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miércoles, 23 de abril de 2014

El 'arte' de limitar la libertad de información

English: Julian Assange (Wikileaks) with nimbu...
English: Julian Assange (Wikileaks) with nimbus, stencil in Leipzig Connewitz Deutsch: Julian Assange (Wikileaks) mit Heiligenschein, Stencil in Leipzig Connewitz (Photo credit: Wikipedia)










Por Baltazar Garzón / El País
http://elpais.com/elpais/2014/04/22/opinion/1398188034_810155.html
Los ciudadanos de todo el mundo asistimos hace apenas unos meses con asombro a la revelación de la existencia de dos programas de vigilancia masiva de las comunicaciones por parte del Gobierno norteamericano. La justificación gubernamental estadounidense ante tal violación del derecho fundamental a la intimidad personal y familiar resultó previsible: los programas han sido eficaces porque han “prevenido muchos ataques terroristas”. Nunca se especificó cuáles fueron estas acciones, lo que obviamente produce en el ciudadano una sensación amarga, que aumenta su incredulidad.
En cambio, es menos previsible la respuesta que pueda dar el Gobierno en cuanto al caso Edward Snowden, exagente de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) y presunto whistleblower o denunciante de esta información.
Algunos de estos documentos filtrados indican que la ASN y el Centro de Inteligencia Británico (GCHQ) habrían espiado a Julian Assange y a Wikileaks. En este caso, la definición ha sido la de “actor foráneo maligno”, esto es, se le ha catalogado como una amenaza a la seguridad nacional. Wikileaks parece que ha sido espiada hasta el punto de monitorizar las entradas a su website y adquirir las direcciones de IP de los visitantes a la web. Otro de los documentos describe las presiones ejercidas por Estados Unidos a países aliados para tratar a Julian Assange como un delincuente. Esto, sencillamente, es inaceptable en un país democrático que se precia de aplicar el Estado de derecho.
Dispone el artículo 19.2 del Pacto de Naciones Unidas de Derechos Civiles y Políticos que “toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.
La guerra contra el terrorismo no puede avalar la vigilancia de los periodistas y de los medios de comunicación
Los mismos derechos de naturaleza fundamental están recogidos en otros textos regionales de protección de los derechos humanos como son: el artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH); el artículo 13 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos; y el artículo 9 de la Carta Africana de Derechos Humanos.
Su ejercicio puede estar sujeto a restricciones legales, que se consideran necesarias para asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás; y para proteger la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas. Pero, como cualquier restricción, deben ser aplicadas en sentido estricto.
Lo que resulta de vital importancia es que en todos estos textos jurídicos la libertad de expresión y la libertad de información se regulan en un mismo artículo porque la primera es la base de la segunda y porque aquella no se puede ejercer sin esta.
Esto es, el acceso a la información es una conditio sine qua non para ejercer, de forma plena, la libertad de expresión así como otros derechos. Si uno no está informado, su opinión podrá ser válida, pero será incompleta o, cuando menos, distinta a aquella otra que expresaría de haber dispuesto de la información. Y ello tendrá repercusiones en otros ámbitos, como puede ser el ejercicio del derecho al voto.
De ahí que el Comité de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas haya declarado que la libertad de expresión y la de información son de suma importancia en cualquier sociedad democrática.
Estos derechos que, en teoría, se consideran tan arraigados en las sociedades democráticas occidentales son objeto de numerosas tensiones entre el Estado y los ciudadanos. En términos generales, existe una clara tendencia por parte de algunos Gobiernos a limitarlos. Esta predisposición se escuda en una interpretación amplia y muchas veces contra legem, de las restricciones legales a las que se han hecho alusión.
En este contexto, son varios los mecanismos desplegados: el más conocido es la “guerra contra el terrorismo” con el que se consigue justificar la supuesta protección de la seguridad nacional y la intromisión sistemática de los derechos y libertades de los ciudadanos, precisamente los dos que se alegan contra Assange y Wikileaks.
Resulta paradójico que tanto uno como otra estén siendo tratados como una amenaza y no como lo que son: un periodista y un medio de comunicación que ejercen el derecho fundamental de recibir y difundir información en estado puro, sin cortes ni censura, sin intereses partidistas de por medio, sin presiones económicas ni políticas. Es quizá este sistema el que causa miedo y preocupación por la falta de control que suponen
Las autoridades han tratado de evitar ser investigadas, no de amparar a la sociedad contra Julian Assange
Un ejemplo claro fue la publicación y difusión del vídeo del ataque aéreo estadounidense que causó la muerte de NamirNoor-Eldeen y SaeedChmagh, dos trabajadores de la agencia de comunicación Reuters en Irak. La agencia intentó infructuosamente conseguir el vídeo del ataque que finalmente se hizo público en Wikileaks desmontando la versión oficial del Pentágono al demostrar que se había tratado de una acción contra civiles.
La práctica de las autoridades americanas y británicas de investigar y espiar a Julian Assange, Wikileaks y a sus empleados no tendría como objetivo, por tanto, proteger la seguridad nacional, ni amparar a la sociedad ante una amenaza, sino defenderse ellos mismos de la posibilidad de ser investigados. En suma, se trata de proteger al Estado de sus ciudadanos.
En el procedimiento contra la soldado Manning, el fiscal declaró a efectos de la obsoleta, pero vigente Ley de Espionaje norteamericana, no hacer diferencia alguna entre una fuente que suministra información a WikiLeaks o la que proporciona a otro medio de comunicación, como el New York Times. En este sentido, cabe preguntarse: ¿Acaso también estamos ante una guerra contra la libertad de expresión y de información? ¿Ante una especie de tendencia o “arte” de limitar la libertad de información? Si fuera así y hay indicios de ello, estaríamos entrando en un terreno pantanoso del que será difícil salir indemne.
La respuesta debe ser firme: la guerra contra el terrorismo no puede legitimar, en modo alguno, el procesamiento de quienes publican prácticas ilegales o irregulares realizadas por quienes gobiernan. Tampoco puede justificar políticas de vigilancia a periodistas ni a medios de comunicación vulneradoras de derechos fundamentales ni, mucho menos, su procesamiento penal por ejercer un derecho fundamental propio de una sociedad democrática. Cualquier acción en este sentido deberá ser investigada hasta sus últimas consecuencias y sus autores imputados, por cuanto están contradiciendo el verdadero sentido del derecho a la información y el acceso a la misma, como pone de manifiesto el relator especial para la Libertad de Expresión e Información, Frank Larue en su informe general a la Asamblea General de septiembre de 2013.
Mientras tanto, próximamente, Julian Assange cumplirá dos años como refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres, gracias al asilo político conferido por el presidente Rafael Correa, sensible a los derechos humanos cuestionados y consciente del riesgo que aquel correría en manos norteamericanas. Esa decisión le ha enfrentado al poder más potente del mundo, pero los meses transcurren entre el autismo británico y la falta de respuesta de las autoridades judiciales suecas que quebrantan en forma flagrante los derechos de Assange, consumando una agresión oficial a un ser humano sin precedentes recientes.
Baltasar Garzón es abogado.
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domingo, 22 de diciembre de 2013

