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lunes, 7 de mayo de 2012

Un gurú empresarial con conciencia social

Hace un par de años, Yvon Chouinard, fundador de la empresa de ropa y equipo para montañismo Patagonia, dio una conferencia sobre pesca sostenible en Vancouver. Había sido invitado en reconocimiento al compromiso de su empresa con el medio ambiente y a su reputación de generar ganancias y minimizar el impacto ecológico. Al terminar la charla, el empresario se sintió frustrado por la ignorancia de su audiencia. "No sabían lo que estaban haciendo", dijo en alusión a los comerciantes de comida de mar. "No tenían idea de toxinas ni de pesca incidental…".
Photograph by Tierney Gearon
Así que, a pesar de no tener experiencia en el sector de alimentos, Chouinard decidió formar una empresa de salmón, Patagonia Provisions, que debutó a comienzos de abril y usa equipos de pesca tradicionales. El ejecutivo ha inyectado hasta ahora US$1,3 millones en la iniciativa y no está muy seguro de cuándo recuperará la inversión. "No tengo remedio, sólo quiero mostrarle a la industria pesquera cómo se puede hacer".
El idealismo, la ambición, la confianza y la arrogancia en el centro del emprendimiento del salmón son característicos del estilo de gestión de Chouinard. Puede que su estrategia para dirigir una empresa sea comprendida mejor como una especie de arte que tiene menos que ver con los resultados financieros y más con ofrecer una hoja de ruta para futuros hombres de negocios. "Nunca quise ser empresario", advierte. "Pero me aferro a Patagonia porque es mi fuente de recursos para hacer algo bueno. Es una forma de demostrar que las corporaciones pueden tener vidas examinadas".
Esa misión ya ha avanzado. El nuevo libro de Chouinard, The Responsible Company (algo como La empresa responsable), que acaba de ser publicado en Estados Unidos, ofrece una lista de cosas necesarias para generar ganancias sin infligir demasiado perjuicio social. Por estos días, incluso las megacorporaciones le están prestando atención. Chouinard asesora al gigante minorista Wal-Mart en la reducción de empaques y uso de agua en las cadenas de suministros. Las dos empresas se han unido para crear la Coalición de Confecciones Sostenibles, a través de la cual han invitado a otras empresas importantes, como Levi Strauss, Nike, Gap y Adidas, a establecer estándares cuantificables y claros en la producción de prendas ecológicamente responsables. "Adoro a Yvon", señala Mary Fox, ejecutiva a cargo de la contratación de proveedores globales de Wal-Mart. En el universo de la sostenibilidad, "Patagonia es Goliat y Wal-Mart es David", agrega.
Photograph by Tierney Gearon
A los 73 años, Chouinard es un hombre grueso y de baja estatura que aparenta unos 60 años. Se mantiene en forma y su piel luce bronceada gracias a las horas que pasa haciendo surfing. El empresario merodea por las oficinas centrales de Patagonia en Ventura, California, revisando diseños nuevos (me mostró una chaqueta acolchada que parecía pesar lo mismo que un clip y luego me dijo que prefería matarme antes que contarme cómo la hicieron) y haciendo ajustes en su escritorio a una cocinilla para acampar que él mismo inventó. Si quisiera, podría jubilarse y vivir una vida maravillosa y activa: Chouinard y su esposa son los únicos dueños de Patagonia, que no cotiza en bolsa y que en 2011 registró US$414 millones en ventas. Este año, proyecta un crecimiento de 30% en la facturación. Pero el empresario tiene todavía cosas pendientes.
La evolución de Patagonia en una empresa de vestuario comenzó en los años 70 cuando Chouinard, entonces un montañista de clase mundial y diseñador de equipo para escalar, empezó a importar camisetas de rugby resistentes y pantalonetas de pana para sus amigos escaladores. Pronto, Patagonia empezó a diseñar sus prendas y, al poco tiempo, las ventas de ropa superaron las de equipo de montañismo. Fue así como Chouinard se convirtió casi por accidente en un magnate de las confecciones.
El ejecutivo nació en Maine, en el noreste estadounidense, de padres franco-canadienses que luego trasladaron la familia a Burbank, California. Chouinard aprendió a hablar inglés a los ocho años y cuando estaba en la secundaria descubrió el montañismo. Al ver que el equipo para escalar de esa época no se ceñía a sus estándares, intentó crear uno superior. Compró una fragua de carbón y se autoenseñó a hacer trabajos de herrería. El equipo resultante cautivó a la comunidad de montañistas. Pero los productos que lo harían rico no serían los mosquetones o los pitones, sino las chaquetas de fleece, las bermudas y las camisas de cuadros. A mediados de los años 80, Chouinard se vio dirigiendo una marca de moda de rápida expansión internacional, pero hizo todo lo posible por distanciarse de la cultura corporativa tradicional. "Si iba a ser un empresario, lo iba a ser bajo mis condiciones", escribió en 2005 en su biografía.
