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martes, 4 de septiembre de 2012

¿Se uniría a la batalla de Bruce Willis contra Apple?

Por Anahí Aradas / BBC Mundo

Bruce Willis
La esposa del actor desmintió vía Twitter que el actor vaya a iniciar acciones legales contra Apple.
La prensa británica informó recientemente que la estrella de Hollywood Bruce Willis, quien en la pantalla ha lidiado épicas batallas, tiene una nueva: dar pelea al gigante de Apple para reclamar la propiedad de su extensa colección de música de iTunes y dejarla en herencia a sus hijas una vez exhalado su último suspiro.
Según estas informaciones, el actor está considerando la posibilidad de iniciar acciones legales contra la multinacional de equipos electrónicos y software y así calentar una campaña en defensa de los derechos de los internautas que descargan contenidos de archivos previo pago de internet.
El asunto quedó en duda después de que la esposa de Bruce Willis, Emma Heming-Willis, dijera que "la historia no es cierta" desde su cuenta de Twitter.
Sin embargo, la historia no carece de valor y lo cierto es que muchos lectores quizás se sorprendan de una cosa: cuando se le paga a iTunes o Amazon por un archivo no se adquiere una copia, sino una licencia personal para poder disfrutar del producto sin derecho a compartirlo ni mucho menos legárselo a seres queridos.
Así lo dejan claro los términos y condiciones de compra de una canción en páginas como iTunes, en donde el usuario acepta que "el servicio, incluyendo productos, gráficas, interfase del usuario, clips de audio, clips de video y contenido editorial contiene información y material propiedad de Apple y/o sus licenciatarios".

No se compra, se alquila

Tal y como observa Paul Wellis de la publicación especializada Digital Journal, si los consumidores están pagando para que Apple les "preste" un producto, entonces no se trata de una venta sino de un alquiler.
Si "compras un producto", dice Wellis, "tienes derechos" y, en ese caso, quizás el hipotético reclamo de Bruce Willis tendría argumentos en su defensa. Pero en el mundo de los productos digitales el asunto no es tan claro.
Si el usuario pudiera comprar el producto, que en el caso de los archivos digitales sería la copia del original, en legislaciones como la española aplicaría como una adquisición de copia de uso privado, le aseguró a BBC Mundo Víctor Domingo, presidente de la asociación de internautas en España.
"Ese archivo sería propiedad de quien lo ha comprado y esa persona puede escucharlo en el ámbito privado, lo puede compartir y se lo puede dejar a sus hijos. (Con iTunes) estamos yendo más allá de una supuesta protección a la propiedad intelectual", apuntó.
"Esto es un llamamiento a las administraciones públicas porque en esas condiciones nadie puede comprarlos".

Derechos de autor vs. derechos del consumidor

iTunes
El derecho todavía no se pone de acuerdo a la hora de regular la venta de productos digitales.
En la última década, la venta de contenidos de entretenimiento en la red ha pasado de la distribución de copias a la distribución de derechos de uso.
La razón fue la necesidad de la industria de adaptarse a un mundo de tecnología barata y a internet, donde miles de copias de un mismo archivo pueden distribuirse fácilmente en cuestión de minutos, lo que ocasiona un gran impacto en los beneficios de autores y empresas distribuidoras.
Sin embargo, la legislación vigente no ha evolucionado al mismo ritmo que el mercado y la propia tecnología. ¿Cómo lograr un equilibrio entre los derechos de autor y los derechos del consumidor?
Porque para una nueva generación digital puede ser difícil de entender que toda la cultura acumulada (y bien pagada) a lo largo de su vida no pueda ser legada a su descendencia. Y con ello no hablamos sólo de archivos culturales, sino también de nuestra información en Facebook y demás enseres de nuestra vida digital.
Abogados como el estadounidense David Goldman, en Estados Unidos, han ideado recursos como el programa llamado DapTrust para que el usuario pueda "meter" su existencia y pasarla a su descendencia. Sin embargo, Goldman desconoce si su ingenio podría salir airoso en una batalla legal contra estas grandes compañías de servicios digitales.
Pero mientras el sector evoluciona, planteamientos como estos, aunque inspirados por la rumorología, ponen un tema sobre la mesa que tarde o temprano tendrá que someterse a debate.

viernes, 17 de agosto de 2012

Una start-up se pregunta por qué no puedes revender tus canciones digitales

Fuente: Maximilian Bode


ReDigi tiene la tecnología para trasferir la posesión de archivos digitales, pero la industria discográfica ya les ha demandado.