La onda expansiva desatada por Snowden

Por El País:
 /  /  /  /  / /  /  Bruselas / Londres / Berlín / Washington / Madrid / São Paulo / Moscú




Las revelaciones del exanalista de la NSA Edward Snowden sobre el espionaje de Estados Unidos y Reino Unido han provocado un tsunamide consecuencias globales sin precedentes en el mundo de los servicios de espionaje. Han puesto a EEUU en apuros con sus aliados, han generado una enorme desconfianza global y multiplicado la sensación de que vivimos bajo la mirada de un gran hermano.
Las repercusiones internas de la crisis para EE UU
Pese a enfrentarse a un problema común, los países europeos han desarrollado políticas
En la entrevista con el diario británicoThe Guardian en la que Edward Snowden reveló que era el responsable de las filtraciones que dejaron al descubierto el alcance del espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), el informático de 30 años reconocía que su “único temor era que, a pesar de la transcendencia que para Estados Unidos tenían esas revelaciones, nada cambiara en su país”. El miedo del extécnico de la CIA era infundado. En estos últimos seis meses, el goteo de información sobre las cuestionables prácticas de vigilancia de la Administración que Snowden ha ido destilando cuidadosamente a los medios de comunicación ha abierto un debate sobre el significado de las libertades civiles en el siglo XXI que ha obligado a la Casa Blanca y al Congreso estadounidense a revisar sus programas de inteligencia y ha puesto en jaque la política de seguridad nacional y la agenda internacional del presidente estadounidense. El presidente Obama defendió este jueves la vigencia de los programas de la NSA, pero reconoció la necesidad de introducir algunas reformas. El rediseño se anunciará el mes que viene.
“Sin duda, es al funcionamiento de la NSA y a su estrategia de vigilancia a quienes más han afectado las filtraciones de Snowden”, explica en conversación telefónica Judd Legum, vicepresidente de Comunicaciones del think tank Center for American Progress. La magnitud y extensión del espionaje, la aparente falta de control por parte de la Administración sobre las actividades de la NSA y el creciente enojo de la comunidad internacional, al constatarse que la vigilancia alcanzaba a sus ciudadanos, empresas y líderes motivó al presidente de EE UU, Barack Obama, ha anunciar una revisión del funcionamiento de la agencia.
EL PAÍS
El primero fruto de ese examen es el informe de un comité de expertos que se publicó el pasado miércoles en el que se concluye la necesidad de limitar la recopilación indiscriminada de datos por parte de la NSA y de reestructurar su organización. En esa línea se enmarca una de las reformas legislativas que se han presentado en el Capitolio. La otra iniciativa pretende mantener las actividades de la NSA pero incrementar los controles. Esta semana, un juez federal cuestionaba la constitucionalidad de las prácticas de la agencia.
La fuga y las tentativas de asilo de Snowden, primero, y el descubrimiento, después, de que EE UU controlaba las comunicaciones de decenas de líderes mundiales han afectado seriamente a la estrategia en política exterior del segundo mandato de Obama. Las filtraciones sobre el espionaje de la NSA a China dilapidó la autoridad moral con la que Washington acusaba a Pekín de estar detrás de los principales ciberataques a EE UU. El asilo temporal que Rusia otorgó al analista en agosto puso en entredicho la capacidad diplomática estadounidense y motivó la cancelación del encuentro bilateral entre Obama y Vladimir Putin, enfriando las tensas relaciones con un país cuya complicidad es esencial para sacar adelante el plan de desarme nuclear, una de las principales prioridades en la agenda internacional del presidente estadounidense y para garantizar la retirada de las tropas americanas de Afganistán.
“La relación que más se ha visto afectada es la europea y, en concreto, la alemana, el control de los móviles de los líderes aliados supone un nuevo nivel de vigilancia”, reconoce Legum. El malestar por el espionaje a mandatarios europeos a punto estuvo de frustrar el inicio de las negociaciones del tratado de libre comercio entre la Unión Europea y EE UU. Este jueves se supo, además, que el espionaje estadounidense, ayudado por el británico, accedió a la cúpula de la Unión Europea: espió al comisario Joaquín Almunia en 2008 y 2009, cuando era el responsable de Asuntos Económicos y Monetarios.
En América Latina, Brasil ha sido el país más beligerante. Su presidenta, Dilma Rousseff, además de suspender su visita de Estado a Washington acaba de preferir la compra de aviones militares a Suecia, en lugar de a Estados Unidos o Francia. La región ha tenido también ocasión de manifestar sus quejas con ocasión del incidente del avión del presidente de Bolivia, Evo Morales. Las presiones de Washington para que los países a los que Snowden había solicitado asilo no se lo concedieran se saldó con la ruptura por parte de Ecuador de su tratado de libre inversión con EE UU.
Las filtraciones de Snowden también han dejado al descubierto la connivencia de los gigantes tecnológicos de EE UU con la NSA. Las empresas, conscientes de que necesitan recuperar la confianza de sus clientes, han instado al presidente a que aplique cuanto antes “medidas para proteger a los ciudadanos”.
Obama anunciará las reformas del sistema de inteligencia el próximo mes de enero. La decisión que adopte tendrá muy en cuenta la ponderación entre la protección de la seguridad nacional y el respeto a la privacidad de los ciudadanos, pero no podrá obviar el recelo internacional que han suscitado esas prácticas y la necesidad de enviar a sus aliados el mensaje de que EE UU es sensible a sus quejas y que va a limitar, de alguna manera, el alcance de su sistema de espionaje. Un cambio, al fin, aunque quizás no de la magnitud que Snowden pensaba provocar.