Esos términos incluyen lo que llama "gestión por ausencia", es decir, que pasa semanas o meses fuera de su oficina "probando" el quipo de la empresa mientras escala o pesca. Cuando acude a la oficina, su uniforme diario es jeans y una camisa Patagonia de botones. En su escritorio no tiene computadora, sino un tablero mágico en el que colegas dejan mensajes amables.
Existen economistas que insisten en que las compañías deben concentrarse en los resultados financieros duros y puros, y que el capitalismo depende en parte de este principio inquebrantable. También es cierto que pocos criticarían a una empresa por canalizar una porción de sus ganancias a causas benéficas. Pero la responsabilidad social corporativa (RSC), a menudo es considerada como algo marginal. Es una penitencia pequeña, usada por grandes compañías para configurar sus imágenes públicas o para aliviar las conciencias de aquellos que están en la cúpula.
La RSC tradicional ha arrojado iniciativas admirables. Por ejemplo, La Fundación Casa Ronald McDonald suministra ayuda a familiares de niños enfermos o heridos, un proyecto loable que tiene poco que ver con el modelo de negocios de McDonald's.
Cada vez más académicos argumentan que la RSC tendría resultados más profundos si empresas como McDonald's consideraran las responsabilidades sociales como parte de su negocio central. Por ejemplo, la cadena de hamburgueserías podría examinar el impacto de su cadena de suministro, sus políticas de empleo y su huella de dióxido de carbono. Últimamente la empresa ha avanzado en este frente, pero no ha hecho nada de la magnitud de autoflagelación que hace Chouinard y su empresa.
Patagonia hace responsabilidad social tradicional: desde 1985 ha donado 1% de sus ingresos (US$45,5 millones) a organizaciones de protección del medio ambiente. A lo largo de los años ha convencido a otras 1.400 empresas de hacer lo mismo. Una transformación más radical de la empresa se produjo a comienzos de 1991, después de que una desaceleración repentina sacudiera sus finanzas.
El crédito fue suspendido (Chouinard recuerda que su contador llegó a presentarle a un mafioso que le ofrecía préstamos con un interés de 28%). La empresa se vio obligada a hacer su primer recorte general de empleos (120). Durante la crisis, Chouinard consideró vender la compañía, pero decidió quedarse para encarrilarla hacia la rentabilidad, "pero esta vez viviendo una vida corporativa más examinada e influenciando a otras empresas a seguir el ejemplo", relata.
Chouinard puso las finanzas en orden. Prometió dirigir una empresa sin deudas, lo cual hace ahora. Luego analizó todo lo que Patagonia fabricaba, enviaba o procesaba y decidió hacerlo de forma más responsable. Empezó a usar algodón orgánico, aunque esto triplicó inicialmente sus costos, porque perjudicaban menos el medio ambiente. Creó chaquetas hechas completamente de botellas de gaseosas recicladas. Prometió fabricar productos lo suficientemente durables con la idea de que fueran reemplazados con menor frecuencia. El ejecutivo asume responsabilidad por cada producto que Patagonia ha fabricado, con la promesa de sustituirlo si el cliente no queda satisfecho, repararlo, ayudar a revenderlo (facilita el intercambio de ropa usada en su sitio web), o reciclarlo cuando ya supera su vida útil.
Claro, estas iniciativas también ayudan a posicionar su marca. Forest Reinhardt, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, fue coautor en 2010 de un estudio de Patagonia. Al igual que otros profesores de escuelas de negocios con los que hablé, Reinhardt parecía genuinamente impresionado por Chouinard. Lo cual es lógico: de una forma, el actual éxito de Patagonia se deriva de principios clásicos de negocios. La marca ha maximizado lo que las escuelas llaman "la disposición a pagar". El aura de calidad y buenas intenciones que rodea a Patagonia convence a los clientes de que sus bienes merecen el precio más alto que tienen.
Escépticos argumentan que este tipo de estrategia nunca funcionaría en una compañía gigante que cotiza en bolsa o en una que no cobra precios exorbitantes por sus productos. Pero cuando Chouinard asesoró a Wal-Mart sobre sostenibilidad, el minorista se dio cuenta de que las iniciativas medioambientales le ahorraban dinero.
De la misma forma, Levi Strauss ha acogido la estrategia de determinar referencias basadas en datos para mejorar las prácticas de fabricación. Levi's ha pasado los últimos 18 meses rediseñando sus procesos para ahorrar unos 170 millones de litros de agua en la confección de sus prendas. "Los ahorros de costos son reales", observa Michael Kobori, vicepresidente de sostenibilidad social y ambiental de Levi's.
Existe un valor accionario genuino en muchos de los ideales de Chouinard que podrían transferirse a todo tipo de empresas. Un lugar de trabajo más satisfactorio y feliz atrae y retiene mejores empleados, que a cambio diseñan productos superiores y desarrollan estrategias más inteligentes. Pensar en el impacto medioambiental ayuda a las empresas a estar a la vanguardia frente a futuras regulaciones que probablemente frenarán a rivales que no están preparados. Y es simple y llanamente una buena forma de gestionar una marca, ya que los clientes son cada vez más conscientes de la ética social de una organización.