En la tienda iTunes, el éxito de Adele “Someone like you” se vende por 1,29 dólares (unos 1,05 euros). Si te pasas por ReDigi, un mercado en línea donde la gente puede revender los archivos de música que ha comprado, la canción cuesta 59 centavos de dólar (unos 48 céntimos de euro).
Es la misma canción llena de sentimiento. La diferencia es que ReDigi etiqueta la copia de su sitio como 'usada' o 'reciclada' (originalmente se vendió en iTunes). Estos términos suelen aplicarse a bienes físicos como novelas gastadas o CDs que acumulan polvo, no al creciente volumen de canciones, libros y juegos hechos de bits eternos y fáciles de compartir. Los planes de ReDigi –y el debate legal que han generado- abordan la naturaleza cambiante de la propiedad en una era cada vez más digital.
Esta start-up con sede en Massachusetts (EE.UU.) está aplicando un concepto de propiedad arraigado en la ley estadounidense: que quien compra un trabajo creativo puede revender la copia que compró originalmente. “Si lo compras, lo posees, deberías poder venderlo”, afirma el director de tecnología de ReDigi, Larry Rudolph, quien también es investigador de informática en excedencia del Instituto Tecnológico de Massachusetts. “Si lo robas, no deberías poder venderlo. Es muy sencillo”.
Pero Capitol Records, una división de EMI, el gigante de la música, ha denunciado a ReDigi, acusándola de ser una “central para la violación de los derechos de autor”. La Asociación de la Industria de la Música de América también les ha mandado una orden para que detengan toda su actividad. “Aunque ReDigi venda su servicio como el equivalente de una tienda de discos de segunda mano, esa analogía no es válida: las tiendas de discos de segunda mano no crean copias para llenar sus estantes”, según afirma la denuncia de Capitol.
Este es el primer caso en Estados Unidos que se enfrenta a la cuestión de si los archivos digitales adquiridos legalmente se pueden revender y golpea en “el corazón de los futuros modelos de negocio de las industrias de la creación”, explica Jason Schultz, experto en derechos de autor digitales en la facultad de derecho de la Universidad de California, en Berkeley (EE.UU.). Al contrario que otras empresas como Napster que han sido objeto de la ira de la industria musical, Schultz cree que ReDigi tiene buenas posibilidades de ganar en los tribunales.
El juicio está previsto para octubre y Schultz afirma que el resultado afectará a grandes empresas que venden archivos u ofrecen servicios de almacenaje en nube a los consumidores, como Google, Apple y Amazon. El juez de distrito Richard Sullivan rechazó la solicitud de Google de ofrecer su opinión al tribunal.
ReDigi lanzó su servicio en otoño del año pasado. El usuario descarga su software para determinar cuáles de sus archivos musicales pueden ser revendidos. La empresa usa análisis forense digital para verificar que la persona posee legalmente el archivo (y no que lo haya grabado de un CD o descargado ilegalmente): Su 'motor de verificación' examina los datos asociados con el archivo para determinar cuál es la fuente original, quién lo compró y cuándo. Y si ha pasado de un ordenador a otro. Y según John Ossenmacher, director general de ReDigi, suelen pecar de precavidos eliminando cualquier canción cuyo registro sea ambiguo. A continuación la empresa borra todas las copias existentes en los aparatos sincronizados del usuario al mismo tiempo que trasfiere el original a sus propios servidores en nube. Una firma digital añadida al archivo hace que a su servicio le resulte fácil, igual que a un programa antivirus, detectar una copia del archivo en los aparatos sincronizados de alguien después de subírselo.
El resultado del caso de ReDigi puede acabar basándose en un detalle técnico: si la empresa está haciendo una copia de la canción al pasar el archivo a sus servidores, en cuyo caso estaría violando una ley de derechos de autor aprobada en la década de 1970. 
La empresa, que planea expandir su servicio de almacenaje y mercado de música a los libros electrónicos y los juegos, espera que la tecnología pueda resolver ese problema. Si bien no puede trasladar literalmente los bits digitales de un sitio a otro, ha adoptado métodos desarrollados por la industria bancaria para asegurarse de que una canción digital o un libro, igual que el dinero digital, nunca está en dos sitios al mismo tiempo. Cuando alguien compra el archivo del usuario, ReDigi trasfiere la licencia y la borra de sus servidores. Sin embargo, la tecnología no puede asegurarse de que alguien haya guardado una copia en otra parte.
Igual que cualquier vendedor de segunda mano, ReDigi solo ofrece el número de copias que tiene en stock de sus usuarios y las últimas novedades pueden no estar disponibles. Cuando una canción no está disponible, ReDigi permite que la gente use el crédito obtenido por vender sus canciones para comprar canciones nuevas en iTunes. Por el momento ReDigi solo acepta archivos comprados en iTunes, cuyos términos de compra dan al comprador una propiedad más clara del archivo que los de Amazon, explica Schultz.
La empresa se queda con un porcentaje de cada venta y hace poco empezó un programa para ofrecer una parte a los artistas, que normalmente no se beneficiarían de los mercados de segunda mano de discos o libros. Ossenmacher afirma que las discográficas también podrían acabar quedándose con una parte. “No lo estamos haciendo a hurtadillas”, afirma. “Hemos estudiado la ley y la tecnología. Queremos hacerlo correctamente”.
En la actualidad poseemos, de media, unos 500 dólares (unos 400 euros) de valor en archivos digitales adquiridos, según Ossenmacher. Que esta cifra aumente o disminuya es un interrogante abierto ahora que los servicios de suscripción o los de streaming son cada vez más populares. Y a veces no queda claro qué modelo de propiedad se puede aplicar en cada caso. Las bibliotecas, por ejemplo, se han mostrado reacias a aceptar la exigencia de las editoriales de que vuelvan a comprar un libro electrónico después de realizar un número determinado de préstamos. 
Schultz cree que el asunto de quién posee el archivo, que es lo que se está evaluando en este caso, puede ayudar a resolver este tipo de disputas. “Es lo que está en juego en realidad”, afirma. “¿Estamos yendo hacia un mundo en el que cada vez que quieras usar algún contenido sujeto a derechos de autor tienes que pagar, como en una autopista de peaje? ¿O realmente posees algo y tú decides cómo quieres usarlo?”, se pregunta este experto.
Copyright Technology Review 2012.

lunes, 30 de julio de 2012

Luchar contra los piratas sin rebajarse a su nivel

Ciberguerrero: El experto en cibercrimen y exmiembro del FBI Shawn Henry habla en la ponencia inaugural de la conferencia anual de seguridad informática Black Hat. 
Fuente: Flickr | Black Hat Events


En la conferencia Black Hat de este año en Las Vegas, el centro de atención pasa de la defensa al ataque.