En Europa la indignación se queda en amenaza
Europa ha sido el territorio donde más consternación han causado las revelaciones de Edward Snowden, aunque la respuesta dada al escándalo no haya resultado siempre la más enérgica. La progresiva convicción de que empresas, ciudadanos y gobernantes comunitarios habían sido víctimas de una vigilancia ilegal, según las leyes europeas, elevó por igual la indignación hacia Estados Unidos y las simpatías hacia el exempleado de la NSA. El momento de mayor tensión se produjo al conocerse que el espionaje había afectado a varios líderes europeos, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel, que llegó a telefonear a Barack Obama para pedirle explicaciones. A ello se ha sumado esta semana la información sobre el espionaje a 1.000 objetivos hasta ahora desconocidos, entre los que figura el comisario Almunia. La Comisión ha condenado enérgicamente este hecho "inaceptable". "Este no es el tipo de de comportamiento que esperamos  de nuestros socios estratégicos, mucho menos de nuestros propios Estados miembros", añadía en alusión al Reino Unido.
Pese a la conciencia de enfrentarse a un problema conjunto, los países han preferido lidiar bilateralmente con Estados Unidos –o no lidiar en absoluto- a crear un frente común en el Consejo Europeo. Más allá de esas respuestas individuales, la voz más contundente desde Bruselas provino del Parlamento Europeo, que abrió una comisión de investigación para aclarar lo ocurrido, pidió que se suspendieran acuerdos clave de intercambio de datos con Washington y condicionó su visto bueno al acuerdo comercial que actualmente negocian los dos bloques a que se restaure la confianza. También la vicepresidenta de la Comisión Europea Viviane Reding ha sido contundente con sus socios estadounidenses. El enfado ha servido, al menos, para que una delegación de Washington se desplazase por primera vez a Bruselas y respondiera a las preguntas de sus socios.
Lejos de quedar cerrado, el último enfrentamiento a cuenta de este episodio afecta al propio Snowden. La invitación de la Eurocámara al exanalista para que comparezca –a distancia- ante los eurodiputados ha soliviantado a Estados Unidos, que advierte del daño que este episodio puede ocasionar a la relación transatlántica.
Londres, el gran aliado de la NSA
La difusión de parte de los documentos filtrados por Edward Snowden señalan al aliado británico como cómplice de Estados Unidos en la intercepción sistemática de millones de comunicaciones de voz y datos. Y el Gobierno de David Cameron ha optado por la táctica del contraataque, emprendiendo una campaña contra el diario nacional que se ha hecho eco de esas revelaciones, The Guardian, acusado de “hacer un regalo a los terroristas” y de dañar la seguridad del Reino Unido.
El Cuartel General de Comunicaciones Gubernamentales (GCHG, en sus siglas inglesas) es la rama de los servicios de inteligencia británicos que, según los datos procurados por Snowden, ha jugado un papel imprescindible en la red global de espionaje a través del programa estadounidense Prisma. Esa alegación –que incluye la participación británica en el espionaje de líderes mundiales- orilla la legislación del Reino Unido en la materia y provocaba, a resultas, la inédita comparecencia de los tres máximos representantes de los servicios secretos (GCHQ, la inteligencia nacional del MI5 y la exterior del MI6) ante los diputados de los Comunes, que fue televisada al país en noviembre.
En contraste con el trato de guante blanco que entonces recibieron, la misma comisión parlamentaria de Interior sometió semanas después al director de The Guardian, Alan Rusbridger, a un verdadero acoso que incluso cuestionó su patriotismo. El periódico había recibido antes presiones privadas del gobierno, como reveló Rusbridger a raíz de la detención, el pasado agosto de Carlos Miranda, compañero sentimental del periodista que les había hecho llegar los documentos del empleado de la CIA (Glenn Greenwald). Londres fue alertado por EE.UU. de la presencia de Miranda en la lista de pasajeros en tránsito del aeropuerto de Heathrrow y, en un claro abuso de poder, le aplicó inmediatamente la ley antiterrorista.
Las escuchas masivas recuerdan a los alemanes su historia más oscura
Las revelaciones de Edward Snowden causaron una fuerte impresión en la opinión pública alemana ya desde la primavera. Un país que padeció los abusos de la Gestapo Nazi y la Stasi en la Almenia comunista recibió con especial rechazo el espionaje a su canciller. El revuelo comenzó con las primeras informaciones en diarios extranjeros. El entonces ministro de Interior Hans-Peter Friedrich dijo enterarse por la prensa de los sucesos. La canciller Angela Merkel recibió al presidente estadounidense Barck Obama en Berlín. Le pidió que equilibre “seguridad y libertad, pero le quitó hierro al asunto asegurando que “internet es un terreno ignoto”.
 A finales de junio, el semanario Der Spiegel publicó una exclusiva sobre el espionaje masivo de las agencias estadounidenses y británicas en Alemania y en el resto de Europa, incluidas las representaciones comunitarias en Washington. El escándalo fue mayúsculo y puso al Gobierno de Angela Merkel a la defensiva apenas 8 semanas antes de las elecciones generales. Los principales medios alemanes se hicieron eco del escándalo y aumentaron la presión sobre el Ejecutivo, que reaccionó con palabras más duras y enviando a Friedrich a una visita relámpago a Washington. El Ministro dio el caso por solucionado.
Pero en octubre, Der Spiegel publicó que los estadounidenses tenían vigilado el móvil de Merkel. Ahora sí contra las cuerdas, la canciller llamó a Obama para protestar y puso en marcha negociaciones para un acuerdo de no espionaje mutuo con Estados Unidos. El parlamentario de Los Verdes Hans Christian Ströbele se reunió con Snowden y propuso que lo invitaran a Berlín para declarar sobre el espionaje. Alemania ha impulsado la resolución para pedir más privacidad en internet.