lunes, 23 de abril de 2012

El coste energético de Internet

Por Editorial TICBeat

No es ningún secreto que el uso de Internet tiene un coste energético y medioambiental importante, a pesar de los esfuerzos de las grandes compañías tecnológicas por reducirlo. Esto podría ser un problema, ya que si el ritmo al que los nuevos usuarios acceden a la Red sigue siendo el mismo que el de los últimos 11 años, en 2017 toda la población del mundo estará conectada.
No obstante, en esta infografía publicada por WordStream con motivo del Día de la Tierra también hay datos esperanzadores, como que, a pesar de que entre los años2000 y 2006 el consumo de energía a nivel global aumentó un 200%, el de tráfico total de Internet lo hizo un 32.000.000%.
Pero, ¿cuánto CO2 supone, por ejemplo, una búsqueda en Google? Pues el equivalente al que se consumiría por conducir un coche 3 pulgadas. O, por ponerlo de otra forma, buscar 15.000 veces el término ‘fotos graciosas de gatos’ enGoogle cuesta al planeta lo mismo que hacer una hamburguesa de queso.
(Haz clic en la imagen para ampliar)
CO2 Internet Google infografía

miércoles, 4 de abril de 2012

Inventando la web limpia

Fuente: Getty Images


El mayor reto de la humanidad es el problema energético. Explicamos cómo la tecnología de la información puede darnos algunas respuestas.
En el punto álgido de la burbuja tecnológica en marzo de 2000, el gasto en infraestructuras de Internet había explotado. Cisco Systems tenía un valor bursátil de 578.000 millones de dólares (unos 433.500 millones de euros) y los inversores de capital riesgo aportaban millones para cualquier cosa que acabase en “.com”. A lo largo de los tres años siguientes quebrarían 655 empresas de telecomunicaciones y desaparecerían de las bolsas 5 billones de dólares (unos 3,75 billones de euros) de capitalización de mercado.
Un desastre, ¿verdad? Es lo que parecía entonces. Reunir dinero para poner en marcha una start-up de Internet se convirtió en misión imposible en Sand Hill Road, la calle donde se concentran numerosas firmas de capital riesgo en Silicon Valley. Sin embargo aquella inversión en infraestructura de Internet -los conmutadores, los routers, y el cable de fibra óptica- redujeron drásticamente el coste del ancho de banda y posibilitaron alcanzar un nivel de aplicación, que es lo que nos encanta de Internet en la actualidad: Twitter, películas en streaming, la computación en nube. Hoy usamos la tecnología de la información para hacer cosas que no podíamos ni imaginar en 2000, por ejemplo, comprar zapatos sin probárnoslos. Todo esto se ha conseguido gracias a software e ideas ingeniosas para usar de la mejor manera posible la infraestructura existente.  
En esta historia hay analogías muy importantes con la energía limpia. Los biocombustibles avanzados, los coches eléctricos y la energía solar están viviendo su propia época de apogeo y declive. El coste de los paneles solares ha caído de 4 dólares por vatio (unos 3 euros) a menos de 1 dólar (unos 75 céntimos de euro) en solo cuatro años. Eso es malo para los inversores en energía solar y los fabricantes sobreviven a duras penas. Algunos han tenido que abandonar el negocio, pero al mismo tiempo se están creando infraestructuras.  El gasto en energía solar, eólica y otras formas de energías renovables se ha disparado, alcanzando los 250.000 millones de dólares al año (unos 187.500 millones de euros).