Ahora que se producen cada vez más ciberataques contra la valiosa propiedad intelectual, las empresas deben estudiar sus opciones para devolver el golpe a los atacantes. Es lo que oyeron el miércoles pasado en Las Vegas los asistentes a Black Hat, la conferencia anual de seguridad informática.
“Durante mucho tiempo nos hemos centrado en la defensa, pero hay que hacer algo más. La industria tiene que atenuar la amenaza e ir a por el agresor”, explicó Shawn Henry, que hizo la ponencia inaugural de la conferencia, a la que asisten 6.500 expertos en técnicas de ciberataque y defensa, tanto legales como de otro tipo.
Hasta el mes de marzo pasado, Henry dirigía los programas criminales y de ciberataque del FBI en todo el mundo. Ahora es presidente de CrowdStrike, una empresa que está desarrollando una tecnología para ayudar a las empresas amenazadas a lanzar contramedidas. Y Henry no es el único que hace llamamientos para que las empresas consideren la posibilidad de responder a los atacantes.
Muchos creen que responder a los ataques podría tener más éxito a la hora de disuadirlos que simplemente fortalecer los sistemas diseñados para impedir la entrada de atacantes. Sin embargo, aún no queda claro qué tipo de contraataque será tecnológicamente posible y legalmente admisible.
Henry hizo hincapié en que no estaba defendiendo el 'contrapirateo' –algo que probablemente sería ilegal- sino pasar de intentar construir sistemas de seguridad impenetrables a diseñar sistemas que permitieran identificar la identidad y las posibles motivaciones de quienes pagan los ataques. A partir de ahí se podrían usar varios medios legales para frustrar o retrasar los esfuerzos de los atacantes, según Henry.
Lo que más preocupa a los defensores de este enfoque son las denominadas amenazas avanzadas persistentes (APT, por sus siglas en inglés), es decir, sofisticados ataques que implican el robo de propiedad intelectual valiosa y que se han usado con éxito contra empresas tan destacadas como Google y la empresa de seguridad RSA en los últimos años. Muchos de estos ataques los apoyan gobiernos extranjeros, según Henry. “Es como jugar al póker con cartas marcadas cuando te sientas a tratar con una empresa que tiene” el apoyo de un gobierno extranjero, afirmó, añadiendo que durante su estancia en el FBI tuvo conocimiento de un ataque que copió 10 años de trabajo de investigación y desarrollo, valorado en aproximadamente mil millones de dólares (unos 800 millones de euros), de una empresa.
Evaluar qué información es más valiosa y diseñar sistemas de seguridad que reúnan pistas sobre los intereses del adversario permite un contraataque eficaz, explicó Henry. “Puede ser negación y engaño: les mandamos algunos paquetes corruptos”, afirmó. “O podemos tener información falsa capaz de hacer daño al adversario, porque les ha costado cuatro meses y dos ataques de día cero [vulnerabilidades del software recientemente descubiertas] llegar ahí y no ha funcionado”.
Henry explicó que un análisis más inteligente de los registros de red de una empresa podría ofrecer la base necesaria para este tipo de estrategias y defendió que se produzcan cambios legales para establecer métodos o incluso la obligación de compartir datos entre empresas privadas y el Gobierno sobre ataques o amenazas. En la actualidad, las empresas atacadas no suelen compartir datos que podrían ayudar a otras a no correr la misma suerte, afirmó. Y las empresas suelen acusar a las agencias gubernamentales del mismo tipo de secretismo.
Antes de Henry habló Jeff Moss, fundador de la conferencia Black Hat y jefe de seguridad de la ICANN, conocido también como 'Tangente Oscura'. Moss afirmó que también cree que la seguridad informática civil debería ser más activa. “Necesitamos glóbulos blancos ahí fuera, empresas dispuestas a forzar los límites, vivir un poco más al límite forzando a los atacantes y ver qué pasa”.
Moss mencionó a Crowdstrike como ejemplo. Otro ejemplo, según afirmó, es Facebook, que ha sido pionero en el uso de pruebas reunidas antes de un ataque para perseguir al atacante independientemente de la aplicación de la ley. En enero, la red social presentó una demanda civil contra la empresa de marketing Ascend alegando que había usado software malicioso para esconder botones de 'me gusta' de Facebook detrás de fotos obscenas, engañando a los usuarios de la Web para que aumentaran la cuenta de 'me gusta' de sus clientes.
“No soy un Gobierno, no tengo tratados, no tengo la fuerza de un Ejército”, afirmó Moss, “pero puedo contratar a abogados y eso es casi igual de bueno”. Moss cree que este enfoque también serviría para establecer reglas de penalización internacionales.
Algunos observadores se oponen a la idea de que las empresas privadas se encarguen del trabajo de investigación y persecución,  porque sostienen que debería quedar en manos de las agencias gubernamentales, sobre todo porque muchos ataques sobre empresas parecen tener su origen en Estados nación. Henry replicó diciendo que las empresas de Estados Unidos se han visto obligadas a considerar este enfoque.
“En el mundo cibernético, el Departamento de Interior tiene la responsabilidad y la autoridad de proteger las .gov y la Agencia de Seguridad Nacional tiene la autoridad y la responsabilidad de proteger las .mil, pero nadie tiene autoridad para proteger a las .com” afirma Henry. “El FBI responderá, pero no patrullan activamente”, concluye.
Copyright Technology Review 2012.

