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miércoles, 25 de enero de 2012

Pese a la crisis, Bill Gates pide más dinero para los programas de salud en países pobres

BRUSELAS—Bill Gates, el segundo hombre más rico del mundo, quiere más dinero.
El cofundador y ex presidente ejecutivo de Microsoft Corp., ahora convertido en filántropo, no quiere el dinero para sí mismo. En cambio, a medida que la crisis económica mundial comienza su quinto año, Gates teme que los gobiernos agobiados por las deudas reduzcan su apoyo financiero a programas de salud en países en desarrollo.
Agence France-Presse/Getty Images
"No veo que vayamos a recibir el mismo tipo de incremento [en las ayudas] que tuvimos de 2000 a 2010; eso no es realista", expresó Gates el lunes, en una entrevista en esta ciudad. "La pregunta ahora es si podremos mantener un aumento modesto para que la gente que, por ejemplo, necesita medicamentos contra el sida, tenga la posibilidad de recibirlos", añadió.
Hoy, Gates participará en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, donde tiene previsto exhortar a los donantes acaudalados —en especial los gobiernos— para que sigan financiando una serie de proyectos clave en el mundo en desarrollo, desde medicamentos contra la tuberculosis y mosquiteros para camas contra la malaria hasta vacunas y cuidados para mujeres embarazadas.
Estos son tiempos difíciles para la ayuda sanitaria global. Los años de auge tuvieron lugar entre 2002 y 2008, cuando el gasto total batía un nuevo récord cada año, según una investigación realizada en el Instituto para la Métrica y Evaluación en la Salud de la Universidad de Washington en Seattle.
A pesar de que la crisis golpeó en 2007, no tuvo un efecto inmediato: la financiación total de la salud mundial subió 17% entre 2007 y 2008, por ejemplo. Sin embargo, el nivel del incremento anual cayó a 4% entre 2009 y 2011, según estimaciones preliminares realizadas por el instituto y publicadas recientemente en la revista Health Affairs.
"Ha sido muy difícil para los políticos convencer a sus electores para que aumenten el monto de dinero que conceden a los países pobres", señala Katherine Leach-Kemon, del instituto de Seattle y coautora del estudio. Calcula que el gasto de todos los donantes en causas relacionadas con la ayuda sanitaria a países en desarrollo ascendió a US$28.000 millones en 2011. Los aportes al desarrollo de las agencias de Naciones Unidas cayeron ligeramente entre 2010 y 2011. El crecimiento en esa clase de gastos de entidades financiadas por el gobierno también declinaron a 4%, en parte un reflejo de la reducción de las contribuciones del gobierno estadounidense.
Pero no todos los países se han apretado el cinturón. Mientras que Italia ha realizado considerables recortes recientemente, Gran Bretaña todavía prevé cumplir con sus compromisos originales, señaló Gates.
Un ejemplo del potencial que tienen estos programas que da ánimos a Gates es la lucha por la vacuna contra la polio en India, donde no se ha registrado ni un solo caso en los últimos 12 meses. No hace mucho, el país de 1.200 millones de habitantes era considerado el epicentro de la enfermedad y uno de los mayores obstáculos para erradicarla.
En todo el mundo, el número de casos de polio se redujo de un estimado de 350.000 en 1998 a 1.349 en 2010, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como resultado, "ha habido en la última década más de tres millones de niños que no han quedado lisiados por la enfermedad", sostiene Gates, cuya fundación paga cerca de una quinta parte de los US$1.000 millones anuales que cuestan las vacunas contra la polio en todo el mundo.
Los recortes en el gasto de la salud mundial podrían afectar los programas enfocados en el sida, especialmente en África. El costo de un programa que proporciona medicamentos contra esta enfermedad ha caído a US$300 por paciente por año, según Gates. Pero a diferencia del caso de la malaria o la tuberculosis, los medicamentos contra el sida deben ser proporcionados durante el resto de la vida del paciente.
En los últimos meses, Gates se ha esforzado por persuadir a otros multimillonarios a donar la mayor parte de su riqueza en vida o en su testamento. En la última carta anual sobre las actividades de su fundación, señala que hasta el momento se han sumado 69 personas. Uno de ellos es Mark Zuckerberg, el cofundador de Facebook.
La Fundación Gates, cuyas arcas incluyen hasta el momento contribuciones de más de US$9.500 millones de parte de Warren Buffet, ha concedido desde su creación en 1994 donaciones por US$26.190 millones.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Debería la filantropía operar como un negocio?

SÍ, LAS BUENAS INTENCIONES NO BASTAN

Para algunos, el hecho de donar dinero a una causa le da el derecho a exigir un progreso medible, una especie de rendimiento sobre su inversión. Para otros, asumir los problemas sociales más desafiantes es costoso, complejo y lento, para lo cual se requiere una mente abierta y creativa.

Por Charles B. Bronfman y Jeffrey R. Solomon

Hay muchas personas que, como Bill Gates, tienen la visión y la disciplina para ser grandes filántropos. O al menos deberían.

Porque Gates entiende lo que cualquier donante, grande o pequeño, debería entender: que para tener un impacto sostenido y estratégico, la filantropía debe ser administrada como un negocio: con disciplina, estrategia y un enfoque sólido en los resultados. Las organizaciones que reciben su apoyo deberían rendir cuentas como lo hace el directorio de una empresa ante sus accionistas. Y eso significa, por encima de todo, que usted debe conocer el rendimiento sobre la inversión.

Por ejemplo, se han comprometido recursos privados para eliminar el polio porque los donantes consideran que el esfuerzo tiene un plan de negocios racional que sigue una misión. En general, todo patrocinador de una causa debería esperar eficiencia en las operaciones y estrategias que se adopten.