Reunir capital riesgo para tecnologías limpias que necesitan mucho capital para arrancar, sobre todo empresas dedicadas a nuevas formas de producción de energía que se encuentran en su primera fase de desarrollo, es cada vez más difícil. Eso hace que inversores como nosotros pensemos en nuevas formas de invertir nuestros dólares en el problema energético. Creemos que la próxima oportunidad está en lo que nosotros denominamos la “web limpia, una forma de tecnología limpia que aprovecha Internet, los medios sociales y las comunicaciones móviles para cambiar nuestro sistema de consumo de recursos, nuestra forma de relacionarnos con el mundo, de interactuar con los demás y de lograr el crecimiento económico.
La tecnología de la información y los modelos de negocio en la red que están teniendo un rápido crecimiento pueden ampliar el uso de energías renovables. En la actualidad los retos a los que se enfrentan industrias como la solar, la eólica y la de los biocombustibles no tienen demasiado que ver con cuestiones puramente científicas. Gran parte de los avances científicos necesarios ya se han dado y, en algunas circunstancias, la electricidad procedente del viento y el sol es más barata que la que proviene de los combustibles fósiles. Ahora mismo, lo que detiene a estas industrias son los malos canales de venta, una financiación y un sistema de incentivos complejos y el fracaso a la hora de comunicarse con los consumidores.
Eso implica que esta industria está preparada para un cambio que incluya la introducción de tecnologías de la información, que se encargarán de impulsar la próxima fase de reducción de costes y difusión, especialmente en el caso de la energía solar. El precio de una instalación solar doméstica se ha reducido a la mitad en los últimos años, pero la bajada del coste de los paneles ya no seguirá. En la actualidad, más de la mitad del precio de una instalación solar doméstica se compone de costes blandos como la evaluación de necesidades, la adquisición de clientes y la financiación. De media, las empresas solares se gastan 2.500 dólares (unos 1.875 euros) en conseguir cada nuevo cliente. Imagínate la frustración de la empresa cuando, después de mandar un camión hasta una casa, el instalador descubre que la sombra de un árbol sobre el tejado hace inviable el proyecto o que el cliente no puede conseguir financiación. Es un gasto significativo de tiempo y dinero.
Una mejor información puede aumentar la eficacia. Por ejemplo, OneRoof Energy, una empresa solar en la que hemos invertido, usa imágenes por satélite para elaborar proyectos para los clientes a distancia, determinando el coste y la viabilidad de los mismos mucho antes de que el camión aparezca por su casa. Otra empresa que respaldamos, Solar Mosaic, reúne dinero para financiar instalaciones solares mediante elcrowd-sourcing en línea. Calculamos que las soluciones basadas en la tecnología de la información podrán, por sí solas, reducir el coste de las solares en otro 75 por ciento. Si estamos en lo cierto, la energía solar podría ser decididamente más barata que la electricidad generada mediante carbón. Y podría acabar cubriendo de un 15 a un 20 por ciento de las necesidades de energía eléctrica de EE.UU.
Al contrario que la tecnología limpia tradicional, la web limpia no siempre tiene que ver con producir energía. Piensa por ejemplo en los mercados de redes punto a punto (P2P, por sus siglas en inglés) que promueven el consumo cooperativo. Airbnb es un servicio en línea que permite a los consumidores alquilar alojamientos en las casas de particulares en vez de en un hotel. Probablemente la empresa no se fundó pensando en la eficiencia energética, pero dado que los hoteles gastan tres veces más energía que una casa media, el impacto acumulado de reducir el uso de habitaciones de hotel puede ser significativo. La empresa alquila más de 10.000 habitaciones cada noche; y a pesar de que eso es menos de una décima parte de las habitaciones de hotel disponibles en Las Vegas, hay que tener en cuenta que este ahorro se organiza casi exclusivamente a través de un programa de ordenador, y Airbnb está creciendo extremadamente rápido (ver mapa). Ésa es la idea: conseguir los beneficios de la tecnología limpia a la velocidad y la escala que proporciona la Web.