España gesticuló una queja de rigor
La sangre no llegó al río en la crisis entre Madrid y Washington por el caso Snowden. Bastó que el embajador estadounidense en Madrid, James Costos, asegurase, el 8 de noviembre, que la NSA “respeta la privacidad de los ciudadanos españoles y el debido marco legal” para que el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, decidiera olvidar que, solo unos días antes, había advertido que, de confirmarse el espionaje masivo, se quebraría la confianza entre los dos aliados. España tenía prisa por pasar página: los Príncipes de Asturias se disponían a viajar a Florida y California y Rajoy estaba pendiente de una cita en la Casa Blanca, finalmente fijada para el próximo 13 de enero.
Ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso, el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz, dio por buena la versión de la NSA de que los más de 60 millones de metadatos recopilados en un mes correspondían a comunicaciones realizadas fuera de España. Una versión tan difícil de creer como de rebatir.
La tormenta pasó sin dejar rastro salvo, quizá, un frenazo en los planes del Gobierno para flexibilizar el marco legal y permitir que el fiscal, y no solo el juez, puede acceder a los metadatos. Si la confianza entre los gobiernos no se deterioró no puede decirse lo mismo de la de los ciudadanos en el secreto de sus comunicaciones.
Consecuencias económicas
El llamado “caso Snowden” no solo ha tenido consecuencias políticas sino también económicas. Empresas y también instituciones públicas de medio mundo desconfían ahora de las compañías norteamericanas que ofrecen correo, almacenamiento etcétera porque están sometidas a la legislación a la legislación estadounidense con el Patriot Act y el Cispa que otorgan amplios poderes a los servicios secretos empezando por la NSA.
Un sondeo efectuado en julio por la Cloud Security Alliance, una asociación que promueve las buenas prácticas en la nube de Internet, reveló que, sobre un total 207 empresas no americanas que aceptaron contestar, nada menos que el 56% es ahora reacio a contratar con proveedores de EE UU. Un 10% había incluso decidido cancelar proyectos relacionados con ese país. De ahí que el analista David Castro, de la Fundación Tecnologías de la Información e Innovación, con sede en Washington, opine que “las políticas de seguridad de EE UU son perjudiciales para sus intereses nacionales”.
En Europa es entre los empresarios de Alemania y, en menor medida, de Francia y Suecia, donde más alarma ha causado la colaboración de las compañías de IT con la NSA. Buscan ahora alternativas para poner sus metadatos a buen recaudo. Una de ellas consiste en dejarlos en “casa”, que no se almacenen en servidores allende sus fronteras. Suiza se ofrece también como una solución de recambio dejando caer que los datos estarán allí tan seguros como el dinero. España puede también aspirar a ser alternativa porque figura entre los cuatro países del mundo más solventes a la hora de proteger la privacidad de sus ciudadanos, según la consultora BackgroundChecks.org.
El asilo ruso del filtrador agrió las relaciones de Moscú con Washington
El caso Snowden ha sido uno de los temas más discutidos en el año en curso en Rusia. Y el nombre del jóven ex-analista de la CIA no fue omitido durante la tradicional conferencia de prensa del presidente de Rusia, Vladímir Putin, celebrada este jueves. El líder ruso precisó que no conoció personalmente a Snowden ni habló con él, pero que le parece "una persona interesante" ya que gracias a él "ha cambiado algo en la mente de millones de personas, incluso de destacados líderes políticos contemporáneos".
Putin subrayó que Rusia no tenía intenciones de sacar del ex-analista de la CIA alguna información sobre el labor de los servicios secretos estadounidenses: "Hablando en términos profesionales no trabajamos ni hemos trabajado con él en plano operativo y no le fastidiamos con preguntas sobre los detalles del trabajo", señaló.
Edward Snowden pasó 38 días en la zona de tránsito del aeropuerto Sheremétievo de Moscú esperando la solución de su caso y fue obligado por las circunstancias a pedir asilo político a Rusia. La decisión de Moscú de concederle asilo politico temporal el 1 de agosto llevó a un nuevo agravamiento de las tensas relaciones entre Moscú y Washington.
El presidente norteamericano Barack Obama se negó oficialmente viajar a Moscú para encontrarse con su homólogo ruso, Vladímir Putin. Esa reunión estaba prevista en el marco de la cumbre de los líderes del G-20 en San Petersburgo a principios de agosto. Y aunque después el ministro ruso de relaciones exteriores Serguéi Lavrov aseguró que el caso Snowden no afectaría a las relaciones bilaterales, la reunión bilateral de los dos presidentes aplazó y, según fuentes del Kremlin, no se realizará ya en el 2013.
El mismo Lavrov insistó la semana pasada en que en varias instituciones norteamericanas "hay gente dispuesta a hacernos una mala jugada" por dar asilo a Snowden. "No fuímos nosotros los que anularon el pasaporte de Edward Snowden, indispensable para viajar por el mundo, ni fuímos los que escogimos la ruta, lo hizo él mismo. No fuímos los que organizaron horrores como el aterrizaje forzoso del avión del presidente boliviano Evo Morales", agregó el diplomático.
Según Lavrov, el problema consiste en que Rusia y Estados Unidos no han firmado hasta el momento un acuerdo de extradición, aunque Moscú lo había propuesto durtante años. "No niego, en primer lugar lo hicimos para conseguir la extradición de personas acusadas en Rusia de cometer graves crímenes, incuso actos terroristas, que ha encontrado refugio en el territorio de EE.UU. y a quienes no nos entregan ni entregarán nunca", concretó Lavrov. Pero Lavrov dejó entre paréntesis otros casos de extradición deseada – los de Victor But y Konstantín Yaroshenko, acusados ambos en EE.UU. por tráfico de armas.
Crisis diplomática entre Brasil y EEUU