En nuestra opinión, los argumentos contra un enfoque más empresarial en la filantropía simplemente no se sostienen. Por ejemplo, quienes lo rechazan señalan que un énfasis en el rendimiento evitará que los donantes ayuden a los más pobres, porque el tipo de problemas que tienen suelen ser los menos propensos a producir resultados positivos, rápidos y medibles.

No aceptamos esa premisa. Concentrarse en la eficiencia y los resultados es un enfoque que funciona en toda clase de entidad benéfica. Siempre debe haber un equilibrio entre ingresos y gastos, y se deben establecer y cumplir metas para que continúe la financiación.

John Weber
La Fundación Robin Hood, que combate la pobreza en la ciudad de Nueva York desde 1988, ofrece un ejemplo elocuente. El grupo evalúa el rendimiento de las inversiones que realiza en varios programas en toda la ciudad. Pero no toma decisiones de financiación sólo con base en las mediciones. También apela a la experiencia de administradores en el terreno y realiza juicios cualitativos al comparar beneficios y costos.

Quienes se oponen también sostienen que si se afianza la filantropía con mentalidad empresarial, menos gente intentará provocar cambios sociales a través de donaciones a movimientos sociales u organizaciones políticas de base. Eso tampoco es verdad. Nada relacionado a los movimientos de base impediría que se beneficien de un enfoque disciplinado. Como donantes, nos gustaría que hubiera claridad sobre los objetivos. Si un grupo quiere obtener mejor infraestructura para una comunidad, puede mostrar el impacto que está teniendo al contar los pozos y las cocinas solares en África Central, o las plazoletas con juegos en un vecindario pobre de Nueva York. Adoptar principios empresariales saludables hace que una organización sin fines de lucro cumpla con su misión.

—Charles Bronfman es presidente del directorio y Jeffrey Solomon es director general de Andrea and Charles Bronfman Philanthropies, una red de fundaciones benéficas.

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NO, LOS MÁS POBRES SEGUIRÁN SUFRIENDO

Por Michael Edwards

No hay duda de que a veces la mentalidad empresarial puede ayudar a la filantropía. Hay problemas que pueden solucionarse al usar tasas de rendimiento e indicadores de éxito fácilmente medibles.

Pero la expresión clave aquí es "a veces". Cuando se trata de filantropía, se pueden tener tantas teorías, sistemas métricos y planes como uno quiera. Pero en la práctica, lo que alimenta el éxito es algo mucho más simple: el deseo y capacidad de hacer lo que haga falta para alcanzar la meta y la libertad de hacerlo de forma creativa. Y ambas cosas están amenazadas por el ascenso de la filantropía administrada como un negocio.

¿Por qué? para empezar, no olvidemos por qué existe la filantropía. Es para llenar un vacio dejado por el mercado y los gobiernos. Por definición, entonces, una mentalidad demasiado empresarial alejará los recursos de las personas más pobres, los problemas más difíciles y las soluciones más importantes, que suelen ser costosas, complejas y lentas.

En ese sentido, la diversidad de estilos de financiación es vital en la comunidad filantrópica, para apoyar distintos tipos de ideas.

¿Qué significa esto? Que hay muchas causas que difícilmente obtienen financiación por parte de enfoques empresariales. Entre ellas: causas que apoyan gobiernos sólidos, movimientos sociales y acciones de base, las cuales pueden ser cruciales para obtener resultados donde más importan. Filántropos con mentalidad demasiado empresarial consideran que el gobierno es un inconveniente que estorba a la hora de solucionar problemas que les incumben. Pero ninguna sociedad en la historia ha prosperado sin inversión pública, infraestructura, leyes y regulación. La filantropía debería generar la demanda para estas cosas en lugar de sustituir la acción del gobierno. Pero para hacerlo, debe apoyar a organizaciones sin fines de lucro, para que impulsen cambios, no sólo para que entreguen resultados medibles predeterminados.

Una monocultura empresarial, en la que todos cumplen el mismo criterio para dar, es inefectiva, no democrática y menos divertida. Reduce la filantropía a poco menos que un ejercicio de contabilidad.

Al final, los donantes de organizaciones sin fines de lucro no son accionistas. No tienen un rango superior a otros miembros. Las agencias deben rendir cuentas no sólo a los donantes y reguladores, sino a quienes ayudan. Y eso es bueno: los afianza en sus comunidades y los mantiene independientes de intereses poderosos que podrían buscar manipularlos, sin importar cuán bien intencionados sean.

Si no tenemos cuidado, la filantropía podría degenerar en un sistema de control, no un sistema de apoyo al cambio social.

—Edwards es un distinguido investigador de Demos, un grupo de investigación y activismo con sede en Nueva York.

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El arte de la recaudación: de gota en gota se llena la copa





Cuando los problemas económicos causan una reducción de las grandes donaciones, más organizaciones sin fines de lucro están recurriendo a pequeños donativos conseguidos a través de métodos no tradicionales. Muchas están usando redes sociales en línea para atraer una gran cantidad de benefactores necesarios para que las pequeñas contribuciones asciendan a totales importantes, a menudo gracias a individuos que reclutan a sus amigos y otras personas para que ayuden.

"De la misma forma que las microfinanzas usan herramientas innovadoras para alcanzar los mercados de crédito y resolver problemas en países pobres, la microfilantropía usa el mismo enfoque innovador que tiene la recaudación de fondos", afirma Una Osili, directora interina de investigación del Centro de Filantropía de la Universidad de Indiana, en Indianápolis.