Reestructurar los mercados para ahorrar recursos no se limita al los hoteles y el entorno inmobiliario. Los programas de coches compartidos están creciendo a gran velocidad: la cifra de coches compartidos en Estados Unidos creció desde los poco más de 1.400 en 2000 hasta los más de 12.000 el año pasado. Zipcar, el líder del mercado estadounidense de coches compartidos, afirma que cada uno de sus vehículos compartidos elimina la necesidad de fabricar otros 15. Con las cifras actuales, eso supone 190.000 coches que no hay que fabricar. La tecnología de la información que facilita las videoconferencias y el trabajo a distancia también recorta el gasto energético.
Los programas de ordenador valen lo que valgan los datos que introducimos en ellos. En la actualidad ésa es una limitación muy importante, pero vemos cómo se  está superando rápidamente. Ahora mismo hay 2.500 millones de sensores conectados a Internet, por ejemplo localizadores GPS en palés de transporte o incluso sensores de volumen en cubos de basura. Se espera que ese número crezca hasta los 100.000 millones a lo largo de los próximos 10 años. Con la aparición de esta “Internet de las cosas” llegará un aumento exponencial de los datos que se pueden recopilar y analizar, lo que creará nuevas oportunidades para descubrir patrones y posibilidades de ahorro de energía.
A finales del año pasado, las compañías eléctricas estadounidenses habían instalado 26 millones de contadores inteligentes en los hogares del país, y está sucediendo lo mismo en China y en Europa. Estos contadores, combinados con sensores en lavavajillas o termostatos, proporcionarán una información mucho más detallada sobre los patrones de uso de energía de los hogares. Gracias a esta información, los consumidores podrán cambiar sus patrones de uso de energía a momentos en los que esta sea más barata. La iniciativa 'Botón Verde de la Casa Blanca', que obliga a las compañías eléctricas a compartir con sus clientes los datos sobre consumo de energía, será muy importante para que el ejército de desarrolladores que hay ahí fuera cree la próxima gran aplicación de energía doméstica.
Según el grupo Cleantech, desde 2009 los inversores de capital riesgo han aportado fondos en 414 rondas de financiación de web limpia, lo que representa un 18 por ciento de todos los acuerdos de tecnología limpia. Emprendedores, diseñadores e ingenieros se reúnen en eventos de fin de semana por todo el país en los que compiten para crear las mejores aplicaciones posibles en 36 horas usando datos públicos, como las clasificaciones de eficacia energética de las neveras vendidas en Amazon.com o los perfiles energéticos de los edificios públicos. Hemos llevado a cabo eventos en San Francisco y en Nueva York y tenemos media docena más planeados para este año. Aún estamos en los primeros pasos de este movimiento, pero cada vez más gente comprende que el nivel de aplicación de la tecnología energética del futuro se está escribiendo hoy.
Sunil Paul y Nick Allen son socios de la firma de capital riesgo Spring Ventures en San Francisco (EE.UU.)
Copyright Technology Review 2012.