Las revelaciones del exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) tuvieron especial repercusión en Brasil. No solo porque el periodista que recibe los archivos de Snowden, Gleen Greenwald, cambió Nueva York por Río de Janeiro para escribir, sino porque afectaron a la propia presidenta. La primera semana de julio, solo un mes después de que The Guardian publicase que los Estados Unidos registraban comunicaciones en cualquier parte del planeta, Brasil se despertaba con que las llamadas e emails de millones de sus ciudadanos aparecían en los registros de la NSA. Hubo condena, pero también cautela por parte del Gobierno Rousseff, hasta que en septiembre un programa de televisión, con el que colaboró Greenwald, revelaba que también se espiaron los emails y las llamadas de la propia presidenta y su círculo de colaboradores, además de los ordenadores de la petrolera estatal Petrobras. Rousseff escenificó su enfado cancelando la visita oficial a los EE UU prevista en octubre y, junto con sus ministros, insistió en la idea de que el episodio era un claro caso de espionaje económico, lejos de la lucha contra el terrorismo. La presidenta pasó semanas pidiendo explicaciones que, al menos públicamente, no llegaron al pueblo brasileño. Pueblo que, con casi un millón y medio de firmas a través de la web Avaaz.org, se está movilizando para presionar a su país para que conceda asilo político a Snowden.