lunes, 11 de junio de 2012

Los libros cambian la historia de la piratería digital

En el campo de la piratería digital, el mundo editorial se está defendiendo mucho mejor que la industria de la música.
Hace 10 años, las casas disqueras creían que habían vencido a la piratería cuando el enormemente popular Napster —un servicio que permitía encontrar y descargar canciones en línea— se declaró en bancarrota. En ese momento, las ventas anuales de música en Estados Unidos habían caído a unos US$2.000 millones, luego de alcanzar un pico de US$14.500 millones en 1999. Las disqueras culparon a Napster y afirmaron que la empresa alentaba la violación de derechos de autor. Desde entonces las ventas han caído otros US$5.500 millones, lo que representa una baja total de más de 50%.
Brian Stauffer
El negocio de los libros ahora está más avanzado en su propia historia digital que el de la música cuando desapareció Napster. Ambas historias comenzaron cuando los medios digitales se volvieron portátiles. En el caso de la música, eso fue en 1999, cuando las discográficas fueron derrotadas en una batalla legal para prohibir los reproductores de MP3. Para los libros, el hito fue el lanzamiento del Kindle en 2007.
El negocio editorial ha tenido un comienzo mucho mejor. Ambas industrias registraron una caída de alrededor de 20% en ventas físicas cuatro años después de sus respectivos inicios digitales. Pero las ventas de libros electrónicos han compensado ampliamente la disminución en las ventas de papel, a diferencia de las ventas de música digital, que se mantuvieron testarudamente cercanas a cero durante años.
Esto no prueba que los amantes de la música sean unos delincuentes. Más bien, muestra que venderles a los primeros en adoptar una nueva tecnología es una buena decisión. Las editoriales lo hicieron, a diferencia de las casas disqueras, que esencialmente insistieron en que la primera generación digital o bien robara música en línea o se quedara por completo sin música.
Siendo uno de los primeros emprendedores de la industria musical en línea, recuerdo bien esta desastrosa estrategia. En 1999, fundé Listen.com, con la esperanza de que la industria de la música adoptara pronto la floreciente Internet como un formato, de la misma manera en que antes había adoptado los CD, casetes, cintas de ocho pistas y tres velocidades diferentes de vinilos.
Pero las discográficas recibieron al primer reproductor masivo de MP3 —el Diamond Multimedia Rio— con una demanda judicial. La industria argumentó que dudaba "que hubiera un mercado para aparatos MP3 más allá que las miles de miles de canciones ilegales en Internet".
Observe la palabra "miles". El tráfico de música ilícita era insignificante en comparación con los cientos de millones de canciones que ahora circulan por Internet. El debut de Napster se produjo casi un año a destiempo, y la práctica de compartir archivos era desconocida fuera de los círculos técnicos o universitarios.
Lo que realmente causó entusiasmo respecto a los reproductores de MP3 fueron los US$75.000 millones que los estadounidenses habían gastado en CDs hasta ese momento. Los MP3 podrían lograr que esa amplia inversión de los consumidores fuera más valiosa al permitir que las colecciones de música fueran mucho más portátiles y combinables.
Pero las discográficas buscaron infructuosamente proteger al CD a través de una prohibición que fue rechazada por una corte en 1999. De no haber sido así, es poco probable que se hubiera inventado el iPod. Y eso habría descarrilado la cadena de productos e innovaciones que llevaron a la reinvención de los teléfonos celulares y las computadoras portátiles que electrizan al mundo actualmente.
Los consumidores ansiaban nuevas canciones digitales, ya que la capacidad de sus reproductores de MP3 se expandía de decenas de temas a miles. Las grandes disqueras no podían prohibir los aparatos, pero tampoco estaban dispuestas a vender canciones que se pudieran reproducir en ellos.
Para ese momento, la música digital se expandía exponencialmente. La popularidad de Napster creció a pasos agigantados, mientras las discográficas insistían con su boicot de la música digital. Fue así que millones de consumidores descubrieron de forma ilícita las grandes ventajas de la música digital.
Para cuando los sellos musicales otorgaron las primeras licencias para escuchar canciones en línea, el mercado sólo quería descargas, algo para lo que las disqueras recién otorgaron licencias en 2003, casi cinco años después de que aparecieran los reproductores de MP3.
Las licencias se expandieron rápidamente a partir de ese momento, pero el daño ya estaba hecho.
Los libros digitales, en cambio, tuvieron licencias y no demandas judiciales desde el principio. Las editoriales pueden enfrentar desafíos actualmente, pero como me dijo un observador de la industria: "Al menos no nos auto-inmolamos".
—Reid fundó Listen.com, la empresa que creó el servicio de música Rhapsody.

viernes, 8 de junio de 2012

El campo de batalla de la piratería

Por Editorial TICBeat

El tema de la piratería online, descargas ilegales, simplemente descargas o violación de la propiedad intelectual se adentra en la polémica. Así lo reflejan la multitud de formas de referirse al mismo, según quien hable. La siguiente infografía pone de manifiesto la división existente en este terreno yquiénes son los actores implicados, desde los grupos de presión y los torrents, pasando por el centro de todo: el contenido.
Torrents y páginas de enlaces a un lado y grupos pro derechos de autor en otro constituyen las partes antagonistas en esta infografía, elaborada por Visual.ly. Entre medias aparecen diferentes actores, como son las redes sociales y los buscadores, que facilitan el acceso a los sitios donde está el contenido, o el gobierno y las instituciones reguladores. Hay que señalar que la gráfica está pensada para el mercado de Estados Unidos, que a la postre nos afecta a todos.
pirateria

lunes, 13 de febrero de 2012

Por qué Internet y los derechos de autor no se llevan bien: Aaron Swartz

Compártelo: El programador y activista político Aaron Swartz se dirige al público en un mitin en Manhattan para oponerse a la legislación contra la piratería en Internet. 
Fuente: Daniel Sieradski


Un guerrillero digital nos explica los problemas de las leyes contra la piratería, por qué Internet y los derechos de autor no se llevan bien, y cómo se metió en política.

