dejan claro que Carnegie no tenía razón: la mala publicidad no siempre es deseable.

Eric Dezenhall, ex asesor comunicacional bajo George W.Bush, afirma que
“las estrategias convencionales son inútiles si las circunstancias resultan muy desagradables. Cuando eso ocurre, la mejor opción en RR.PP. será sencillamente absorber el golpe y volver a la normalidad. Sin duda, cosas como la hipocresía y el ridículo son arduas de superar”.

Todos esos analistas coinciden en que British Petroleum marcha al frente en materia de papelones. “Fue una de las peores políticas de RR.PP. que he visto en 56 años de actividad”, señala Rubinstein. Anthony Hayward, hoy ex director ejecutivo, apeló a todas las excusas disponibles para no admitir una catástrofe que empezó con once muertos”.

Toyota estaba en mejor posición, indican los expertos consultados. Pero la mayor automotriz mundial tenía (¿o tiene?) estereotipos culturales rígidos y una conducción de tipo familiar. Mientras tanto, Goldman Sachs es un ejemplo contrario a los otros casos. Como dice Donnelly, “si hubo pánico durante la crisis sistémica de 2007/09, la banca lo ocultó. No obstante, lo hizo a tal punto que, ahora, encarna la hipocresía típica de Wall Street”. Especialmente, tras revelarse que engañó durante ocho años del Banco Central Europeo sobre las cuentas de Grecia.

En julio, GS pagó una multa de US$ 550 millones para arreglar con complaciente secretaria de hacienda norteamericana un proceso por estafa. Su presidente ejecutivo, el imperturbable Lloyd Blankfein., declaró que “la banca hace el trabajo de dios”.