martes, 2 de julio de 2013

Snowden, rostro de una generación de rebeldes con causa en la era de Internet

El joven informático responsable de la liberación de datos que resultó en el escándalo de espionaje de Estados Unidos, es sólo una de las figuras libertarias que han aparecido en los últimos años.








Edward Snowden se define como "un ciudadano cualquiera", pero pertenece a un grupo de jóvenes que han bebido de la cultura de la información y se resisten a todo atisbo de autoritarismo, una rebeldía íntimamente ligada a la era de internet que, por ahora, suscita tanta admiración como rechazo.
Si la cultura que motiva a Snowden cupiera en un cóctel, éste contendría una buena dosis de defensa de la privacidad y los derechos individuales, unas cuantas cucharadas de derecho a la libertad de información y un toque de resistencia política.
Es esa mezcla la que le convierte, junto a otros como Bradley Manning, en héroes para los activistas de internet y en peligrosos traidores para el Gobierno y el Congreso de EEUU, una dualidad que aún divide a la mayoría de los estadounidenses y que encuentra sus raíces en la cultura del pirateo.
"La base es una especie de ética del pirata, que es probablemente libertaria, y que ha chocado con un impulso político antiautoritario. Cuando juntas estas dos cosas, es como un incendio", dijo Peter Ludlow, profesor de filosofía de la Universidad Northwestern, a la revista Time.
Para el senador republicano Lindsey Graham, la definición es más simple: son "gente joven, en su mayoría libertaria, que siente que el Gobierno es el problema".
Aunque Snowden se ha convertido en todo un foco mediático, tanto él como Manning han repetido que no querían protagonismo ni laureles: no aspiraban a nada más que a abrir un debate.
"El público tiene que decidir si estos programas y políticas están bien o mal", dijo cuando se refugiaba en Hong Kong el exanalista de la CIA, que reveló a "The Guardian" la existencia de dos programas secretos de vigilancia de comunicaciones de EEUU.
Más rotundo fue Manning, que en 2010 filtró 700.000 documentos clasificados a WikiLeaks y que antes de ser detenido sostuvo que toda la información "debe ser libre", porque "pertenece al público".
Esas ideas tienen sus raíces en actos tan tempranos como la filtración por Daniel Ellsberg de los papeles del Pentágono en 1969, pero han evolucionado ligadas a internet y comparten rasgos con la filosofía de los piratas de Anonymous.
A la misma generación pertenece Aaron Swartz, que se suicidó a los 26 años el pasado enero, cuando cobraba fuerza una investigación en su contra por divulgar millones de archivos judiciales de pago.
Al igual que Snowden, Manning y Swartz crecieron en la era de internet, participaron en foros virtuales donde se hablaba de libertad para compartir información y datos, y aportaron sus habilidades informáticas a una causa que creían esencial para su generación.
"Son jóvenes a los que se les ha dicho una y otra vez que los comportamientos que para ellos son perfectamente razonables son criminales", señaló a Time el profesor de Derecho Lawrence Lessig, un mentor de Swartz.
Las encuestas que se han hecho sobre Snowden revelan una sociedad estadounidense dividida en torno a si el analista hizo lo correcto. Pero si se pregunta únicamente a los menores de 34 años, casi la mitad creen que el joven no debería ser procesado por sus actos, según dos sondeos de Time y CNN.
Para Gabriella Coleman, una profesora de la Universidad McGill de Montreal (Canadá) que escribe un libro sobre Anonymous, la persecución a Snowden y Manning aumentará la "movilización política" para destapar los abusos del Gobierno y hará que se "profundicen los compromisos" de quienes tienen mentalidad de informante.
"Creo que estamos todavía en el amanecer de este fenómeno", aseguró Coleman a Time.
Esa idea no convence a Steven Aftergood, director del Proyecto sobre Secretos del Gobierno de la Federación de Científicos Estadounidenses, para quien las filtraciones de Snowden o Manning seguirán siendo hechos aislados.
"No estoy seguro de que haya mucha gente inspirada para actuar en el nombre de una cultura global. Pero lo que sí hemos aprendido con esto es que no se necesita a mucha gente para tener un impacto enorme. A veces, basta con una sola persona", dijo a Efe.
Según Aftergood, Snowden parece haber aprendido del caos que caracterizó la filtración de Manning, cuando había miles de documentos publicados cada día en la web de WikiLeaks, y ha conseguido "hacerlo mejor a la hora de dar forma al debate público".
"Él y los reporteros que trabajan con él han estructurado la divulgación de los documentos con cuidado, para mantener y aumentar la atención del público", subrayó.
En cualquier caso, el éxito de campañas como "I am Bradley Manning", en la que famosos e intelectuales piden liberar al exsoldado, o una petición para perdonar a Snowden que ha sumado más de 124.000 firmas en la web de la Casa Blanca sugieren que no sólo las nuevas generaciones comienzan a sentir simpatía por ellos.

autor

EFE

viernes, 17 de agosto de 2012

La intrincada batalla legal por Julian Assange

Por BBC Mundo

Julian Assange
Julian Assange lleva desde el 19 de junio en la embajada de Ecuador en Londres.
El canciller británico, William Hague, fue claro el jueves al asegurar que Reino Unido no le otorgará un salvoconducto a Julian Assange. Y también hizo hincapié en que su país no reconoce la figura del asilo diplomático, que Ecuador le otorgó al fundador de WikiLeaks.
Sin embargo, el abogado de Assange, el ex juez español Baltasar Garzón, aseguró: "Lo que tiene que hacer Reino Unido es aplicar las obligaciones diplomáticas de la Convención del Refugiado y dejarle marchar dándole un salvoconducto. De lo contrario, acudiremos a la Corte Internacional de Justicia".
¿Están obligados los británicos a darle el salvoconducto? ¿Es Assange un refugiado?

"Víctima de persecución"

Assange, quien lleva dos meses en la embajada ecuatoriana en Londres, quiere evitar su extradición a Suecia, donde es sospechoso de haber cometido un delito de acoso sexual y otro de violación, en encuentros con mujeres que él asegura que fueron consentidos.
Para Garzón, Reino Unido debe cumplir la Convención del Refugiado y respetar "el riesgo que corre una persona víctima de una persecución política", le aseguró el abogado al diario español El País.
Assange, Ecuador y su defensa sostienen que en realidad es Estados Unidos quien quiere juzgar al fundador de WikiLeaks por haber filtrado miles de documentos secretos.
Garzón habla de la Convención del Refugiado pero, ¿es o podría ser Assange un refugiado?
La Convención de Naciones Unidas sobre el Estatuto de Refugiado define a un refugiado como "una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país".
Ese mismo texto aclara que el estatus de refugiado "no será aplicable a una persona respecto de la cual existan serias razones para considerar que ha cometido un crimen no político grave fuera de su país de refugio".
Las acusaciones contra Assange por supuestos delitos sexuales harían inaplicable el estatuto de refugiado.
"Es bien sabido que, incluso para aquellos países que reconocen el asilo diplomático, esta figura no debería ser utilizada con el propósito de escapar de los procesos regulares de los tribunales. Y en este caso, eso es lo que claramente está sucediendo", dijo el canciller Hague.

"Asilo diplomático"

Pero se suma otro problema para la defensa del ex hacker y periodista australiano: Ecuador le otorgó el llamado "asilo diplomático", que es el asilo político que se da cuando el asilado se encuentra, por ejemplo, en una embajada.