La tendencia ha tomado impulso desde que la Cruz Roja de EE.UU. recaudó unos US$32 millones con donaciones de US$10 a través de mensajes de texto, luego del terremoto en Haití en 2010. El éxito de esa campaña abrió los ojos de muchos donantes y organizaciones sin fines de lucro a las posibilidades de la microfilantropía.

[MICRO]Peter Hoey
Construcción de redes

Las pequeñas donaciones no reemplazan las altas sumas que siempre han financiado las organizaciones benéficas de gran escala. En cambio, son una forma de diversificar la recaudación de fondos para que no dependan demasiado de ningún método en particular, afirma Osili.

Como otras organizaciones sin fines de lucro, charity:water, una fundación de Nueva York dedicada a brindar agua potable a personas en países en vías de desarrollo, usa métodos de recaudación de fondos tradicionales y no tradicionales para distintos propósitos. Las grandes donaciones de fuentes privadas y corporativas financian las operaciones de la entidad, mientras que 100% de las donaciones a través de canales alternativos, como medios sociales y los distintos sitios web de la organización, son destinados directamente a proyectos de agua.

Cerca de 70% de las donaciones a charity:water proviene de canales digitales, principalmente de individuos que dan dinero a través de su principal sitio web.

Mycharitywater.org ha acumulado US$11,5 millones desde agosto de 2009. Los recaudadores de fondos individuales han hecho de todo, desde correr maratones hasta poner puestos de limonada. La campaña promedio ha conseguido US$1.000, dice Paull Young, director de participación digital de charity:water. "El día de su cumpleaños, Justin Bieber le pidió a la gente que donara", dice.

Un beneficio de las plataformas de recaudación en línea es que hay menos costos administrativos que a través de métodos más tradicionales como campañas por correo tradicional o por teléfono, afirma Toni Maloney, cofundadora y presidenta ejecutiva del Business Council for Peace, o Bpeace.

El donante dorado

Bpeace es una red sin fines de lucro de profesionales de los negocios que buscan generar empleos y respaldar el desarrollo económico de las mujeres en países afectados por conflictos armados, al ayudar a emprendedoras en esas zonas a expandir sus empresas. Una forma que tiene de recaudar fondos es a través de pequeñas donaciones de personas que leen los blogs que relatan los esfuerzos de los voluntarios y el progreso de las compañías a las que ayudan. También obtienen apoyo de donantes que acuden a amigos y socios para campañas periódicas de recaudación de fondos.

Un peligro de depender demasiado de la recaudación de fondos entre pares, afirma Maloney, es que algunos contribuyentes están más interesados en la campaña de recaudación de fondos del amigo que en la organización. Y si el amigo pasa a otra causa, la organización sin fines de lucro podría perder muchos de los donantes que trajo esa persona.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las recetas para acabar con la pobreza de los autores de "Economía de los pobres"

Por Wharton

"¿Por qué un hombre en Marruecos que no tiene lo suficiente para comer compra un aparato de televisión? ¿Por qué los niños de las áreas pobres tienen dificultades para aprender incluso cuando van a la escuela? ¿Por qué las personas más pobres del Estado indio de Maharashtra gastan un 7% de su presupuesto en alimentación en azúcar?" Abhijit Banerjee y Esther Duflo, economistas de MIT, intentan responder a este tipo de preguntas en su investigación, según señala la página web de su libro: "Economía de los pobres: Una reformulación radical de la manera de combatir la pobreza global" [Poor Economics: A Radical Rethinking of the Way to Fight Global Poverty].

¿Qué hace que la estrategia de Banerjee y Duflos sea radical? A diferencia de otros economistas que se centran en las cuestiones macro, como la ayuda a los necesitados, ellos se plantean la pobreza de una manera muy parecida a cómo los investigadores médicos se enfrentan al descubrimiento del tratamiento de una enfermedad: a través de pruebas clínicas. Duflo, que habló sobre el tema en una charla de TED Talks en febrero de 2010, explicó que los efectos de la ayuda son en general difíciles de medir, pero es "posible saber cuáles de ellos ayudan y cuáles no por medio de soluciones obtenidas a través de pruebas aleatorias". El método empleado requiere que se sometan los proyectos sociales a las mismas pruebas científicas rigurosas que los investigadores médicos usan en sus investigaciones con medicamentos. Así, las políticas de gestión se ven libres de conjeturas, dijo Duflo, al dejar claro "lo que funciona, lo que no funciona y por qué". No existen soluciones milagrosas, sin embargo medidas específicas —como, por ejemplo, el suministro de alimentos como forma de incentivar la inmunización, o de camas subsidiadas provistas con telas mosquiteras con el objetivo de reducir los casos de malaria— pueden tener un impacto significativo sobre los esfuerzos de reducción de la pobreza, observan los autores.

Banerjee y Duflo nunca esperaron que "Poor Economics" acabara siendo un buen negocio. "No sabíamos a ciencia cierta si nuestro libro era un libro de negocios", dice Duflo. Pero la atención que suscitó el libro fue coronada con la obtención del premio de Mejor Libro de Negocios de 2011 de Financial Times Goldman Sachs. Banerjee y Duflo estuvieron en una conferencia en Goa, India, la semana pasada. Después de la presentación, los autores se reunieron con Knowledge@Wharton para explicar sus conceptos y cómo se pueden usar para luchar contra la pobreza en el mundo.
A continuación, una versión editada de la entrevista.

Knowledge@Wharton: ¿Cómo se sienten por el premio recibido?