jueves, 2 de febrero de 2012

Servidores más pequeños para un Internet más verde

Nube compacta: Este servidor, que contiene 64 procesadores de cuatro núcleos, consume aproximadamente la mitad de energía de un servidor convencional. 
Fuente: SeaMicro


Intel se asocia con una 'start-up' para crear un servidor el doble de eficiente que los utilizados para sitios web y aplicaciones actualmente.

A medida que la nube se vuelve más presente, alojando desde las redes sociales hasta las aplicaciones móviles, los ordenadores que la hacen funcionar tienen que engullir cada vez más energía. Ayer miércoles, la start-up SeaMicro, el fabricante de chips Intel y el gigante de la electrónica Samsung dieron a conocer un nuevo diseño de ordenador que podría aumentar la eficiencia energética de los centros de datos que forman la nube.
El nuevo diseño de servidor utiliza la mitad de energía y ocupa un tercio del espacio en comparación con los servidores usados en la mayoría de centros de datos hoy día.
Mozilla, el fabricante de navegador sin ánimo de lucro, y CompSec, dedicada a construir infraestructuras de computación en nube para agencias de inteligencia federales (en EE.UU.), ya están utilizando los nuevos diseños.
SeaMicro, con sede en Santa Clara, California, ha recibido 60 millones de dólares (45 millones de euros) en fondos de riesgo y una subvención de 9,3 millones de dólares (7 millones de euros) del Departamento de Energía de EE.UU. destinados a fomentar una mayor eficiencia de la infraestructura en nube.
Hasta ahora, la start-up era conocida por fabricar servidores pequeños y eficientes adecuados solo para trabajos de baja potencia en centros de datos. Estos nuevos servidores utilizan los chips Atom de Intel, originalmente desarrollados para ordenadores móviles. El nuevo diseño mantiene muchas de las mismas características eficientes, pero incluye un chip de servidor convencional de la línea Xeon de Intel, lo que le permite llevar a cabo tareas más intensas a nivel computacional, como trabajar con las inmensas bases de datos de las redes sociales o las tiendas en línea.
"Hemos sido capaces [con anterioridad] de hacer frente a una parte importante de este mercado de rápido crecimiento, pero no al mercado entero", señaló el director general y cofundador de SeaMicro, Andrew Feldman, en un acto celebrado el martes en San Francisco. "Esto nos permite abordar el centro de datos al completo".
Muchas personas en la industria esperan ansiosamente la llegada de servidores creados con chips de teléfonos inteligentes, de alta eficiencia energética, como forma de reducir los costes de los centros de datos. Esos chips son creados por una variedad de compañías, entre ellas Qualcomm, Marvell y Texas Instruments, usando diseños bajo licencia de ARM, empresa ubicada en el Reino Unido. Este cambio amenaza con diluir el dominio de Intel en el mercado de los chips de servidor. Hewlett-Packard anunció el año pasado que lanzará una línea de servidores con chips de teléfonos móviles, en asociación con la start-up Calxeda.
La colaboración de Intel con SeaMicro podría servir como defensa frente a esa amenaza. Los chips basados en ARM resultan prometedores, pero todavía no están disponibles en versiones capaces de realizar las intensas tareas de computación de 64 bits que requieren los centros de datos, señala Jean Bozman, analista de IDC. El enfoque de SeaMicro, que combina el chip Intel de 64-bit para servidores con un diseño simplificado y más eficiente, podría ser el primero en hacerse un hueco. "Ya está siendo usado por clientes", indica.
SeaMicro puede ofrecer ahorros de energía y espacio sin usar un chip móvil, puesto que ha encontrado formas de eliminar aquellos componentes que hacen que los servidores sean ineficientes, señaló Feldman durante el evento del martes. "Estamos quitando montones de componentes que absorben energía como si fueran vampiros", afirmó. "Nuestra tecnología patentada nos permite eliminar todo excepto tres componentes de la placa base [de un servidor]: el procesador, la memoria RAM y nuestro propio chip".
Las placas madre convencionales también poseen tarjetas de red, chips para el BIOS (que ayudan a que el ordenador se ponga en marcha), ventiladores, conectores USB, luces LED y otros componentes que utilizan constantemente energía y afectan al grado de eficiencia, aseguró Feldman. El chip de SeaMicro hace todo el trabajo de los componentes necesarios, como los chips del BIOS y los enlaces en la red, de una manera más eficiente. Por ejemplo, el chip de SeaMicro puede apagar las capacidades de red cuando no son necesarias. "Consiste en evitar el desperdicio cortando muchas de las cosas con las que normalmente se cuenta", explicó Feldman.
Como resultado, la placa madre de uno de los nuevos servidores de SeaMicro tiene solo 28 centímetros de largo por 8 de ancho. Una placa madre de servidor convencional tiene unos 60 centímetros de largo por 45 de ancho.
Copyright Technology Review 2012.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La lucha del líder de Greenpeace por salvar el planeta


[mag911kumi1]Photograph by Bert Teunissen
Kumi Naidoo luchó contra el 'apartheid' en su Sudáfrica natal, pero hoy algunos critican sus tácticas al frente de Greenpeace.