Para Aaron Swartz, compartir archivos en Internet no es solo divertido y provechoso. Es algo existencial.
El programador, de 25 años de edad, se enfrenta a denuncias por haber entrado en el sistema informático del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos) y descargar 4,8 millones de artículos de revistas con la intención de publicarlos en línea. Se declaró inocente, aunque según un manifiesto escrito por él en 2008 se necesitan precisamente esos actos de desobediencia civil en línea para llevar el intercambio desenfrenado de archivos de Internet "a la luz" y desafiar "leyes injustas".
Incluso antes de su detención, Swartz era conocido por sus contribuciones al código que hace funcionar Internet: de adolescente, fue coautor de la especificación RSS 1.0, que organiza las fuentes de noticias en línea. También ayudó a crear la página web Reddit, un sitio para compartir noticias, ideas y fotos que en la actualidad registra dos millones de páginas vistas al mes.
El caso de la piratería ha ayudado a convertir a Swartz en un símbolo político para una generación de jóvenes que consideran la descarga, remezcla e intercambio de archivos en Internet como su segunda naturaleza, aunque a veces violen las leyes de derechos de autor. Aunque su ideología pueda parecer extrema (escribió en su manifiesto que "tenemos que tomar la información, dondequiera que se almacene, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo") su punto de vista es que esa conducta ya está generalizada y en su mayor parte beneficia a la sociedad.
La tensión entre el uso compartido de Internet y los derechos de autor estalló de nuevo este mes de enero gracias a la Ley para Detener la Piratería en Internet, también conocida por sus siglas en inglés, SOPA, un proyecto de ley que habría facilitado a los estudios de Hollywood cerrar sitios web dedicados a distribuir películas piratas, por ejemplo evitando que los motores de búsqueda muestren sus vínculos. La legislación podría haber afectado a muchos sitios de Internet, como YouTube, los agregadores de noticias y otros miles donde los usuarios periódicamente suben textos e imágenes con derechos de autor.
El proyecto de ley fue archivado después de que fuera objeto de una campaña de publicidad masiva por parte de compañías de Internet y activistas. A lo largo de todo un día en enero, sitios web como Wikipedia bloquearon sus contenidos en señal de protesta. No es de extrañar que Swartz tuviera algo que ver con las protestas de Internet. Durante la misma semana en septiembre de 2010 durante la que, según los fiscales, estuvo desviando la base de datos JSTOR a un ordenador portátil escondido en un armario de la red del campus, Swartz también estuvo haciendo circular la primera petición en línea para aumentar el conocimiento público de la polémica ley contra la piratería.
Technology Review entrevistó a Swartz por teléfono. Su abogado, Martin Weinberg, permitió a Swartz ser entrevistado a condición de que no hablara sobre su denuncia pendiente o su manifiesto de 2008.
TR: ¿Qué papel jugaste en la lucha por detener la ley SOPA?
Swartz: Tuve conocimiento del proyecto de ley por primera vez poco después de que fuera presentado en septiembre de 2010. Por aquel entonces se llamaba de otra forma. Cambiaban el nombre una y otra vez. Supe de su existencia y rápidamente monté un sitio web, que terminó por convertirse en Demand Progress, para tratar de hacer que la gente fuera consciente de los problemas. Su plan consistía en acelerar una votación antes de que nadie pudiera tener la oportunidad de formular objeciones.
Muy pronto nuestra protesta empezó a convertirse en algo viral. Varios cientos de miles de personas firmaron la petición y la votación se retrasó. Y eso fue lo que inició esta larga lucha. Desde entonces, he pasado por momentos de mayor y menor actividad. He tenido que dedicarme a otras cosas, pero he tratado de ser un catalizador en los momentos clave. Lo más importante fue la construcción de una comunidad increíble. Eso fue lo que lo detuvo finalmente.
¿Por qué te opones a la legislación?
El proyecto de ley censuraría Internet, algo [la censura] que no solo no existe en EE.UU., sino que previamente había sido considerado como una especie de locura. Ese es el tipo de cosas que sucede en China o Irán. En un país con una Primera Enmienda nunca me habría esperado que el Gobierno intentara decidir qué sitios web pueden ver los estadounidenses.
Uno de los problemas era una cuestión relativa al proceso. Si se produce un crimen, se encuentra a la persona responsable, se la lleva a los tribunales, se produce un juicio y se tienen en cuenta las pruebas. Solo se puede hacer una condena a partir de ese momento. Sin embargo, con SOPA no se hubiesen producido juicios acusatorios, solo una audienciaex parte ante un juez. Para cerrar un sitio web, ni siquiera debían mostrarse pruebas de haber cometido un delito, solo parecer poseer material con derechos de autor.
¿Qué lecciones deberían aprender los empresarios sobre la lucha por la aplicación de los derechos de autor?
Creo que a menudo el asunto se retrata como algo entre artistas y piratas. Eso no es del todo exacto. La industria discográfica y la del cine son famosas por robar dinero a los artistas. Quiero decir, la frase 'la contabilidad de Hollywood' es un cliché. Y una de las formas en que los artistas han logrado escapar de ello es dirigiéndose directamente a sus fans en Internet. Eso resulta una gran amenaza para aquellos intermediarios que han estado robando parte del dinero. Creo que una de las razones por la que los estudios de cine quieren tener más control sobre Internet es para bloquearlo como mecanismo alternativo de distribución, para volver al método de antaño en el que pueden sacar su tajada.
¿Se te ocurre alguien en la industria del cine que esté haciendo una transición hacia el modo de hacer las cosas en Internet?
Los sindicatos de Hollywood estaban a favor de SOPA, pero uno estaba en contra, y era el Gremio de Escritores de América. Durante la huelga de guionistas de un par de años atrás, los escritores dejaron de trabajar en películas de Hollywood para comenzar a hacer cosas directamente en Internet. Mucha gente se planteó hacer programas de televisión o cortometrajes. Eso logró subir el perfil de los escritores y que consiguieran un público independiente de los estudios. La huelga les ayudó a entender el valor de Internet y espero que se lo puedan explicar al resto de Hollywood.
¿Crees que existe un choque de generaciones en Internet?
Hubo una gran audiencia en relación a SOPA, donde una gran cantidad de miembros del Congreso básicamente admitieron que no entendían muy bien cómo funciona eso de Internet y no lo usaban personalmente. Su personal tuvo que explicárselo. Creo que una gran cantidad de jóvenes lo encontraron bastante ridículo.