Esther Duflo: Estamos muy contentos, pero también sorprendidos. No entendemos cómo nuestro libro puede ser considerado un libro de negocios si su objetivo es descubrir medios y pensar propuestas que acaben con la pobreza en el mundo. Pero nos sentimos satisfechos al saber que algunas empresas y gente del área de negocios se interesan por nuestro trabajo.

Knowledge@Wharton: En su opinión, ¿cuál es la mejor manera de enfrentarse a la pobreza?

Abhijit Banerjee: La principal tesis de nuestro libro es que no hay una respuesta única, que la tesis en sí está equivocada. No existe una acción única que sea capaz de resolver el problema de la pobreza. Existen, tal vez, algunos cientos de medidas que se pueden adoptar, cada una de las cuáles tendrá un efecto, con tal de que tomemos las medidas correctas. No hay evidencias de que una medida sea más importante que otra. Creo que las recetas universales en el caso de la pobreza son ilusorias. Se trata de una ilusión conveniente, porque nos lleva a creer que podrá resolver el problema con una sola medida. Sin embargo, los datos no respaldan ese tipo de raciocinio.

Knowledge@Wharton: ¿Pero seguro que en medio de los centenares de medidas debe haber algunas cruciales que salen a relucir cuando se trata de la eliminación de la pobreza?

Duflo: Sí, algunas son fundamentales. No digo que sean las más importantes, pero por lo que sabemos hasta el momento, son muy eficaces. Pero eso no significa que en el futuro no haya otras medidas aún más eficaces.

El conocimiento de que disponemos actualmente muestra que hay una zona de sombras donde no sabemos muy bien cómo trabajar. Pero hay cosas que sabemos y que funcionan en sectores diversos. Educar a los niños, por ejemplo, es una de ellas, proporcionar educación de calidad desde una edad temprana. La gestión del sector de salud también tendría un impacto social y político positivo sobre las poblaciones pobres. En ese caso serían necesarias medidas como el mejor acceso a la salud, así como descubrir medios de incluir hierro, vitaminas etc. en los alimentos consumidos por los pobres, cuyos resultados serán positivos desde el punto de vista médico. Proporcionar a las poblaciones muy pobres un activo, una vaca, por ejemplo, y después ayudarlas a cuidar de él también funciona. Esas cosas, en nuestra opinión, son algunas de las medidas eficaces que se deben adoptar si queremos acabar con la pobreza.

Knowledge@Wharton: En su presentación en la conferencia de Goa, ustedes enfatizaron la calidad de la educación, del currículo, etc. En el caso de los pobres, en que la educación de los niños suele ser visto como el único pasaporte para escapar de la pobreza, ¿es importante la calidad de la educación?

Banerjee: Sí, sin duda alguna. Si no se aprende a leer, o si no se adquieren conocimientos básicos de matemáticas, cuando llegan a los 13 ó 14 años —y son numerosos los estudiantes con ese tipo de deficiencia— todo el esfuerzo hecho habrá sido en vano. Es un crimen que los niños estén sujetos a ese tipo de educación. Nadie conversa con ellos, la clase entera sigue adelante y nadie entiende nada. No hay nada peor que eso. No creo que estemos dando a los niños una oportunidad decente de aprender.

Duflo: Aunque no sea correcto decir que no ir a la escuela es mejor que ir a una escuela mala, el hecho es que una educación marcada por la ignorancia y por la irrelevancia es una verdadera tortura.

Knowledge@Wharton: ¿Cómo definen la pobreza?

Banerjee: No existe una única manera de definir la pobreza que satisfaga a todos. La definición de pobreza es arbitraria. Cuando se da la definición, hay que decidir lo que se pretende abarcar con ella. Si estuvieras intentando incluir a un grupo de personas tan desesperadas que necesitan ayuda inmediata, eso una cosa. Si quisieras dejar claro qué tipo de patrón de vida es inaceptable, y lo que el país necesita para, de alguna manera, resolver el problema, la situación es diferente. No existe definición que sea independiente de la pregunta planteada. Si la pregunta, desde el punto de vista de la gestión de políticas, es: "¿De qué manera debo lidiar con la ayuda de emergencia?", la definición seguirá por la misma línea. Sería muy diferente, por ejemplo, si se decidiera establecer un objetivo para los próximos 15 años. Nuestra línea de pobreza para los desesperadamente pobres tendría que ser muy inferior a nuestro objetivo de proporcionar a todos por lo menos "X" después de 15 años. Todo depende de la cuestión política que estemos intentando responder.

Duflo: En general, hay muchos pobres, por lo tanto ellos constituyen un mercado. Existen algunas formas de empresas sociales que lo han hecho bien en ese aspecto, y están ahí para que todos las podamos ver. Mucha gente inspirada en C. K. Prahalad dice que es posible ganar dinero ayudando a los pobres. Pero se necesita mucha cautela. No estoy diciendo que esas oportunidades no existan. A veces, es verdad que hay un mercado y que es posible explorarlo de manera creativa. Sin embargo, existen también muchas cosas que los pobres necesitan y que el mercado no puede darles. Es un gran error imaginar que los mercados serán capaces de hacerlo todo. Esa es una idea equivocada.

Knowledge@Wharton: La Comisión india de Planificación fijó la línea de pobreza en US$ 0,65 al día. Hay visiones diferentes sobre esto y sobre los parámetros que deben medir la pobreza. ¿Cómo se posicionan respecto a eso?