A las 7 a.m. del 10 de junio, a 161 kilómetros de la costa de Groenlandia, una lancha de alta velocidad se lanzó a las aguas heladas. Kumi Naidoo, el carismático líder de Greenpeace Internacional, se subió a la embarcación y agarró fuertemente un cabo con una mano, mientras con la otra sostenía una pancarta que reclamaba: "Paren la destrucción del Ártico".
La lancha alcanzó su objetivo: una plataforma petrolera de 53.000 toneladas. Naidoo consiguió trepar hasta la cubierta, a pesar de la oposición de los trabajadores. El activista anunció que estaba allí para hacerles llegar una petición firmada por 50.000 personas para exigir que la compañía, Cairn Energy, hiciera público su plan de reacción ante derrames de petróleo, en caso de que tuviera alguno. Naidoo, de 46 años, pasó cuatro días en prisión. La petición se quedó en la plataforma, sin que nadie la leyera.
La protesta contra Cairn Energy fue la primera ocasión en más de una década en la que el director ejecutivo de Greenpeace fue arrestado y deportado durante una acción directa, y no es casualidad que Naidoo decidiera liderar la operación la víspera del 40º aniversario de la organización. Greenpeace se encuentra en una seria encrucijada. Lo que empezó como un pequeño grupo de militantes en Vancouver es ahora una organización con 2,8 millones de miembros y 2.500 empleados en 40 países. No es sólo la cara internacional del movimiento para la defensa del medio ambiente, es un gigante que compite al mismo nivel que algunas de las empresas contra las que lucha. Ha ganado batallas en los bosques y en los tribunales, pero también ha recibido fuertes críticas de que no ha conseguido resultados significativos que hayan cambiado el mundo. Entonces, ¿qué papel juega Greenpeace en el mundo actual?
[mag911kumi3]courtesy of Civicus
Naidoo (abajo izq.)
Naidoo, originario de Sudáfrica y al frente de la organización desde hace dos años, siempre ha compartido con Greenpeace una inclinación por la acción directa. Pero su disposición a negociar con las multinacionales es una estrategia nueva y controvertida para la ONG. Ha conseguido que Unilever y Coca-Cola dejen de usar gases HFC (que son más dañinos para la atmósfera que el CO2) en sus sistemas de refrigeración. Ha logrado que Nestlé deje de comprar aceite de palma en Sumatra, donde los bosques son talados sin miramientos. "Es completamente apropiado que el director ejecutivo de Greenpeace esté en el auténtico corazón de los negocios y las políticas globales", dice J. Carl Ganter, un destacado defensor del medio ambiente.
Para algunos guerreros ecológicos, se trata de un sacrilegio. "He perdido a algunos de los primeros militantes por esto", admite Naidoo sobre su acercamiento a Coca-Cola. "Pero no tenemos que apoyar todo lo que hace para trabajar con ella".
Paul Watson, el fundador más joven de Greenpeace y ahora líder de Sea Shepherd Conservation Society, una organización más pequeña y más polémica, es ahora el mayor detractor de su antigua ONG. "Se está convirtiendo únicamente en una máquina burocrática de hacer dinero que vive a costa de otras ONG", denuncia Watson. Es especialmente crítico con la filosofía de Greenpeace de ser sólo un testigo pacífico en las acciones directas, calificando esa actitud de cobarde.
De adolescente, Naidoo participó en las protestas contra el apartheid. Más tarde consiguió una beca para estudiar en Inglaterra. En 1990, regresó a Sudáfrica y durante dos décadas ocupó importantes cargos en el ámbito de los derechos humanos. Dirigió el primer programa nacional para la alfabetización y se hizo un sitio en la junta directiva de Greenpeace África.
En enero de 2009, fue uno de los líderes en una huelga de hambre de 21 días contra la postura del gobierno sudafricano con respecto al despótico líder de Zimbabue, Robert Mugabe. En su 19º día sin comer, lo llamaron para ofrecerle el puesto principal en Greenpeace.
El nuevo consenso entre los activistas es que el medio ambiente es ahora una cuestión de vida o muerte. "Apartheid climático" es un término que Naidoo utiliza para relacionar el medio ambiente con los derechos humanos.
El reto del cambio climático sigue en el aire. Aún no se han logrado acuerdos internacionales y el próximo intento será en diciembre, en la Cumbre del Clima en Sudáfrica. "El movimiento de defensa del medio ambiente es ahora global", dice Van Jones, ex asesor de Barack Obama. "Necesita a alguien que pueda hablar con gente de Asia, Latinoamérica, África. Con Nelson Mandela a punto de desaparecer de la escena internacional, no me sorprendería que el sudafricano más conocido entre los niños en los próximos años fuera Kumi Naidoo".

miércoles, 22 de junio de 2011

Las razones de Google para invertir en energía

Por BBC Mundo

La inversión de Google en el sector energético ha sido exclusivamente en renovables.