Así que se produjo una gran indignación al ver que Internet estaba siendo regulado por personas que ni siquiera sabían cómo usarlo. Si utilizas YouTube y Facebook normalmente, te das cuenta de por qué no es correcto pedir a estas empresas que tengan a personas dedicadas a supervisar todo lo que se publica, cada vídeo. Es totalmente comprensible para una persona joven que haya un sitio web con un puñado de empleados que reciban 24 horas de vídeo cada minuto. Mientras que creo que los miembros del Congreso provienen de una época en la que ... en fin, que ningún estudio de cine puede producir 24 horas de imágenes en un minuto, ¿correcto? Para ellos, es totalmente razonable que un estudio tenga que ver cada película que hacen, y conseguir la aprobación de ciertas personas.
Internet es una parte crucial de la vida de los jóvenes, es un lugar donde pasar el rato con tus amigos, donde ver las noticias. Lo que tocó la fibra sensible fue la noción de que se lo podrían quitar. Las empresas de Internet como YouTube podría ser bloqueadas y ajusticiadas sin ni siquiera haber sido declaradas culpables de ningún delito.
Eso suena un poco exagerado. Lo de "Salvemos Internet", ¿se está convirtiendo en algo como el aborto o el control de armas? ¿En una forma de unir a la gente a un nivel emocional e irracional?
Para respaldar ese aspecto específico, según la forma en que fue escrito el proyecto de ley original, cualquier sitio con una cantidad significativa de contenido infractor estaría sujeto a una orden de derribo. El Gobierno siempre decía que "nunca iría a por YouTube". Y quizá sea verdad. YouTube es probablemente una empresa demasiado grande y poderosa en este momento. No obstante, resulta muy fácil ver que cuando YouTube estaba comenzando podrían haber sido bloqueados y jamás haber crecido hasta el punto donde están ahora. Hubieran sido derrotados en su infancia.
Los estudios de cine se quejan de que es una lucha injusta, porque las empresas que controlan los sitios de Internet en realidad utilizaron esos medios para luchar contra el proyecto de ley. ¿Qué piensas sobre ello?
Esto es lo que solía conocerse como relaciones públicas, ¿no? Propaganda. La diferencia hoy día es que los grupos de ciudadanos comunes y corrientes pueden hacerlo. Creo que eso es una gran parte de lo que observamos con la lucha contra SOPA. No se trataba de una estrategia legal o de grupos de presión. Se trataba de cómo poder utilizar estas técnicas para llamar la atención de la gente. Wikipedia bloqueó sus contenidos durante un día, Tumblr pidió a todos sus bloggers llamar al Congreso (creo que hicieron más de 86.000 llamadas en un día). Hubo alguien que construyó una herramienta que automáticamente marcaba el teléfono de cada miembro del Congreso y el del jefe de la Motion Picture Association of America (MPAA). Si deseabas informar a todo el mundo de tu posición, él podía hacerlo con un par de clics. Lo que resulta diferente de esta lucha es que toda una comunidad hizo suya esa bandera y ha tratado de llamar la atención, y que todo está organizado a través de Internet.
¿Qué puedes decirme acerca de tu educación?
Crecí en un suburbio de Chicago, ya sabes, muy solo. No había una ciudad. No veía mucha gente a mi alrededor, así que terminé haciendo un montón de amigos por Internet y participando en cosas. Aprendí a programar y cuando estaba en sexto o séptimo grado me involucré en la creación de estándares web y comencé a trabajar con Tim Berners-Lee, creador de la Web.
Tuve la oportunidad de ver las cosas desde dentro y comprender cómo funciona la tecnología. Después de eso fundé Reddit, un sitio web de noticias en línea que se hubiese visto amenazado por estos proyectos de ley. Yo tenía claro que nadie más iba a ser capaz de ver o explicar estas cuestiones como yo, de entender cómo afectaba a la tecnología, cómo iba a afectar a los negocios, y también tener alguna idea sobre la forma de detenerlo políticamente.
¿Tus creencias están condicionadas por el propio Internet, por cosas que lees? ¿Cuáles fueron tus influencias más fuertes?
Me resulta un poco difícil decir cuáles fueron mis influencias. Mis padres no son particularmente políticos. Yo diría que están ligeramente a la izquierda del centro. Mi padre era empresario de software, así que tuvimos Internet muy pronto. Yo tuve un ordenador desde el día en que nací. Fue parte de mi vida mientras crecía. Durante la cena hablábamos y teníamos debates sobre cultura. Vengo de una familia que se enorgullecía de hablar y de tomar diferentes posiciones, ya que ello obliga a la gente a pensar.
Cuando navegaba por Internet, y aún hoy día, la comunidad relacionada con la tecnología poseía una visión muy 'tecnolibertaria': "Si nos limitamos a quitarnos al Gobierno de encima y dejar que todo el mundo escriba software, las cosas irán bien". He leído mucho acerca de ese tema, aunque nunca me persuadió. Estoy bastante lejos de ser un libertario. Más que nada, el hecho de tener un increíble sentimiento de empatía por la gente es un rasgo de mi personalidad. Sabía que tenía que ayudar a la gente. Creo que la comunidad tecnológica a menudo carece de un sentido de empatía.
¿Sientes empatía hacia los intermediarios de Hollywood a los que Internet está dejando sin trabajo?
Sé que tiene que ser duro y siento una empatía total por ellos como personas. Pero la empatía tiene que sentirse con un sentido de perspectiva por proporcionar un bien mayor para la mayoría de la gente. Es una lógica que dice, vale, sí, hay un puñado de gente rica que va a pasarlo mal, y resulta lamentable. Creo que Internet es lo que va a cambiar su industria y es demasiado tarde para detenerlo ahora.
¿Cuáles son tus metas para 2012 y más allá?
Hemos visto esta enorme sensación entre las personas, una sensación de ser capaces de marcar una diferencia a través de Internet. Creo que ese sentimiento de eficacia colectiva es increíblemente poderoso. Lo que estoy haciendo ahora es explorar diferentes maneras de sacar provecho de eso con estructuras sociales y herramientas tecnológicas para ayudar a la gente a organizarse.
El resto de mi vida consiste en descubrir qué puede construirse para dar a la gente formas de cambiar el modo en que sus vidas están estructuradas. Creo que hay un consenso entre la mayoría de personas en todas partes del mundo acerca del cómo quieren que sean las cosas. Quieren que acabe el cambio climático, que la gente salga de la pobreza y terminar con la corrupción. Y creo que Internet es una forma de que esto suceda.
Copyright Technology Review 2012.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Post-SOPA: El próximo desafío de la protección de derechos de autor en Internet