Banerjee: No vamos a usar la conversión a dólares. Es un artificio que confunde; por lo tanto, digamos que ese valor es de 32 rupias y seamos muy claros acerca de lo que eso significa. El problema de esa conversión es que no toma en cuenta las diferencias de precios. La conversión más reciente de dólares a rupias que permite observar las diferencias de precios es de cerca de 19 rupias por un dólar. Esa es la conversión correcta, y no 48 ó 49 rupias por dólar [según la tasa de cambio actual]. Esa es la relación que el Banco Mundial usa en sus estimaciones de PPP [Paridad del Poder de Compra, según sus siglas en inglés]. Por lo tanto, según esa conversión, 32 rupias equivalen a US$ 1,70. Ese es el valor correcto, y no US$ 0,65 al día. Respecto a las cuestiones sobre la pobreza, la tasa de cambio del dólar no es importante. La tarifa del autobús aquí cuesta 3 rupias. En EEUU, costaría US$ 2. Es preciso tener en cuenta el hecho de que las cosas son más baratas en India que en EEUU. De lo contrario, el número que se obtiene estará totalmente distorsionado.

Duflo: No estamos muy interesados en medir la pobreza. Otras personas lo hacen. Gente del Banco Mundial, por ejemplo. Ellos se dedican con esmero a la medición de los niveles de pobreza. India tiene una larga tradición de excelencia en esa área. A fin de cuentas, lo que importa no es tanto medir la pobreza, sino intentar comprender qué hacer con ella. En cierto sentido, se trata de un debate democrático en que todo el mundo debería participar.

Knowledge@Wharton: Usted dice que los pobres son clientes más exigentes que los ricos porque tienen que hacer que lo poco que tienen dure bastante tiempo. Pero, ¿Gobierno, trabajadores del área de ayuda a los necesitados, empresas, etc. hacen algún esfuerzo para que se pueda elegir?

Banerjee: Buena pregunta. Creo que buena parte de la política de ayuda y, en general, de la política social, ignora el libre albedrío del pobre. Se les considera personas desesperadas, es decir, basta con darles alguna cosa para que la acepten de forma inmediata. Los pobres, por su parte, están intentando llevar una vida digna dentro de las restricciones que les son impuestas. Si les dijera que coman un cierto tipo de alimento todos los días porque es más saludable —por ejemplo, garbanzos a diario— ellos evitarán hacerlo. Por lo tanto, es preciso investigar sus realidades y ver de qué manera quieren vivir la vida. Les decimos que hiervan el agua durante 20 minutos, pero no tomamos en cuenta la realidad de la vida que llevan. Veinte minutos es mucho tiempo para una mujer que tiene que hacer muchas tareas en la casa. Hay que descubrir cuáles son sus prioridades. Les decimos que hagan lo que pedimos y no entendemos por qué no lo hacen. Ellos no lo hacen porque no hemos sido capaces de comprender muy bien el tipo de vida que llevan. Es preciso darles a escoger y entender por qué hicieron ésta o aquella elección. Si quisiéramos hacer algo por ellos, tenemos que lograr que nuestra petición sea atractiva. Los pobres no son máquinas.

Knowledge@Wharton: ¿Es el problema de la pobreza mundial demasiado grande para que se pueda entender y hacerle frente?

Duflo: Tenemos que dividir ese "problema" en partes pequeñas, con las que podamos lidiar de forma individual. Para algunas personas, se trata de un único problema cuya solución también debe ser única. Ese tipo de enfoque hace que las personas se sientan deprimidas frente a la magnitud del obstáculo. Lo correcto es decir que no se trata de un problema gigantesco, sino de una serie de problemas que necesitan resolverse de varias maneras. De esa manera, habrá victorias y avances progresivos en la lucha contra el fin de la pobreza.

Knowledge@Wharton: Han dicho que los tres villanos de toda campaña para erradicar la pobreza son la ideología, la ignorancia y la inercia, y quienes representan estos tres problemas son el especialista, el trabajador del área de ayuda y el gestor de políticas locales. En el interior de India, las principales dificultades están causadas por el Gobierno y por el trabajador del área de ayuda. ¿Y en los otros países?

Duflo: En general, India recibe poca ayuda, por lo tanto no podemos culpar a los trabajadores del sector. El volumen de ayuda que llega es muy pequeño, y la mayor parte del dinero que se dedica a combatir la pobreza lo gasta el Gobierno. Por lo tanto, no son muchos los profesionales del área de ayuda en India. Pero hay muchas ONGS [organizaciones no gubernamentales] en India que hacen un trabajo excelente. Existe una diferencia muy grande entre los lugares donde se están formulando las políticas como, por ejemplo, Nueva Delhi, y la población del campo. Los campesinos hacen un buen trabajo, y tienen una percepción mucho más clara de lo que pasa en el campo. Su conocimiento, sin embargo, no siempre se aprovecha. Hay países —en África, por ejemplo— que reciben un gran volumen de ayuda, pero que se enfrentan básicamente a los mismos problemas.

Knowledge@Wharton: ¿Reciben suficiente cantidad de dinero las campañas para combatir la pobreza? ¿Existe financiación adecuada para proyectos como el suyo?

Banerjee: No. Sería preciso mucho más. Pero, incluso tomándose en cuenta lo que se está gastando, es poco el volumen que se destina a la financiación de programas innovadores y que se pueden probar, identificar de forma cuidadosa y ponerse en práctica. Un gran volumen de dinero y de recursos del Gobierno son gastos en programas que no han sido probados. En vez de gastar el dinero recibido con criterio, gran parte de él se gasta en programas equivocados. Es poco el dinero destinado a los programas para combatir la pobreza que consideramos importantes.

Knowledge@Wharton: ¿Qué ha hecho hasta ahora su Laboratorio de Acción contra la Pobreza (también conocido como Abdul Latif Jamil Poverty Action Laboratory o J-PAL)?