Google era un buscador, de eso hace mucho tiempo. Ahora es muchas más cosas: un servicio de correo electrónico, mapas callejeros, un portal de videos, un navegador, un teléfono inteligente, una computadora portátil... pero también es una empresa con licencia para generar y distribuir energía.

La pregunta que surge es por qué invierte más de US$680 millones en el sector de la energía limpia la mayor empresa de internet del mundo, con unas cifras de crecimiento que son la envidia de todo el mundo.

El discurso oficial de Google va en una línea cercana a lo que quieren oír los ecologistas: "Una contribución significativa al medio ambiente", según llegó a decir en su momento el presidente de la empresa, Eric Schmidt.

Pero hay expertos que señalan que, además, hay que hablar de otros factores, fundamentalmente del crecimiento de internet en "la nube". Google puede estar buscando independencia en energía, además de hacer negocio con ello.

"En su constante búsqueda de ser autónomos, se hicieron a su propio navegador, su propio sistema operativo... es casi de lógico que también busquen sus propias fuentes de energía", le dijo a BBC Mundo Tomy Pelluz, webstrategist español.

Inversiones millonarias

Según Google, la inversión de sus diferentes divisiones en energías limpias asciende a US$680 millones. La mayor, los US$280 millones destinados a SolarCity, empresa dedicada a la instalación de paneles solares en hogares.

Además, anunció la inversión de US$168 millones en uno de los mayores proyectos de producción de energía solar, en el desierto de Mojave (California).

Pero también son altas las sumas invertidas en energía eólica. Google anunció una inversión de US$55 millones en una granja eólica en California y otra de US$100 millones en otra de estas instalaciones en Oregón.

"Hemos apoyado empresas de energía limpia con tecnologías con potencial de crecimiento que podrían llegar a producir energía más barata que el carbón", señala la propia empresa.

La empresa además obtuvo la autorización del regulador del mercado para convertirse en proveedor de energía.

¿Y la nube?

"Sea por costos, sea porque buscan no depender de la energía que les suministran otros, lo innegable es que en el futuro va a ser un sector crucial y el interés que tiene Google. De ahí, sus fuertes inversiones", apunta Pelluz.

"La 'nube' crece en una era en que el cambio climático y las emisiones contaminantes son una preocupación general. Con el crecimiento de la 'nube', sin embargo, se multiplica la demanda de energía", señala un reciente informe de la organización ecologista Greenpeace.

Google Green

Google ha invertido en energías renovables US$680 millones.

Según un informe de las universidades estadounidenses Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT, en inglés) y el Carnegie Mellon, la factura energética de Google deben rondar los US$38 millones.

Y eso porque el cálculo se basa en una estimación antigua de que tiene medio millón de servidores. "Google bien podría tener más de un millón, así que si la factura excediera de US$80 millones no sería una sorpresa".

El analista argentino Andrés Snitcofsky considera que esa cifra, en cualquier caso "no es un monto importante".

"Si vemos el reporte anual de resultados, en 2010 tuvieron así como US$18.900 millones de gastos. Cualquier innovación en el área, seguramente no estará al ahorro económico, sino que estará ligada a la responsabilidad ecológica, algo de lo que han dado muestras en el pasado", le dijo Snitcofsky a BBC Mundo.

Ahora bien, como recuerda Pelluz, "no deja de ser un tema cada vez más importante". "Creo que su centro de datos de Oregon consume tanta energía como la ciudad británica de Newcastle".

"Lo que no me gusta de la metáfora de la nube es que hacen pensar en algo muy distinto a los centros de datos, por lo general fríos y sumideros de energía", comenta Pelluz.

Y es precisamente la existencia de ese sumidero y la consciencia de que va a ser cada vez mayor, la razón última del giro de Google hacia la energía: según Greenpeace, con el ritmo de crecimiento en el que están, los centros de datos y las redes de telecomunicaciones, en 2020, conmsumirán más energía de lo que en la actualidad gastan Francia, Alemania, Canadá y Brasil, juntos.