Por Wharton


La piratería en Internet es un problema que ha polarizado las opiniones de las personas y que ha provocado mucho debate, pero pocas soluciones. La cuestión ha alcanzado su punto álgido como consecuencia de las leyes Stop Online Piracy Act (SOPA) y Protect IP Act (PIPA), cuyo objetivo es coartar el tráfico ilegal online de contenido con derecho de autor y de productos falsificados. Después de que varios sitios webs, inclusive Wikipedia, protestaran con un "apagón", se archivaron ambas leyes. Mientras, los defensores de los dos anteproyectos —entre ellos, Rupert Murdoch, consejero delegado de News Corp.— salieron en busca de apoyo.

Pero los principales problemas tratados en los anteproyectos continúan sin solución. El fondo de la cuestión es cómo regular Internet de tal manera que la propiedad intelectual quede protegida, pero eso sin violar las libertades individuales y sin reprimir la innovación o la creación de empleos. Los "productores de contenido", entre ellos los estudios de cine y las discográficas, apoyaron SOPA y PIPA porque, según ellos, la piratería online merma sus ingresos, asfixia la innovación y arriesga los puestos de trabajo en EEUU. Ellos solicitaron también un control policial más riguroso en Internet ante el temor de posibles actividades terroristas. Sin embargo, los "intermediarios de contenido", como Google, Wikipedia y Facebook, dicen que una Internet "cerrada" amenaza las libertades individuales y sería mucho más perjudicial para la innovación y la generación de empleos.

Los defensores de SOPA/PIPA pidieron que hubiera un debate más amplio de la cuestión por parte de la opinión pública. Kevin Werbach, profesor de Estudios jurídicos y de Ética en los negocios de Wharton, prevé que el próximo choque tendrá lugar en torno a cuestiones mucho más específicas. "Las leyes de SOPA/PIPA pueden estar muertas, pero la presión para que se encuentren nuevas formas de perseguir la violación de los derechos de autor online continúa". Por ejemplo, la reacción de enfado por parte de Motion Picture Association of America cuando algunos legisladores retiraron el apoyo a SOPA "indica que Hollywood pretende jugar la carta política, en vez de buscar soluciones más adecuadas para su modelo de negocios", dice.

En vista de que el debate no perderá visibilidad pública, Werbach cita el Acuerdo Comercial contra Falsificación (Anti-Counterfeiting Trade Agreement), que crea patrones internacionales obligatorios en lo que se refiere a los derechos de propiedad intelectual, y que se presentará al Senado americano en algún momento para su ratificación. (La Unión Europea suscribió el pacto en octubre del año pasado). Además, la Ley OPEN (Protección online y aplicación al comercio digital), propuesta como alternativa a SOPA/PIPA, todavía tiene que ser debatida en el Congreso. Los defensores del proyecto de ley dicen que la ley OPEN protege los derechos de los artistas, tal y como pretendían hacer SOPA/PIPA, pero evita que se apele a la creación de nuevas fuerzas de competencia policial online y protege la innovación y los negocios legítimos en Internet.

Según Kartik Hosanagar, profesor de Gestión de las operaciones y de la información de Wharton, tanto las empresas de Internet como los dueños de derecho de autor tienen la culpa de la situación actual en torno al debate sobre cuál es la mejor forma de combatir la piratería online. Él cita como ejemplo una experiencia que hizo en el verano de 2009. Dos alumnos subieron algunos archivos protegidos con derecho de autor a varias webs de reparto de vídeos de Internet para analizar las tasas de detección de infracción del derecho de autor y comparar la variación de esas tasas en las diferentes webs. Después de conseguir subirlos con éxito, los alumnos borraban el material una semana después para evitar las descargas o visualizaciones del contenido. En las cuatro webs más populares de reparto de vídeo con que trabajaron, las tasas de detección (basadas en el número de veces en que los archivos cargados de forma ilegal fueron identificados y retirados) se situaron entre un 32% y un 87%.

"Algunas empresas han puesto el máximo esfuerzo posible en detectar las infracciones", evalúa Hosanagar. Él constató también que la web con la tasa más elevada de detección es propiedad de una "gran empresa de medios con una biblioteca de contenido bastante significativa", lo que, según el profesor, explica por qué su grado de detección fue más riguroso que el resto de empresas. "Algunas webs, especialmente las que tuvieron tasas inferiores a un 50%, están en la retaguardia del sector y parecen no invertir lo suficiente en la mejora de la tecnología de filtración y en el fingerprinting [identificación] digital", añade. "Es comprensible que los propietarios de contenido estén molestos".

Muchos de los que defienden la legislación son empresas consolidadas que compiten con nuevos modelos de negocio basados en tecnologías avanzadas y que no existían hace 25 años, creando con eso una "batalla de generaciones", dice Andrea Matwyshyn, profesora de Estudios jurídicos y de Ética en los negocios de Wharton. Los partidarios de SOPA dicen que la regulación permisiva de la piratería online perjudica la creación de empleos, sin embargo Matwyshyn dice que empresas de tecnología de "nueva generación", como Google y Facebook, están contribuyendo a la generación de empleos como mínimo tanto como la generación más antigua de empresas favorables a SOPA, como Sony, NBC y News Corp. "En realidad, yo diría que el empleo está siguiendo el camino de las empresas de la nueva economía", dice ella. "A medida que nos desplazamos a la economía del conocimiento, solamente mediante la innovación y la creación de servicios que el público ni siquiera conoce, aunque necesita, se generarán nuevas líneas de ingresos y nuevas fuentes de empleo".

Cuestiones de regulación de la Web que no se resolvieron

Las leyes SOPA/PIPA tienen sus raíces en las deficiencias de la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), ley creada en 1998, en la era pre-Web 2.0. La ley protege a los proveedores de servicios de Internet y otros por medio de cláusulas conocidas como "puerto seguro", las cuales, básicamente, limitan la responsabilidad de una de las partes según la premisa de que actuó de buena fe o en conformidad con las normas. Cuando la DMCA entró en vigor, sus formuladores no tomaron en cuenta la llegada de contenidos generados por el usuario y las webs de reparto de vídeos que surgirían más tarde, resalta Hosanagar. Muchas webs con contenido generado por el usuario recurrieron a DMCA para esquivar algunas demandas judiciales de antipiratería de que fueron objeto. Hay muchos productores de contenido que se sienten poco protegidos por el DMCA, lo que llevó a la reivindicación de otras leyes.

Pero las leyes de PIPA/SOPA tenían "un alcance demasiado amplio y conferían un poder exagerado a las empresas de medios que podían reivindicar infracciones o actos de piratería y cerrar webs en un abrir y cerrar de ojos", dice Hosanagar. Si el proyecto se hubiera convertido en ley, las webs que contienen contenido pirateado podrían haber sido apartados del sistema de dominios y de los índices de los motores de búsqueda. "Aunque esas webs pudieran continuar existiendo, el usuario tendría muchas dificultades para encontrarlos debido a PIPA/SOPA", añade. "Sería injusto con los proveedores de contenido que, en la práctica, serían considerados culpables hasta probar su inocencia".