Video: qué piensan los ecuatorianos

El problema para Assange es que el llamado asilo político, y diplomático, sólo está reconocido en el Sistema Interamericano, por la Convención de Caracas sobre Asilo Territorial de 1954.
Es decir, se aplica para los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) que hayan firmado ese instrumento jurídico.
"Reino Unido –dijo Hague– no acepta el principio de asilo diplomático. Eso está lejos de ser un concepto universalmente aceptado: el Reino Unido no forma parte de ningún instrumento legal que nos obligue a reconocer la concesión de asilo diplomático por una embajada extranjera en este país".
El gobierno de Ecuador, en su argumentación de los motivos por los cuales le otorgó el asilo a Assange, aseguró que "el derecho de asilo es un derecho humano fundamental, por tanto, pertenece al ius cogens, es decir, al sistema de normas imperativas de derecho reconocidas por la comunidad internacional en su conjunto, que no admiten acuerdo en contrario".

El salvoconducto

Ecuador exige que el gobierno británico le otorgue a Assange un salvoconducto, un documento para que el fundador de WikiLeaks pueda transitar sin riesgo y salir del país. Pero el canciller Hague dijo que no existe ninguna base legal para otorgarlo.

Asilo y refugio

  • El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), explica en su sitio web, que los términos "solicitante de asilo y refugiado a menudo son confundidos: solicitante de asilo es quien solicita el reconocimiento de la condición de refugiado y cuya solicitud todavía no ha sido evaluada en forma definitiva".
  • "Los sistemas nacionales de asilo existen para determinar si las personas que solicitan asilo merecen protección internacional. A través de procedimientos apropiados, se determina si los solicitantes de asilo califican para el estatuto de refugiado o alguna otra forma de protección internacional. Los que no califiquen pueden ser devueltos a los respectivos países de origen", agrega la agencia de la ONU.
Dárselo implicaría ir en contra de la orden de detención de Suecia y de un fallo de la Corte Suprema británica que declaró válida esa orden. Reino Unido no sólo debe cumplir con Suecia y extraditar a Assange, sino que el australiano –al permanecer en la embajada ecuatoriana– violó los términos de su fianza.
Aunque Garzón dijo que recurirrá a la Corte Internacional de Justicia, aún no está claro cómo se resolvería el asunto del salvoconducto.
En declaraciones a BBC Mundo, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, aseguró: "Esperamos que las conversaciones con el Reino Unido permitan superar esto, y que ellos den el salvoconducto. Ellos deberían darlo, respetando la decisión soberana de Ecuador; y en el caso de que así no sea, nosotros buscaremos los caminos jurídicos internacionales para demandar la concesión del salvoconducto".
El propio canciller británico reconoció el jueves que esta situación podría llevar un tiempo "considerable" para resolverse. Y algunos expertos legales sugieren que lo mejor que puede hacer Reino Unido es ser paciente.
"La mejor carta que tiene el gobierno es la presión del tiempo", le dijo al diario británico Financial Times Carl Gardner, quien fue abogado del gobierno. "Lo pueden esperar afuera –agregó–, mantener a la policía lista todo el tiempo que sea necesario para arrestarlo y, seguramente, alguien –Assange o los ecuatorianos– se va cansar de todo esto".
"Lo que ha quedado claro esta semana –afirma Bridget Kendall, corresponsal diplomática de la BBC– es que no hay mucho margen para un acuerdo. Aunque el gobierno de Reino Unido dice que quiere continuar las conversaciones, dice que no va a garantizar el salvoconducto para que Assange salga fuera del país y no hará concesiones para poner en riesgo su obligación de extraditarlo a Suecia".