Banerjee: En 2003, fundamos el Laboratorio de Acción contra la Pobreza con el objetivo de incentivar y de financiar investigaciones sobre una nueva manera de hacer economía según lo que llamamos pruebas aleatorias de control. Eso proporciona a los nuevos investigadores, trabajando con socios locales, la oportunidad de poner en práctica experiencias a gran escala que les permiten probar sus teorías. En 2010, los investigadores de J-PAL habían concluido o estaban involucrados en 240 pruebas en 40 países. Diversas organizaciones, investigadores y gestores de políticas abrazaron la idea de las pruebas aleatorias. Muchos acabaron por compartir nuestra premisa básica: es posible lograr avances significativos en sectores con grandes problemas en todo el mundo a través de una serie de pequeñas medidas, cada una de ellas muy bien formuladas, probadas de forma cuidadosa y puestas en práctica con criterio.

Knowledge@Wharton: ¿Cómo creen que el movimiento de protesta "Ocupa", que se inició en Wall Street y se esparció por todo el mundo, afectará al debate actual en torno a la pobreza mundial?

Duflo: Actualmente, la protesta "Ocupa Wall Street" es una respuesta muy objetiva a las cuestiones domésticas de EEUU, a las crecientes desigualdades del país en los últimos diez a 15 años, a la inercia y a la respuesta inadecuada a la crisis económica en EEUU. La pobreza en el mundo no está entre las prioridades del movimiento en este momento. Por lo tanto, realmente no sé si esa protesta tendrá algún impacto sobre la resolución de los problemas relacionados con la pobreza en el ámbito global.

Banerjee: Existe una preocupación generalizada de que el movimiento tenga como resultado una reacción populista e irresponsable en la gestión de las políticas de Occidente, lo que podría llevar a posturas anticomercio, etc. Las protestas podrían transformarse en una especie de Tea Party, lo que sería algo malo. En este momento, sin embargo, se trata sólo de personas reaccionando al problema principal de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). En algunos de esos países, la desigualdad es cada vez mayor, y la respuesta oficial a esta situación es poco sustancial.

Knowledge@Wharton: Estudios recientes muestran que la pobreza ha aumentado de forma drástica en EEUU a lo largo de la última década debido, en parte, a la crisis económica. En un mundo de persistente incertidumbre financiera global, ¿a qué desafíos tenemos que hacer frente para combatir la pobreza en el mundo?

Banerjee: La desaceleración del crecimiento en Occidente es un problema inmenso para los países en desarrollo como India, Bangladesh y Pakistán, que dependen de las exportaciones a esos mercados. Todos tendrán que enfrentarse a limitaciones a causa de eso. Es evidente también que se ha dado una cierta atención a la creatividad ahora dirigida al descubrimiento del equilibrio en el ámbito de las economías occidentales. A fin de cuentas, necesitamos profesionales de todo el mundo que piensen en medios para erradicar la pobreza.

Duflo: Las crisis, al final, acaban afectando la vida de los más pobres. El impacto inmediato de la crisis financiera mundial no ha sido tan fuerte para los muy pobres como para las clases medias de los países ricos. Lo que más preocupa es la incapacidad de salir de la crisis demostrada en los últimos años. Eso acabará generando otros desafíos, sobre todo para las poblaciones del mundo en desarrollo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Programas contra la pobreza en América Latina: Cómo hacer mucho con poco

Por Wharton

Durante su exitosa campaña a la presidencia de Brasil el año pasado, Dilma Rousseff prometió sacar a 16 millones de brasileños de la pobreza durante su mandato. Ese número se sumaría a los 36 millones de pobres del país que migraron a la clase media en el transcurso de la década pasada bajo los gobiernos de los predecesores de Dilma, Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva. Según la presidenta, Bolsa Familia, el programa nacional para combatir la pobreza, es y continuará siendo el medio utilizado para ese fin.

"No podemos olvidar que la crisis más permanente, desafiante y angustiosa que tenemos en Brasil es la pobreza crónica", dijo Dilma durante un evento el 2 de junio en Brasilia, ocasión en que anunció un programa complementario denominado "Brasil sin Miseria". La iniciativa de bienestar estará dirigida a los pequeños agricultores y a los que se encuentran en situación de extrema pobreza, incluyendo los buscadores de basura. Actualmente, 12 millones de familias brasileñas —cerca de 52 millones de personas, o un cuarto de la población— recibe bonificaciones financieras mensuales de Bolsa Familia, el mayor programa de "transferencia condicionada de renta" (TCR) del continente.

La buena nueva del TCR está esparciéndose. La Bolsa Familia es uno de los 19 programas para combatir la pobreza en vigor en América Latina y el Caribe. Brasil tiene el mayor número de ellos seguido de México, con 23,2 millones de participantes, y Colombia, con 10,4 millones. Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (ECLAC), los programas de TCR benefician a 13 millones de personas, o un 19% de la población de la región.

Concesión de bonificación

Los pagos hechos son "condicionados", ya que las familias pobres reciben un pago en dinero al mes, en general de US$ 50 a US$ 100, solo si mandan a los hijos a la escuela para que asistan a un número mínimo de clases al día y comparecen de forma regular en las clínicas de salud para revisiones y vacunaciones. Los padres también deben asistir a clases de higiene y de salud básica, además de recibir incentivos para que continúen estudiando. El dinero pagado no parece mucho en el contexto de un país desarrollado, pero para un 45% de las familias colombianas, por ejemplo, recibir US$ 250 al mes, o menos, es una cantidad importante.