Las nuevas leyes propuestas también pueden ser injustas con webs cuyo funcionamiento depende del contenido generado por el usuario, como es el caso de Wikipedia y de YouTube, dice Hosanagar. "Por mucho que haya mejorado el software de filtración, el resultado nunca es un 100% preciso, por eso siempre habrá una u otra infracción de contenido". Además, SOPA permitiría una regulación tal de los motores de búsqueda y de los proveedores de servicio de Internet que un órgano regulador tendría poderes para determinar qué webs podrían ser indexadas, añade Hosanagar.

Antes de aprobar una nueva ley, Matwyshyn dice que los gestores de políticas necesitan evaluar la eficacia de las leyes actualmente a su disposición. Ellos deberían también investigar si regulaciones, como las que gobiernan los bancos, pueden ser aplicadas para conseguir el efecto deseado, principalmente para retirar el crédito a webs sospechosas de piratería. "Algunos países no están interesados en poner en práctica nuestra interpretación de las leyes de IP", dice ella. "Pero cuando el flujo de capital se vea amenazado, tan solo es suficiente con la cooperación de un sólo eslabón en toda la [...] cadena para que el flujo de dinero sea interrumpido".

Se podrían hacer muchas cosas tapando los agujeros de leyes ya existentes, como la DMCA, dice Matwyshyn. La profesora encuentra deficiente, por ejemplo, una cláusula que criminaliza no el acto de copiar, sino el de retirar la protección de copyright que posibilita la copia. "Siempre que se penaliza criminalmente la conducta, es preciso hacerlo con mucho cuidado, sobre todo cuando está en juego un posible perjuicio financiero", dice ella. Matwyshyn añade que el aviso dado por el DMCA y las cláusulas para desmontar las webs son "usadas, a veces, de manera demasiado agresiva y de formas no necesariamente equilibradas". No es raro que se retire el contenido de una web simplemente porque el servidor donde se hospeda no quiere involucrarse en disputas jurídicas.

Cómo las empresas pueden detener la piratería

Werbach dice que la DMCA debería ser más flexible, y no al contrario. "Su efecto sobre la innovación es de confusión y desánimo", destaca el profesor. El principal desafío hoy en día consiste en crear un concepto de "puerto seguro" para la DMCA de carácter más decididamente internacional, añade. "La DMCA y la Ley de Comunicaciones de EEUU traen consigo un acuerdo importante: es responsabilidad de las webs lidiar con la información de material ilegal que les es comunicada; en cambio, no se hacen responsables con la misión imposible de monitorizar todo o de cargar con las responsabilidades legales", dice. "Ese modelo aún no se recoge en la legislación de ningún país".

Las leyes de protección de la propiedad intelectual y de control de la piratería en la Web ya existentes parecen funcionar bien en muchos casos, dice Werbach. Él cita como ejemplo dos hechos ocurridos cuando la batalla en torno a SOPA/ PIPA se volvía cada vez más acalorada: primero, un día antes de la retirada de los proyectos de ley, el Gobierno americano cerró Megaupload, web de reparto de archivos con sede en Hong-Kong, por obtener beneficios derivados de la difusión de grandes cantidades de música, películas y software que viola el derecho de propiedad. Megaupload era uno de las mayores webs extranjeras sospechosas de piratería que los defensores de SOPA/PIPA decían que era necesario combatir, observa Werbach. El segundo evento fue el anuncio de los espectaculares beneficios trimestrales de Apple por valor de US$ 13.100 millones, que para Werbach es prueba de que las leyes de copyright están funcionando. "Tres cuartos de los negocios de Apple están concentrados actualmente en el iPhone y en el iPad, basados totalmente en la distribución legal de contenido digital: música, vídeo y aplicaciones de software".

En vez de una regulación severa y recursos legales, "cambios simples en el modelo de negocios" se podrían usar para reprimir la piratería digital, dice Hosanagar. Amenazada por el ascenso del reparto de material pirateado en webs de punto a punto (peer-to-peer) como Napster, la asociación de las discográficas americanas (Recording Industry Association of America) hizo una campaña exhaustiva a través de acciones judiciales contra las webs y sus usuarios. "La tabla de salvación de la industria no fueron las acciones judiciales, sino la introducción, por fin, de nuevos servicios que atendieron mejor a las necesidades del usuario, como iTunes y Spotify", señala Hosanagar.

El profesor de Wharton dice que es preciso hacer un esfuerzo para que se llegue a una "solución más flexible", y especifica de cómo eso podría suceder. El meollo de la cuestión entre las webs de contenido generado por el usuario y el de propietarios de contenido es que el empeño de las webs en filtrar el contenido y la calidad de su software de detección [fingerprinting] constituye información privada, dice. "La mayor parte de las empresas de medios cree que las webs de reparto de vídeos no están esforzándose como deberían, y la mayoría de ellos dice que hace lo que puede". Si la industria consiguiera llegar a un consenso mínimo de patrones de detección, las webs podrían entonces compartir anualmente detalles de su rendimiento y someterlo a la auditoría independiente, explica Hosanagar. En ese escenario, el auditor analizaría el software de detección de la web de reparto de vídeo y haría, inclusive, pruebas aleatorias no previstas para verificar si el software está siendo usado en toda su capacidad. A continuación, el auditor emitiría un informe anual atestiguando el empeño de la web en evitar violaciones de copyright. "El proceso de auditoría ha fallado en algunos casos, pero el sistema funciona bien en general y permite que los mercados financieros sobrevivan", dice Hosanagar.

Una cuestión más amplia que cualquier regulación "es el esfuerzo de creación de un nuevo régimen de gobernación para Internet que dé a los gobiernos mayores poderes", dice Werbach. Él observa que algunos propietarios de contenido son favorables a la idea porque creen que permitirá que se introduzcan controles más rigurosos contra las violaciones de copyright. "Pero las mismas técnicas, si son exigidas por los gobiernos e incorporadas a la tecnología básica de Internet, podrían ser usadas para restringir la libre expresión y limitar las oportunidades de innovación", dice Werbach. "Es posible que asistamos a la emergencia de una alianza nada inocente entre ciertos intereses privados y gobiernos más cerrados que acabe por anular la apertura que hace que Internet sea algo tan extraordinario".