jueves, 8 de diciembre de 2011

La industria de la ciberseguridad

Se han hecho públicos documentos que señalan la existencia de una enorme industria que proporciona a gobiernos y fuerzas del orden herramientas para la vigilancia en Internet.
La afirmación de Wikileaks de que unos documentos que hizo públicos la semana pasada demuestran la existencia de una “nueva industria secreta” de vigilancia masiva es tan exaltada como en anuncios anteriores de la organización de Julian Assange. Pero el material sí que sirve como crudo recordatorio de que nuestras actividades en línea son fácilmente espiables y sugiere que tanto los gobiernos como las fuerzas policiales de todo el mundo pueden acceder fácilmente a herramientas para conseguir cualquier información nuestra que deseen.
La idea que tiene que quedarle clara a los usuarios de equipos informáticos domésticos es que las barreras de intimidad y seguridad que emplean, incluyendo contraseñas e incluso herramientas de encriptado, solo representan un pequeño obstáculo para lo que un investigador denomina el “conglomerado industrial de la ciberseguridad”.
"No existe privacidad real en ningún sistema informático contra determinada vigilancia gubernamental”, afirma Radu Sion, ingeniero informático de la Universidad de Stony Brook (EE.UU.) y director del Laboratorio de Seguridad de Redes y Criptografía Aplicada. Sion sostiene que al aumentar la complejidad de los sistemas de computación y la dependencia de los mismos de componentes de muchos proveedores distintos, aumentará el número de puntos vulnerables a explotar por los atacantes y las herramientas de vigilancia.
Los 287 documentos hechos públicos por Wikileaks provienen de 160 empresas en 25 países. Detallan varios productos y servicios comerciales ofrecidos a gobiernos y agencias policiales interesados en interceptar comunicaciones en línea o vigilar el uso de ordenadores. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, describió los documentos como algo que desvela “una industria de vigilancia masiva a nivel internacional”. De hecho, sobre gran parte de las empresas citadas ya se ha hablado antes, como por ejemplo Blue Coat, una empresa estadounidense cuyos filtros para red corporativa han sido usados por el régimen sirio para censurar Internet dentro de las fronteras del país y para espiar a los disidentes. A pesar de todo, la información publicada por Wikileaks sigue siendo relevante por su amplitud y nivel de detalle.
Materiales de publicidad de una empresa alemana, DigiTask, son una ejemplo típico de la nueva entrega de información de Wikileaks. Describen cómo el software de la empresa, instalado en los ordenadores de los usuarios aprovechando nuevos puntos débiles del software conocidos como “ataques de día cero” puede robar claves de encriptado para dejar que las fuerzas de seguridad o los gobiernos espíen al usuario. Es el mismo método que se usó contra la empresa de software de seguridad RSA a principios de este año en un aparente intento por comprometer a contratistas de defensa de EE.UU.
La información proporcionada por Wikileaks también incluye material de Paladion, con sede en India, que afirmaba que la empresa puede hacer seguimiento de transacciones bancarias encriptadas y mensajes de Gmail.
Ron Deibert, director del think-tank dedicado a Internet  Citizen Lab de la Universidad de Toronto (Canadá) lleva tiempo estudiando la expansión global de este tipo de tecnologías y su adopción por parte de los gobiernos. Las tecnologías que hay en oferta incluyen la posibilidad de hacer mapas de redes sociales, seguimiento de móviles, localización y rastreo y la denominada “inspección de paquetes profundos”, una técnica usada para leer el contenido del tráfico web.
El papel cada vez mayor de Internet en la vida diaria y los negocios está creando un tesoro oculto de información digital sobre la gente, las empresas y las naciones como ha señalado Deibert en una entrada reciente de su blog,  “No resulta sorprendente que un inmenso ciberconglomerado industrial haya surgido en torno a la explotación comercial [de esta información]”, escribió. Deibert señala que censurar la Web solía considerarse labor solo de los regímenes arrogantes y autoritarios, pero ahora están pensándoselo ministerios de defensa de todo el mundo a los que cortejan empresas como las que figuran en los nuevos documentos de Wikileaks.
Copyright Technology Review 2011.

viernes, 2 de diciembre de 2011

WikiLeaks destapa “la industria de vigilancia de masas internacional”

Por Helga Yagüe / The Inquirer

En plena tormenta por el escándalo de Carrier IQ aparece Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, que se ha propuesto desenmascarar a los gobiernos que espían a los ciudadanos a través de sus móviles, emails o de su actividad online y a las compañías que venden esta tecnología de espionaje.

WikiLeaks denuncia que los gobiernos de una gran cantidad de países, principalmente con regímenes represivos y dictatoriales, rastrean los movimientos de sus habitantesvaliéndose de tecnologías diseñadas para vigilar sus comunicaciones.

Para poner sobre la mesa este asunto, Assange ha anunciado la publicación de 287 documentos con información sobre las actividades de más de 160 empresas que, como Carrier IQ, estarían desarrollando técnicas para vigilar a los usuarios.

Estas herramientas sirven para registrar las llamadas o mensajes que envían desde sus teléfonos, husmear en su cuenta de correo o analizar su historial de búsquedas en la red. Assange denuncia que la información obtenida por estas vías es comprada por algunos gobiernos para mantener a raya a los ciudadanos.

“Hemos publicado más de 287 archivos que documentan la realidad de la industria de vigilancia de masas internacional, una industria que ahora vende equipos tanto a dictadores como a democracias para vigilar a la población”, afirma Assange.

Los documentos fueron obtenidos durante el saqueo de varias oficinas tras las revueltas ocurridas en varios países árabes “Estos sistemas han sido vendidos por compañías occidentales a países como Siria, Libia, Túnez y Egipto”, explica Jacob Appelbaum, ex portavoz de WikiLeaks, “están diseñados para perseguir a la gente y para asesinar”.

Los fabricantes se desmarcan

El escándalo por el espionaje de usuarios de smartphones a través del programa Carrier IQ continúa, mientras la compañía sigue negando la mayor, los principales fabricantes tratan de desligarse de este software.

Nokia fue la primera en negar que sus teléfonos incluyan este programa capaz de registrar las teclas, espiar búsquedas en Internet y rastrear la localización.

Research In Motion ha asegurado que las BlackBerry están libres de pecado y los responsables de Android también se han pronunciado sobre este asunto para eludir responsabilidades. En este sentido, se escudan en el carácter abierto de su plataforma para sostener que no pueden controlar el software que instalan operadores y fabricantes.

Los únicos dispositivos en los que se asegura que no hay rastro de Carrier IQ son los smartphones Nexus y el Motorola Xoom. En el resto de productos Android se puede comprobar si este software está presente a través de una nueva aplicación.

Por su parte Apple, ha anunciado la eliminación de este programa en la última versión iOS 5. Los usuarios de versiones anteriores pueden desactivar este programa en el menú “Diagnósticos y Uso”. Además, la compañía ha recalcado que los datos que Carrier IQ les enviaba eran anónimos y estaban cifrados, y que “nunca han registrado las pulsaciones de teclado, mensajes o cualquier otra información personal de los datos de diagnóstico”.

¿Y qué dice Carrier IQ? La compañía sigue afirmando que se han limitado a recolectar datos para proporcionar a los operadores información sobre incidencias.

“Medimos y resumimos el rendimiento del dispositivo para ayudar a los operadores a prestar un mejor servicio”, explican desde Carrier IQ, “podemos saber si un SMS se envió con precisión, pero no grabar o transmitir el contenido del SMS”.