Entre los principales defensores de los programas están el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que dan a los programas de TCR soporte técnico y financiero. Esas instituciones dicen haber reducido la pobreza, estrechado las desigualdades de renta y mejorado el nivel de vida de los pobres del hemisferio. Ferdinando Regalia, economista del BID de Washington, observa que respecto a la lucha contra la pobreza en la región, los programas de TCR constituyen "la innovación más importante en el segmento de programas y de asistencia social en América Latina en los últimos 15 años". Regalia, sin embargo, es uno de los especialistas para quienes es demasiado pronto para saber si el objetivo de largo plazo del programa, que consiste en elevar la competitividad global del capital humano de la región, tendrá éxito. Uno de los motivos es que el sistema de enseñanza en muchas partes de América Latina continúa estando atrasado respecto al de otros mercados emergentes. Además, la prosperidad económica actual de América Latina está más asociada a sus recursos naturales que a los recursos humanos, y su prosperidad en las próximas décadas dependerá del desarrollo de una fuerza de trabajo más competitiva e innovadora, lo que exigirá un sistema de enseñanza primaria y secundaria de mejor calidad, observan los especialistas.

Pero Simone Cecchini, economista de la ECLAC en Santiago, Chile, dice que estudios sobre los programas que están siendo aplicados desde hace diez años o más, como el pionero Oportunidades, en México, muestran que los beneficios sociales derivados de los sistemas adoptados son sustanciales, principalmente en lo que concierne a la promoción del acceso de las poblaciones pobres a la educación y a los servicios médicos.

Informe de progresos

Investigaciones hechas en México y publicadas el año pasado por un equipo de profesores, entre ellos Jere R. Behrman y Petra Y. Todd, profesores de economía e investigadores asociados del Centro de Estudios Poblacionales de la Universidad de Pensilvania, destacaron el éxito y los desafíos de Oportunidades. El análisis hecho se concentró en torno a 15.000 niñas y niños que vivían en las ciudades mexicanas y tenían entre seis y 20 años en 2002. Lanzado en el interior de México en 1997 y sólo cinco años después en las ciudades, una de las deficiencias de Oportunidades era que cerca de un tercio de las familias urbanas que no participaban en el programa, pero que cumplían con el perfil para hacerlo, dijeron a los investigadores que no sabían acerca de su existencia; otras dijeron que era difícil encontrar tiempo para ir hasta la oficina del programa para inscribirse. La investigación constató también "un impacto negativo importante desde el punto de vista estadístico" del programa sobre el porcentaje de niños cuyos padres les ayudaban con la tarea escolar y ningún impacto "perceptible" del programa sobre las ganancias medias de los niños que trabajaban en pago de salario.

Pero la investigación mostró también el impacto muy positivo del programa en el rendimiento escolar de niños y niñas, en la matriculación en una escuela, en el número de niños que trabajaban y el tiempo que le dedican a las tareas. El programa parece haber ayudado especialmente a los niños entre 14 y 16 años, que tuvieron una gran reducción del tiempo que gastaban con las tareas de la escuela en vez de trabajar. Esos descubrimientos son semejantes a aquellos hechos en otras partes de América Latina. Entre los avances acreditados de los programas de TCR se puede mencionar el aumento del 11% en la asistencia a la escuela en el nordeste de Brasil. En Colombia, la desnutrición entre los niños de seis años o menos en algunas áreas rurales cayó un 9%, mientras que la duración media de la lactancia materna pasó de 12 a 15 meses en las áreas rurales, lo que es un factor de salud positivo, resalta Cecchini.

Regalia, del BID, añade que el número total de años de la enseñanza primaria completado por los niños cuyos padres participan en los programas creció dos dígitos en términos porcentuales en países como Nicaragua, lo que es una señal alentadora en una región en que el patrón de enseñanza enfocada a los jóvenes está atrasado en diversos aspectos respecto al resto del mundo.

Helena Ribe, economista del Banco mundial que supervisa la participación de la institución en los programas de TCR en América Latina, dice que ayudan a redistribuir equitativamente la renta en una región donde están 14 de los 15 países cuya distribución de renta es más desigual en el mundo. Con esto, ha habido un estrechamiento entre los extremos en Brasil y en otros países según la medición hecha por el coeficiente de Gini, parámetro que se suele usar para cotejar el grado de desigualdad en la distribución de renta, dice ella. "El objetivo de esos programas consiste en disminuir la pobreza a corto plazo y mejorar el capital humano a largo plazo", dice Ribe. "Las bajas tasas de pobreza en países como Brasil y México, y el hecho de que haya menos desnutrición y trabajo infantil en Colombia, reflejan el avance hecho en el cumplimiento de esos dos objetivos".

En Tunja, Colombia, una ciudad conservadora de los Andes de 300.000 habitantes, Humberto Araque, director de los programas sociales locales, dice que el programa nacional Familias en Acción ha tenido resultados muy positivos para las 4.600 familias pobres participantes. Los casos de sarampión, por ejemplo, hoy son "prácticamente nulos" en comparación con 100 casos en 2007, porque el programa exige que los padres vacunen a los hijos. El programa tuvo, además, consecuencias positivas no previstas. "Las denuncias sobre violencia familiar aumentaron, no porque haya más agresiones, sino porque las mujeres ahora son más asertivas respecto a sus derechos", dice Araque, que achaca este comportamiento a las clases de capacitación a las que asisten.

Él dice que el programa aumentó también la concienciación política de las mujeres pobres. Hace cinco años, no había mujeres en los 70 consejos de barrio de Tunja. Ahora, hay 15 consejeras, muchas de ellas líderes de grupos de Familias en Acción.

Luz Dary López es una de esas mujeres. Después de frecuentar las clases de igualdad de derechos en el curso de educación para adultos del programa, esa madre de tres hijos dejó a su marido machista que la agredía físicamente y se hizo peluquera, conquistando con eso no sólo su independencia económica, sino también su amor propio. "Muchos hombres de la ciudad creían que las mujeres sólo servían para tener hijos y cuidar de la casa", dice. "Aprendemos que no hay necesidad de aceptar esos límites".

Hoy en día, gana US$ 100 al mes, con tal de que sus hijos —de siete, 11 y 18 años— asistan a un 80% de las clases del periodo lectivo. En el programa de Colombia, todos los niños de siete años o menos se hacen una revisión médica cuatro veces al año. En esas visitas al médico se les vacuna, se hace un seguimiento de peso, examen de vista y de infección bacteriana. Los adolescentes tienen clases de planificación familiar. Además, los padres deben asistir a las clases de dieta alimentaria y de higiene. Hay también presión de los propios participantes, que se reúnen de forma regular para pasar revista a los informes mensuales que señalan qué familias del barrio están siguiendo los requisitos del programa y cuáles no.

Familias en Acción puede haber salvado la vida de Paula Parra, de dos años. Su madre, Viviana, una empleada como asistenta muy pobre, no sabía que Paula estaba gravemente desnutrida. Pero el verano pasado, llevó a su hija para que la hicieran un examen médico y presentarse a la ayuda financiera mensual del programa. Los médicos pusieron a la niña junto con otros 24 niños en un centro de recuperación montado por el gobierno para combatir la desnutrición, un problema persistente en la región. El director del centro dice que el desarrollo de Paula tal vez ya se haya visto comprometido a causa de la desnutrición.

La buena alimentación es el objetivo primordial de los programas de TCR debido a su correlación con el desarrollo cognitivo del niño, un pilar fundamental del futuro capital humano de la región. "Antes del programa, todo lo que sabíamos era llenar a nuestros hijos con arroz y patata. Ahora sabemos cómo alimentarlos", dice Olga Benavides, madre de dos hijos.

¿Cuánto tiempo duran los programas?

Ana Hamon, administradora de Familias en Acción y responsable del programa en Tunja, dice que su mayor preocupación es que el programa esté siendo víctima de su propio éxito, haciendo que los pobres exijan más medicamentos y programas educativos de los que el gobierno está en condiciones de costear. "La demanda de servicios aumentó, pero las instituciones no están listas para atenderla", dice Hamon. En Boyaca, su estado natal, la inscripción de familias en el programa Familias en Acción explotó: pasó de 6.000 familias, en 2001, a 80.000 en 2009. Sin embargo, como la posibilidad de financiación del Gobierno es limitada, el programa no acepta nuevos inscritos desde 2009. Una de las razones es que el país no tiene un presupuesto que permita ampliar el número de escuelas. "Mucha gente que le gustaría participar en el programa, desafortunadamente, no puede", dice ella.

Regalia, del BID, dice que la preocupación de Hamon no es rara, ya que muchos gobiernos no están consiguiendo —por razones políticas o económicas— ampliar los servicios de salud y de educación. Eso es desalentador, dice, ya que los pobres ahora comprenden mucho mejor sus derechos gracias a esos programas sociales. "Los programas nacieron con la idea de elevar la nueva generación a un nivel mejor, enriqueciendo el capital humano de los jóvenes", dice Regalia. "La idea era que con mejor salud, educación y nutrición, fuera posible romper el ciclo de la pobreza y preparar esos niños para un futuro mejor".

Otros economistas temen por la sostenibilidad de los programas. Ellos son relativamente baratos de gestionar si se comparan, por ejemplo, con los programas sociales como pensiones y seguridad social. Cuestan US$ 12.000 millones para toda la región, o menos de la mitad del 1% de los 2.800 billones de dólares que las economías de América Latina y del Caribe generan. Pero Francisco Thourni, economista colombiano y profesor jubilado de la Universidad de Tejas, teme que los programas puedan ser interrumpidos si la región, que hoy disfruta de un boom económico impulsado por la exportación de materias primas, entra en crisis.

Al mismo tiempo, algunos analistas admiten que la exigencia de "condicionalidad" está siendo aplicada de manera desigual en algunos países. Estudios muestran que los avances en educación y salud cayeron de forma drástica en países como Ecuador y Honduras porque la obligatoriedad de frecuentar la escuela, por ejemplo, es menos rigurosa que en Brasil y en Colombia. Los administradores temen también que en algunos países la ayuda financiera haya superado más del 30% de la renta mensual de las familias, lo que puede convertirla en un elemento desincentivador.

Otra preocupación de los expertos está relacionada con lo que llaman de "clientelismo", es decir, programas vulnerables a la corrupción política en que las autoridades recompensan a los pobres que los apoyan negociando su inscripción en el programa a cambio de votos. Preocupaciones de ese tipo se observaron en países como Colombia, donde hay largas colas de espera de candidatos a Familias en Acción.

Aunque México y Brasil presenten los mejores historiales de ampliación de la oferta de servicios, otros países no han alcanzado el mismo éxito. En consecuencia, el objetivo de largo plazo del TCR es incierto. Para Regalia, éste consiste en la mejora del capital humano según la medición de pruebas educativas estandarizadas, un área en que los latinoamericanos siempre pierden respecto al Sudeste Asiático. "Esos programas funcionan muy bien para redistribuir renta, pero la prueba verdadera consiste en saber si los niños de esas familias serán capaces de entrar en el mercado de trabajo si necesitan recurrir a programas de ese tipo", dice Regalia. "No es ese el resultado esperado".